Mi vida era tan normal y monótona hasta que conocí a un chico un año menor que yo, Alberto, él me hizo sentir segura y bonita.
Un día tuve un accidente y desperté en el cuerpo de una chica sumamente atractiva.
Mi alma estará en ese cuerpo durante 30 días. Tiempo suficiente para jugar con los chicos que se creen inalcanzable, entre ellos, Robin Clay.
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Cap.06
CAMILA
Llegué a mi casa y mi madre notó que traía el cabello arreglado, era una novedad en mi casa.
—¿De dónde sacaste para hacerte eso en el cabello?
— Fue un regalo de una amiga.
—¿Amiga? No sabía que tenías amiga.
— Mamá con que no traiga amigas a la casa no significa que no las tengo. Que sea callada no significa nada. Igual tengo una vida social.
— ¿Segura? Esta bien. Aver cuando traes novio.
— Mmm eso es caso aparte. No me interesa nadie por los momentos. No quiero novios.
— Ya me estás preocupando. Todos los chicos y las chicas a tu edad y desde más antes ya tienen o han tenido novio. Acaso no te gustan los chicos.
— Sea chico o chica lo que me guste, gustase o llegase a gustar, no debería de sentirme avergonzada ni tú ni nadie de mi familia. Al final es una elección mía. Pero siéntete tranquila, soy heterosexual.
Un poco molesta con mi mamá me fui a mi habitación. Me tiré en la cama y sin poder evitar en mis pensamientos estaba Robin y Alberto.
La verdad si me sentía confundida, eso no importaba o si quería a los dos, tampoco importaba porque no me sentía lo suficiente para Robin o Alberto, es que si veía lo que la sociedad quería ver, yo no aplicaba para ellos. Según su belleza y siguiendo los estereotipos que la sociedad asignaba, yo estaba por debajo.
Me puse de pie. Caminé hacia el espejo de mi cuarto. Estaba al frente, me veía, la verdad a veces con unos mínimos de arreglo uno cambia. ¿qué veía o que quería ver? Veo una Camila bonita.
Decidida a realizar un cambio en mi, aunque mínimo, dado que mis condiciones económicas no daba para más. Ya con el regalo de Alberto en el cabello era más que suficiente.
Fui donde mi hermana.
— Ana, ¿me puedes prestar tu maquillaje?
— Me estás diciendo que te vas a maquillar. ¿Estas bien?
— Y ve que te arreglaste el cabello. ¿Tienes novio?
— No tengo. Solo que creo que debo mejorar un poco mi aspecto.
Mi hermana me prestó su cartuchera con su maquillaje, no eran de marcas pero ella siempre caminaba linda.
Me alistaba para ir a la universidad pero el maquillaje me quedaba horrible. Nunca antes me había puesto maquillaje.
— ¿Puedo entrar Camila?
— Si. Claro, puedes entrar— le dije a Ana.
— Me supuse que no podrías. Así que vine a ayudarte.
— Solo un poco.
Después de un rato. Mi hermana me dejó muy bonita.
— Ahora el detalle es mi panza.
— Haz dieta.
Me puse ropa holgada como de costumbre. Y llegué a la parada. Me sentía incomoda, sentía la mirada de todos.
Llegué a la universidad. Me dirigí a mi aula. Robin no paraba de verme igual que mis compañeros. Recibí muchos
halagos. Ahora el problema no era mi cara o mi cabello. Era mi cuerpo.
Al terminar mi jornada de clase. Robin por iniciativa propia me habló.
— Te ves bonita.
— Gracias Robin— le decía al punto que mis mejillas explotaban de caliente y era evidente que estaba sonrojada.
— ¿Quieres que vayamos a algún lugar?
— ¿Qué?
— No lo mal intérpretes. Digo un lugar para salir a comer algo.
Me quedé congelada. Robin jamás en sus cinco sentido me hubiese invitado a salir. Nunca lo hizo cuando caminaba sin arreglarme. No podia perder de vista que era un mujeriego pero estaba feliz que él se fijará aunque sea un poco en mi.
— Está bien.
— Vamos entonces a mi auto y vemos nos paramos para comer .
Iba muy nerviosa. Robin iba al frente y yo por detrás. Sentí que alguien tomó mi mano.
— ¿Camila?
Volteo a ver y era Alberto.
— Hola. No te reconocía. Te pusiste un poco de maquillaje. Te ves preciosa— puso una cara muy tierna.
— Hola. Voy apurada. En otro momento hablamos.
Robin estaba en la entrada de la universidad viéndome fijamente.
— Me voy. Nos vemos.
Alberto no soltó mi mano.
— No me digas que vas con Robin.
— Si pero no lo mal intérpretes. Es cuestión de trabajo.
Alberto soltó mi mano.
Yo seguí caminando hacia Robin. Me sentía mal por Alberto y sentía que lo había usado. Por qué fue él quien pagó en el salón. Y ahora voy con Robin.
Ahora sí estoy en el dilema de la confusión.
Llegamos al parqueo, subí al auto de Robin. El auto se puso en marcha.
—¿Ese muchacho es tu novio?
— No— contesté de inmediato.
Él sonrió.
— Estamos bien. Pensé que era tu novio.
— Y la chica de la biblioteca.
— Ahm ella es mi amiga.
— Te puedo preguntar algo.
— Si dime.
— ¿Por qué antes no me hablabas, a menos que fuese por trabajo? Y hasta me dijiste que yo no te gusto y ahora me invitas a salir.
Lo voltee a ver a su cara, no me quería perder sus gestos.
— Te ves muy bien. Me gusta como te ves.
— Entonces a ti solo te importa la apariencia. Si hoy hubiese venido igual que todos los días no me hubieses invitado ni hablado.
— No pienses demasiado. Solo disfruta la salida.
Detuvo el auto. Robin tomó mi mano. Se acercó y me besó la mejilla. Entre abrí los ojos los más grande que pude. No podía creer que el Robin que me gustó por mucho tiempo hoy me daba un beso. Mis latidos de mi corazón estaba a mil por hora.
— Me gustas. Salgamos.
— Ya estamos saliendo, no. Vamos a ir a comer.
— No es ese sentido. Sé mi novia.
— ¿Estas delirando?
— No. Yo sé te gusto. He notado todas tus miradas durante estos años. Asi que intentemos a ver que resulta.
— No soy una prueba. Ni estoy en prueba. Lo voy a pensar.
Robin se acercó queriendo besarme pero no sé porque mi instinto hizo que mirara hacia otro lado.
— Tal ves mañana me das una respuesta.
— Okey. Sabes me puedes dejar cerca de la avenida 90, creo que deberíamos dejar la comida para otro día.
— Está bien— Me tomó la mano y la besó.
Me sentía tan extraña con tanto cariño de él. Y estando con él mis pensamientos estaban con Alberto.
Me dejó en la avenida 90.
— Gracias por todo Robin. Nos vemos mañana.
— Nos vemos preciosa.
No podía creer que me diga preciosa.