Ella reencarna el personaje de una novela que leyó y decide cambiar su destino haciendo un pacto con él temible duque..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Pequeñas Marcas
El baño estaba envuelto en vapor.
El agua caliente caía suavemente, recorriendo la piel de Gia mientras ella permanecía en silencio, apoyando una mano contra la pared de mármol.
Por primera vez desde que había llegado a ese mundo…
Estaba completamente sola.
[…bien…]
Bajó la mirada.
Y entonces lo notó.
Pequeñas marcas en su piel.
Algunas más visibles que otras.
Se quedó quieta un segundo.
Observándolas.
Y luego…
Una sonrisa lenta, pícara, apareció en sus labios.
[…valió totalmente la pena…]
Cerró los ojos un instante.
Y, sin querer…
Recordó.
Fragmentos.
Sensaciones.
Cercanía.
La forma en que él había pasado de la tensión al control… y luego a algo más difícil de nombrar.
[…vaya… duque…]
Su sonrisa se amplió un poco más.
No había vergüenza.
No había arrepentimiento.
Solo… satisfacción.
Porque lo entendía perfectamente.
No había amor ahí.
Ni de su parte… ni de la de él.
Había sido algo físico.
Intenso.
Impulsivo.
Pero… suficiente.
[…y está bien…]
Abrió los ojos.
Relajada.
Aceptándolo tal como era.
No necesitaba más.
Al menos… por ahora.
Pero entonces..
Su expresión cambió apenas.
Un recuerdo volvió.
Más claro.
Más importante.
[…espera…]
La novela.
Lo que venía después.
Frunció ligeramente el ceño.
[…hoy…]
Sí.
Recordaba perfectamente.
El día después de la boda…
Lord Dacre.
Su padre.
Vendría.
Y no por cariño.
No por interés genuino.
Sino por negocios.
[…qué sorpresa…]
Rodó los ojos suavemente.
Recordaba bien la escena.
En la historia original…
Gia.. la verdadera.. tenía miedo.
Mucho miedo del duque.
Tanto que no se atrevió a pedirle nada.
Y eso…
Provocó algo peor.
El descontento de los Dacre.
El inicio de su desprecio abierto.
[…sí… claro… porque lo importante no era su vida… era el negocio…]
Gia soltó un pequeño suspiro.
Apagó el agua.
[…bueno… eso no va a pasar otra vez…]
Tomó una toalla.
Se secó con calma.
Su expresión ya no era solo relajada.
Era… decidida.
[…yo no soy ella…]
Se envolvió con elegancia.
[…y ese viejo…]
Una pequeña sonrisa apareció.
Pero esta vez…
No era inocente.
[…va a tener que aprender modales…]
Porque esta vez…
La historia no iba a repetirse igual.
Cuando Gia salió del baño, el vapor aún seguía escapando detrás de ella.
Su cabello, ligeramente húmedo, caía suelto sobre sus hombros mientras las doncellas la recibían de inmediato para ayudarla a arreglarse.
Esta vez eligió algo más sencillo.
Elegante, sí.
Pero menos… ceremonial.
[…no puedo andar en modo novia dramática todo el día…]
Mientras la vestían, peinaban y acomodaban cada detalle, Gia se miraba al espejo con una sonrisa tranquila.
Por dentro, sin embargo…
Estaba organizando su día.
[…duque primero… luego problema Dacre…]
Desayunó con calma.
Sin apuro.
Como si nada pudiera alterarla.
Y luego…
Se dirigió directamente a la oficina.
Como si fuera su rutina diaria.
Mientras tanto, dentro de la oficina..
El duque estaba sentado.
Con documentos frente a él.
Pero no estaba trabajando.
Sus ojos se movían de vez en cuando hacia la puerta.
Sin darse cuenta.
[…no la estoy esperando…]
Se repitió.
Pero no era cierto.
Había algo…
Una ligera incomodidad.
Un recuerdo de la noche anterior.
De su propia reacción.
De haber perdido, aunque fuera por momentos, el control.
[…fui… demasiado…]
Frunció levemente el ceño.
No por arrepentimiento.
Pero sí…
Por algo cercano a la responsabilidad.
[…si está lastimada…]
No terminó el pensamiento.
Porque en ese momento..
La puerta se abrió.
Gia entró.
Como siempre.
Sin timidez.
Con esa presencia que llenaba el espacio sin esfuerzo.
El duque la miró.
Y, sin rodeos, habló:
—¿Llamo al mago?
Gia parpadeó.
Confundida.
[…¿qué…?]
—¿Para qué?
El duque tosió.
Levemente incómodo.
Desvió la mirada un segundo.
—Por si… no se siente bien físicamente.
El silencio se tensó un poco.
Gia lo entendió.
Y su sonrisa… apareció.
Lenta.
Pícara.
[…ah… eso…]
Se acercó un poco más.
Con total tranquilidad.
—Mmm… sí…
Se llevó una mano al brazo, como si evaluara.
—Sería buena idea.
El duque la miró otra vez.
Atento.
—Me duele un poco el cuerpo…
Y entonces..
Su sonrisa se amplió apenas.
—…así podré estar bien para esta noche.
Silencio.
Total.
El duque se quedó inmóvil.
Mirándola.
Procesando.
[…¿esta noche…?]
No respondió.
No pudo.
Porque claramente…
No esperaba esa respuesta.
Ni ese tono.
Ni esa intención.
Gia, en cambio, lo observó con total calma.
Satisfecha.
[…sí… te voy a descolocar cada vez…]
El duque abrió ligeramente la boca.
Pero no salió nada.
Y por primera vez en toda la conversación…
No tenía una respuesta preparada.
Solo una certeza.
Esa mujer…
No iba a darle descanso.
El duque tosió ligeramente, aún con ese aire incómodo que no terminaba de desaparecer.
—Enviaré a buscar a un mago.
Su voz volvió a ser firme, casi profesional, como si así pudiera recuperar el control del ambiente.
Gia asintió con una pequeña sonrisa y, sin decir más, se dirigió al sofá como si ya fuera suyo por derecho.
Se acomodó con naturalidad.
Tomó un libro.
Y comenzó a leer.
Pero esta vez…
No era lo mismo.
El cansancio empezó a pesar.
[…no dormí nada…]
Sus ojos se movían por las líneas… pero cada vez más lento.
La noche anterior.
La boda.
Todo lo que había pasado.
Y… él.
[…demasiado intenso para un solo día…]
Suspiró suavemente.
Intentó concentrarse.
Pasó una página.
Luego otra.
Pero el sueño…
Ganó.
Su cabeza se inclinó apenas.
Sus párpados cedieron.
Y, sin darse cuenta…
Se quedó dormida.
El libro aún entre sus manos.
En el escritorio..
El duque la observó.
Se dio cuenta casi de inmediato.
[…se durmió…]
Su mirada se suavizó apenas.
Muy poco.
Casi imperceptible.
Sus ojos recorrieron su figura acomodada en el sofá, el cabello cayendo suavemente, el libro apoyado sin cuidado.
[…debería cubrirla…]
La idea apareció.
Natural.
Pero no se movió.
Se quedó quieto.
Como si cruzar esa pequeña distancia fuera… demasiado.
[…no es necesario…]
Volvió la vista a sus papeles.
Pero no leyó.
No realmente.
Porque su atención… seguía ahí.
En ella.
Y entonces..
El sonido en la puerta rompió el silencio.
Gia se despertó de inmediato.
Sus ojos se abrieron.
Rápido.
Confundidos por un segundo.
[…¡no!…]
Se incorporó de golpe.
Se acomodó el libro.
Enderezó la postura.
Y fingió.
Como si nunca hubiera estado dormida.
[…aquí nadie vio nada…]
—Adelante.
La puerta se abrió.
Un guardia entró.
Se inclinó respetuosamente.
—Mi señor, mi lady… Lord Dacre está de visita. Solicita verlos.
El nombre cayó como una piedra.
Gia se quedó quieta.
Pero por dentro…
[…ya llegó…]
Sabía exactamente a qué venía.
No era sorpresa.
Era… el siguiente problema.
Cerró el libro lentamente.
Se puso de pie.
Luego miró al duque.
—¿Me acompaña?
Su voz fue tranquila.
Pero sus ojos…
Pedían algo más.
Sabía perfectamente lo que significaba.
Si él estaba ahí…
Su padre no se atrevería.
No levantaría la voz.
No la presionaría.
Pero el duque respondió sin dudar..
—No.. Tengo trabajo.
Gia bajó ligeramente la mirada.
No dijo nada de inmediato.
Pero lo entendió.
[…claro…]
Y también entendió algo más.
[…sola otra vez…]
Porque sabía cómo sería.
Si iba sola…
Lord Dacre no sería amable.
No sería respetuoso.
No la vería como duquesa.
Sino como… herramienta.
Aun así..
No discutió.
No insistió.
Solo asintió levemente.
—Entiendo.
Pero el gesto…
La pequeña sombra en su expresión…
No pasó desapercibida.
El duque la vio.
Esa leve decepción.
Ese instante en el que su seguridad bajó.
Algo incómodo se movió en su pecho.
Pero no dijo nada.
No la detuvo.
No cambió de opinión.
Y Gia…
Se giró.
Con calma.
Con elegancia.
Y salió de la oficina.
Sola.
[…bien.. entonces lo haré a mi manera…]
La puerta se cerró tras ella.
Y el silencio volvió.
Pero esta vez…
Pesaba un poco más.
Es un gran peso que el.Duque llevará con toda la paciencia y amor del.mundo. 😋