En un mundo de poder y violencia, Luca vive sin sentir… hasta que Elena irrumpe en su vida. Entre traiciones y enemigos, el amor se vuelve su mayor debilidad… y su única salvación.
NovelToon tiene autorización de Adri pacheco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 24
El silencio en la habitación volvió.
Pero ya no era el mismo.
No era un silencio tranquilo.
Era uno pesado.
De esos que parecen tener peso propio, como si el aire se hubiera vuelto más denso después de cada palabra.
Luca seguía frente a Elena.
Inmóvil.
Con los hombros tensos.
Las manos levemente cerradas.
Pero su mente…
Ya no estaba ahí del todo.
Algo dentro de él se había roto otra vez, como si ese recuerdo hubiera abierto una herida que nunca terminó de cerrar.
—No fue en su casa —dijo de pronto.
Su voz salió más baja.
Más áspera.
Más oscura de lo habitual, como si cada palabra le costara control.
Elena no habló.
Solo lo miró.
Sin moverse.
Sin interrumpirlo.
Esperando, aunque no sabía qué.
—Fue peor.
Y entonces…
El recuerdo lo arrastró sin pedir permiso.
Como si su mente ya no pudiera seguir escapando de eso.
— Hace un año —
La ciudad seguía viva.
Demasiado viva.
Luces de autos cruzando avenidas.
Gente caminando sin saber nada.
Risas en la distancia.
Música saliendo de algún bar.
Todo seguía normal.
Y eso era lo peor.
Porque mientras el mundo seguía igual…
Algo dentro de Luca ya estaba empezando a romperse.
Él manejaba rápido.
Demasiado rápido.
Las manos firmes en el volante, pero la mandíbula apretada.
Molesto.
Inquieto.
Isabella no respondía sus llamadas.
Ni un mensaje.
Nada.
Y eso…
No era normal.
Isabella siempre respondía.
Siempre.
—Contestá… —murmuró él, con el teléfono en la mano mientras esperaba en un semáforo.
Nada.
Pantalla vacía.
Silencio digital.
Entonces llegó un mensaje.
Corto.
Confuso.
“Estoy en el estacionamiento. Tenemos que hablar.”
Eso fue suficiente.
No pensó.
No dudó.
Aceleró.
El auto cortó la ciudad como una línea de tensión pura.
Cada segundo se sentía más largo.
Más pesado.
Hasta que llegó.
El lugar estaba medio vacío.
Oscuro.
Con luces amarillentas parpadeando como si el lugar mismo estuviera fallando.
El motor se apagó de golpe.
Silencio.
Demasiado silencio.
Luca bajó del auto.
Cerró la puerta con fuerza.
El sonido rebotó entre las paredes del estacionamiento.
—Isabella —llamó.
Su voz no fue fuerte.
Fue firme.
Pero el eco fue lo único que respondió.
Caminó.
Rápido.
Entre los autos estacionados.
Mirando cada rincón.
Cada sombra.
Cada posible señal.
El corazón le golpeaba más fuerte con cada paso.
Y entonces…
La vio.
Junto a uno de los pilares.
En el suelo.
Su cuerpo inmóvil.
Demasiado inmóvil.
La sangre…
Extendiéndose bajo ella como una sombra viva.
Oscura contra el cemento.
Demasiado real.
Demasiado definitiva.
—No…
La palabra salió rota.
Como si no fuera su voz.
Corrió.
Se arrodilló.
La tomó entre sus brazos.
—Isabella… mirame… por favor…
Nada.
Su cabeza cayó sin fuerza.
Sus manos empezaron a temblar.
Primero leve.
Después incontrolable.
—No… no… no… no…
Era lo único que podía repetir.
Como si al repetirlo suficiente, la realidad pudiera cambiar.
Y entonces…
Escuchó pasos.
Rápidos.
Apresurados.
Giró de golpe.
Y ahí…
Estabas vos.
— Presente —
Elena no apartó la mirada.
Pero su respiración cambió.
Se volvió más pesada.
Más irregular.
Como si ese recuerdo también la estuviera golpeando a ella.
—Yo no— empezó a decir ella.
Pero Luca la cortó al instante.
—Callate.
Su voz fue seca.
Cortante.
Llena de algo más que enojo.
Dolor.
—Corrías.
Silencio.
Elena apretó la mandíbula.
No respondió.
—Tenías sangre —continuó él.
—Porque intenté ayudarla —dijo Elena, firme esta vez.
—Y huiste.
—Porque alguien más venía.
Esa frase lo frenó apenas.
Un segundo.
Solo un segundo.
Pero suficiente.
—¿Quién?
Elena negó lentamente.
—No lo vi.
Silencio.
Más pesado que antes.
—Escuché una puerta —agregó ella—. Un auto. Se fue rápido.
Luca no respondió.
Sus ojos estaban fijos en ella.
Pero su mente ya no estaba completamente en la habitación.
Estaba volviendo ahí.
Intentando reconstruir algo que nunca encajó del todo.
—No estaba sola —continuó Elena.
Eso…
Le gustó aún menos.
Luca apretó los puños.
—Yo te vi —dijo él.
—Y yo la encontré así —respondió ella.
Silencio.
Denso.
Casi insoportable.
—Se suponía que iba a hablar con alguien —dijo Elena después de unos segundos.
Pausa.
—No conmigo.
Eso fue nuevo.
Incluso para Luca.
Su expresión cambió apenas.
—Mentís —dijo él.
Frío.
Directo.
—¿Y vos no? —respondió ella sin bajar la mirada.
Silencio.
El aire entre ambos se volvió más tenso.
Como si algo invisible estuviera a punto de romperse.
—Había alguien más —insistió Elena.
Luca no respondió.
Pero algo en su expresión cambió.
Sutil.
Muy sutil.
Como una grieta en una pared ya dañada.
Porque esa parte…
No la recordaba así.
O no quería recordarla así.
—Vos estabas ahí —dijo él.
—Sí —respondió Elena.
—Con ella.
—Sí.
Pausa.
El mundo parecía haberse detenido otra vez.
—Pero no fui yo —agregó Elena.
Silencio.
Dos versiones.
Un mismo lugar.
Un mismo momento.
Y una verdad…
Que todavía no aparecía.
Luca dio un paso hacia ella.
Lento.
Controlado.
—La última persona que la vio viva…
Pausa.
—Fuiste vos.
Elena sostuvo su mirada.
Sin retroceder.
Sin quebrarse.
—Y la primera que la vio muerta…
Pausa.
—Fui yo.
Silencio.
Total.
Absoluto.
Como si hasta el aire hubiera decidido no moverse.
Y eso…
Lo cambió todo.
Porque en algún punto entre la sangre, los pasos, el auto que se fue…
y lo que ninguno decía en voz alta…
La verdad seguía enterrada.
Esperando salir.
Y ninguno de los dos estaba listo para verla.