Una corona es hurtada por el Capitán Adam, un Fey Pirata. Con la ayuda de Jena, una joven arcángel, encarnación de la oscuridad.
Ese mismo robo regresa años más tarde con las consecuencias, para empujar a Eva, una Reina Elfo, a buscar una de las coronas del fin del mundo con ayuda de Jena, Len, uno de los cinco héroes elementales; Vin Ryder, una diosa de la Guerra; y Adam, el caótico Capitán de Pandora.
¿Eva podrá conseguir la corona? ¿La tripulación del barco Pandora podrá sobrevivir al viaje al fin del mundo?
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Capitulo #6: Triangulo de las Bermudas
No había estado en un barco, ni en el mar desde hace unos cuantos años, lo que de alguna forma me hizo tener una sensación peculiar en el cuerpo. Ver el agua, me causaba una especie de nostalgia, y por lo que veía igual al Capitán de Pandora.
—Capitán ¿Cuánto vamos a tardar en llegar a esa isla de piratas?
—Naah, no es nada. Unos tres días enteros y es posible que unas cuantas personas intenten matarnos. Pero nada grave, mientras no digas que eres una reina.
—Me preocupa tu percepción del tiempo y tu capacidad para distinguir el peligro.
—Sí, sí, señorita perfecta. Te dejé ropa en tu camerino, igual a Jen, es ropa de hombre.
—¿De hombre?
—Sí, de hombre. Recuerda, iremos a bordo con borrachos, criminales, escoria y ladrones que no tienen decencia, o al menos no la mayoría. Mujeres como ustedes dos es como el agua en el desierto.
—Okey. Como quieras, Capitán Adam. Le diré en cuanto despierte para que se la ponga.
La isla de las Bermudas, era un gigantesco pedazo de tierra con forma de triángulo, según lo que había escuchado de niña. En ese sitio se perdían las personas cuando habían tocado fondo. Era, por así decirlo, un buen lugar para morir para muchos hombres y mujeres, igual que era la tierra natal de todo pirata existente en Infernus.
No hace falta decir tampoco lo mucho que me incomodaba usar una ropa de pirata que me quedaba grande para cubrir mis curvas y unas vendas que rodeaban mi pecho para no llamar la atención de algunos pervertidos.
Lo único bueno fue que el Capitán me dejó llevar mi diadema de manzanas doradas que mi pareja me había regalado. Supongo que lo hizo porque la diadema creaba manzanas infinitas.
—Gracias por las manzanas, primer oficial.
—¡Oye! Deja mi diadema, además son para mí —le grité—.
—Pff, ni que fuera una manzana de la diosa Vin Ryder como para que te molestes así.
A Jena no era diferente a mí, se notaba que no le gustaba usar esa ropa, aun así, se mantuvo con educación hasta el final.
—G-Gracias por la ropa —le agradeció la princesa arcángel—, Capitán Adam.
—¡Ja! No hay de qué. Muchacha, ahora cuiden el barco mientras nosotros vamos por gente para navegar.
Cuando pude poner un pie en el puerto, un intenso olor horrible me golpeó y al fondo del todo pude ver cómo personas que eran iguales a Adam, en el sentido higiénico más que nada.
—Esto apesta —me quejé tosiendo y con la mano en la boca—.
—Bienvenida al lugar donde perdí mi virginidad y me convertí en Capitán.
—Dime, Capitán ¿Conoces algo que se llama no hablar de tus intimidades así de la nada? Creo que ahora lo llaman decencia, deberías probarlo —le pregunté a mi hermano, caminando a su lado—.
—Y también, por casualidad, algo llamado «cierra la boca» —añadió mi mejor amiga, la pequeña Levy, sentada en mi cabeza con delicadeza—.
—¿Y cómo planeas que consigamos la tripulación?
—Tranquila, primer oficial. Eso es sencillo, si quieres algo, solo debes decirlo y ya llegarán a nosotros —se detuvo frente a un bar lleno de personas acompañadas por mujeres y hombres de compañía—. ¡¡Oigan!! ¡¡Buscamos tripulación para viajar al fin del mundo!! ¡¡Y tenemos tequila!! —gritó con todas sus fuerzas, llamando la atención de muchos ebrios—. Listo, con eso basta.
—Solo espero que funcione.
—Lo hará, confía en mí. Primer oficial.
Para poder conseguir una tripulación, ese tonto no tuvo mejor idea que hacer unas entrevistas en medio de un bar para conseguir a gente adecuada para el trabajo.
—Abel Smich ¿No?
—Sí, mi hermano me intentó matar, pero logré escapar. Escuché que él está aquí, así que quisiera ocultarme de él.
—Contratado, te veo en el muelle junto a los demás.
Ellos, para mi fortuna o desgracia, llegaban para sentarse y hablar con Adam sobre sus razones de querer navegar en una peligrosa misión.
—Eres Caín Smich ¿Verdad? Cuéntanos, amigo, ¿qué te trae a Pandora? —le preguntó el capitán con una jarra de vidrio en su mano—.
—Mi hermano Abel murió y mi perro me abandonó, ya no tengo nada por lo que vivir, y siempre soñé con morir en el mar.
—¡Bien, vendrás con nosotros! Te veo en el puerto al amanecer.
No entendía muy bien por qué hacíamos esas entrevistas, si ese idiota contrataba a todos los que venían a unirse a la tripulación, incluso un Fey de mediana edad con barbas blancas y un loro en su hombro.
—Moy Ses ¿No? Escuché que eres un carpintero, no lo entiendo. ¿Qué es lo que te trae aquí?
—Tu padre… Barbanegra, él destruyó mi pueblo y quisiera devolverle el favor.
—Uy, qué vengativo, me gusta. Yo también quiero matarlo por si acaso y, si te unes, te dejaré hacerlo. Nos vemos en el muelle, señor Moy.
Realmente podría cuestionar sus métodos para conseguir una tripulación, pero creo que no sus resultados. Siendo que a la mañana siguiente, al despertar en mi camerino, me encontré con una tripulación trabajando para movernos hacia nuestro siguiente objetivo en el viaje.
—¿Qué? —jadeé saliendo de mi camerino, encontrando a un mar de personas corriendo de un lado a otro—. ¿Desde cuándo…?
—Ay no, ahora son más como ese tipo irresponsable —dijo Levy volando cerca de mi pequeña dragona de nieve—.
—¡¡Izad las velas!! ¡¡Todo a estribor!! ¡¡Y lleven a mi amada y hermosa Pandora a la isla de las Moiras!! —les ordenó el Capitán desde lo alto del barco y con una manzana dorada de mi diadema en su mano—. ¡¡Y Jen y Len!! ¡Más tequila! Por favor, que necesito más para leer el mapa.
—Adonis, es mejor que te quedes aquí o te van a hacer dragona asada.
—Levy… —la regañé por asustar a la pequeña dragona que al escucharla se escondió debajo de nuestra cama—. Ugh, solo quédate y cuídala, ¿okey?
Para evitar que los piratas les hicieran daño a mis amigas, cerré la puerta de mi camerino y subí al lugar del capitán del barco. Él estaba caminando de un lado a otro con el mapa en una mano y en otra una botella de tequila.
—¿Cuándo zarpamos? ¿Y para qué iremos a la isla de las Moiras?
—Lo hicimos mientras dormías, primer oficial, Eva, e iremos con las Moiras para saber la entrada exacta del fin del mundo. Si es que, claro, no queremos encontrarnos con Scylla en el camino —me explicó con un tono más serio y sin apartar la mirada del mapa—.
—¿Scylla? ¿No era un rumor o un mito?
—Mito, mito —sin voltear a verme lanzó el resto de la manzana al suelo—. Eva, cuidado con lo que crees —él se me acercó para extender su mano a mi diadema—. Creer que las bestias en el océano son un mito puede provocar… —me quitó otra manzana dorada de mi diadema—. Una tragedia —le dio una mordida a la manzana—. Ahora mira el mapa y dime ¿qué ves? —continuó dándome el mapa—.
—¿Qué? Ahm… —el mapa que nos había dado el Rey en la academia estaba manchado con agua del mar. Lo que, combinado con la luz del sol, hacía que se pudiera ver un segundo mapa oculto detrás—. ¿Eh? ¿Hay otro mapa?
—Así es. Y ese otro mapa es el aclamado fin del mundo, o también conocido como Infierno. Ahí es donde debemos llegar y solo las Moiras saben cómo entrar.