Cuando Lysandra Aster, la nieta olvidada de la Casa Aster, muere traicionada por sus propios familiares, cree que todo ha terminado. Sin embargo, despierta diez años en el pasado, cuando apenas tiene ocho años.
Con los recuerdos de su vida anterior, decide cambiar el destino de su familia. En lugar de buscar venganza, utilizará su inteligencia para fortalecer la casa Aster, proteger a quienes le fueron leales y descubrir el oscuro secreto que amenaza al imperio.
Mientras las demás familias nobles luchan por el poder, Lysandra teje alianzas, impulsa el comercio y se convierte en una estratega brillante. En el camino conocerá al reservado príncipe heredero Kael, un joven que también carga con un destino incierto.
Pero cambiar el pasado tiene un precio, y cada decisión acerca a Lysandra a una verdad que podría destruir el imperio... o convertirla en la mujer más poderosa de su época.
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Capítulo 5: La promesa bajo el roble
Los días posteriores a la visita imperial transcurrieron con una calma engañosa.
La compra de las especias había comenzado a dar sus primeros frutos. Los comerciantes elogiaban la visión del gran duque Cedric, sin imaginar que la verdadera idea había nacido de una niña de ocho años.
Lysandra no buscaba reconocimiento.
Por ahora, era mejor permanecer en las sombras.
En su vida anterior había aprendido que llamar demasiado la atención demasiado pronto solo atraía enemigos.
Y esta vez pensaba jugar con paciencia.
Una tarde, mientras recorría la biblioteca de la mansión, encontró un viejo mapa enrollado entre varios libros.
Lo abrió con cuidado.
Era un plano de las propiedades de la Casa Aster.
Su corazón se aceleró.
En la esquina inferior aparecía un pequeño bosque marcado con tinta roja.
Lo recordaba.
En aquel bosque existía una antigua mina de cristales mágicos que había sido abandonada décadas atrás porque los administradores creían que estaba completamente agotada.
Años después, otra familia la compró por una suma insignificante.
Al poco tiempo descubrieron un nuevo yacimiento.
Aquella sola mina convirtió a sus nuevos dueños en una de las familias más ricas del imperio.
Lysandra sonrió.
—Esta vez no cometerán ese error.
Aquella misma tarde decidió dar un paseo.
Clara caminaba detrás de ella cargando una pequeña cesta.
—Señorita, ¿adónde vamos?
—Al viejo roble.
—¿Ese enorme árbol del límite del bosque?
—Sí.
Cuando llegaron, Lysandra se quedó inmóvil.
El enorme árbol seguía exactamente igual que en sus recuerdos.
Sus ramas parecían tocar el cielo.
Su abuelo solía llevarla allí cuando era pequeña.
Decía que los grandes líderes necesitaban un lugar donde pensar sin que nadie los interrumpiera.
Lysandra apoyó una mano sobre el tronco.
—Volví...
Una suave brisa movió las hojas.
Entonces escuchó un ruido entre los arbustos.
Clara dio un pequeño salto.
—¿Hay alguien?
Un niño salió lentamente de entre los árboles.
Vestía ropa sencilla, aunque de excelente calidad.
Su cabello negro brillaba bajo la luz del sol.
Y aquellos ojos dorados eran imposibles de olvidar.
Kael.
El segundo príncipe.
Él pareció tan sorprendido como ella.
—¿Lysandra?
—¿Su Alteza?
Durante unos segundos ambos permanecieron en silencio.
Finalmente, Kael soltó una pequeña risa.
—Creo que hoy no hacen falta las formalidades.
Ella sonrió.
—Entonces... Kael.
Era la primera vez que pronunciaba su nombre sin ningún título.
Curiosamente, al príncipe no pareció molestarle.
—¿También vienes aquí para escapar? —preguntó Lysandra.
Kael inclinó la cabeza.
—¿Escapar?
—De los adultos.
El príncipe guardó silencio unos instantes.
Luego asintió.
—Todos esperan que me comporte como un príncipe perfecto.
Nunca puedo equivocarme.
Lysandra comprendía perfectamente aquel sentimiento.
En su vida anterior, todos habían esperado que permaneciera callada.
Que obedeciera.
Que aceptara las decisiones de otros.
—Debe ser agotador.
Kael la observó con sorpresa.
Era la primera persona de su edad que no parecía impresionada por su posición.
—¿Y tú?
—Yo también tengo muchas expectativas sobre mis hombros.
Kael sonrió levemente.
—Pero tú aún eres una niña.
Lysandra soltó una pequeña carcajada.
—A veces siento que soy mucho mayor.
Aquellas palabras escaparon antes de poder detenerlas.
Kael la miró con curiosidad.
—Hablas de una forma muy extraña.
Ella desvió la mirada.
—Eso dice mi abuelo.
Pasaron casi una hora conversando.
No hablaron de política.
Ni del imperio.
Solo compartieron historias sobre libros, caballos y los lugares que soñaban conocer algún día.
Por primera vez desde que regresó al pasado, Lysandra sintió que podía comportarse como una niña.
Y Kael experimentó algo que rara vez conocía.
Tranquilidad.
Cuando el sol comenzó a ocultarse, un caballero imperial apareció apresurado.
—¡Su Alteza! ¡Lo hemos estado buscando por todas partes!
Kael suspiró.
—Ya voy.
Antes de marcharse, volvió hacia Lysandra.
—¿Puedo volver otro día?
Ella sonrió con sinceridad.
—Claro.
El príncipe hizo un pequeño gesto de despedida antes de alejarse.
Lysandra lo observó desaparecer entre los árboles.
En su vida anterior apenas habían intercambiado unas pocas palabras antes de que el destino los separara.
Esta vez...
Las cosas serían diferentes.
Sin embargo, desde la ventana del segundo piso de la mansión, alguien había presenciado toda la escena.
Aldren.
Sus ojos reflejaban una mezcla de ira y preocupación.
—Así que ya se hicieron amigos...
Apretó con fuerza el bastón que sostenía.
Si Lysandra conseguía el apoyo de la familia imperial, sería mucho más difícil apartarla del camino.
No podía permitirlo.
Entró en su despacho y llamó a uno de sus hombres de confianza.
—Necesito que averigües todo sobre esa niña.
No quiero errores.
—Sí, señor.
Cuando el hombre se marchó, Aldren abrió un cajón oculto de su escritorio.
Dentro había una carta sellada con un emblema desconocido.
La observó durante unos segundos antes de sonreír.
—Parece que tendré que adelantar mis planes.
Sin saberlo Lysandra, la primera gran conspiración contra ella acababa de comenzar.
Y esta vez, el enemigo estaba mucho más cerca de lo que imaginaba.