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Yo Nunca Me Fui

Yo Nunca Me Fui

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Romance oscuro / Traiciones y engaños / Reencuentro / Romance
Popularitas:33
Nilai: 5
nombre de autor: Angy_ly

Hace veinte años, la Mansión Blackwood se convirtió en una pira funeraria. Tres niños entraron, pero solo uno fue visto salir con vida. Marta, la pragmática, construyó un imperio sobre las cenizas de su pasado, creyendo que el silencio era su mejor armadura. Pero el fuego no consume los recuerdos; solo los transforma en algo más volátil.
​Ahora, las sombras han regresado para reclamar su lugar en el tablero.
​Niclaus, el hermano que la historia dio por muerto, ha emergido de las tinieblas convertido en un arma de precisión quirúrgica, movido por una obsesión que roza la locura. Y en medio de su guerra privada se encuentra Elena, la pieza perdida, cuya mente fue fragmentada y reconstruida bajo una identidad falsa para ocultar el secreto más peligroso de la humanidad: la Iniciativa Quimera.

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capítulo 4

El papel amarillento crujió entre tus dedos, un sonido que pareció un trueno en el silencio sepulcral de la estancia quemada. Tus ojos saltaron de la fotografía de la mujer —aquella desconocida con tu misma mirada melancólica— a las letras mecanografiadas que dictaban tu sentencia.

​Niclaus te observaba, su respiración era rítmica, casi musical, disfrutando del momento exacto en que tu mundo de cristal terminaba de estallar.

​I. El Vínculo de Sangre

​Tus pulmones se negaron a absorber el aire viciado del edificio. La última línea del documento no mencionaba un ingreso al orfanato, sino un acta de nacimiento doble. Gemelos.

​—No... —susurraste, dejando que el sobre cayera sobre los escombros—. Éramos amigos. Éramos... compañeros de dolor.

​—Eso fue lo que nos obligaron a creer, Elena —la voz de Niclaus se arrastró por el suelo como una serpiente—. El Maestro nos separó al llegar. Nos puso en alas distintas, nos prohibió hablarnos, y cuando finalmente nos permitió interactuar, ya habíamos olvidado quiénes éramos. Pero la sangre no olvida. Por eso nos buscamos en la oscuridad. Por eso nos protegíamos. No era un romance infantil, era el instinto de dos mitades tratando de ser una sola.

​El Maestro soltó una carcajada ronca desde su silla de ruedas, sus ojos blanquecinos fijos en la nada. —Era un experimento fascinante. ¿Podía el trauma romper el vínculo biológico? ¿Podía el dolor hacer que un hermano devorara al otro? Y funcionó. Vaya si funcionó.

​II. La Traición de los Padres

​Pero había algo más. Debajo del acta de nacimiento, había una carta manuscrita, manchada de cera y tiempo. Era la letra de tu madre, dirigida al Maestro. En ella, suplicaba por la vida de "el niño enfermo", ofreciendo a "la niña sana" como pago por una deuda que nunca entenderías.

​—Nuestros padres no murieron en un accidente, Elena —dijo Niclaus, acercándose hasta que su pecho rozó tus manos temblorosas—. Nos vendieron. Me vendieron a mí porque era débil, y te vendieron a ti para asegurarse de que yo tuviera una "sombra" que me cuidara. Y tú... tú lo recordaste aquella noche en el sótano, ¿verdad?

​Te quedaste helada. Un recuerdo reprimido emergió como un cadáver saliendo a la superficie del agua.

​Recordaste el momento exacto antes de que el techo cayera. No fue solo el miedo al fuego lo que te hizo retroceder. Fue el Maestro susurrándote al oído, minutos antes, que Niclaus era el sacrificio necesario para que tú pudieras ser libre. Recordaste la voz de tu madre en un sueño que no era sueño, diciéndote que solo uno de los dos podía tener una vida real.

​—Lo sabías —acusó Niclaus, su mano cerrándose ahora alrededor de tu cuello, no para asfixiarte, sino para anclarte a su realidad—. Sabías que para que tú vivieras como una reina, yo tenía que ser el monstruo del sótano. Me dejaste allí no por pánico, sino por conveniencia.

​III. El Pacto del Dolor

​El Maestro tosió, su cuerpo encogido pareciendo disfrutar del espectáculo de vuestra destrucción mutua.

​—Ella siempre fue la más inteligente, Niclaus —siseó el anciano—. Eligió la seda sobre la ceniza. ¿Quién puede culparla?

​Niclaus te soltó y caminó hacia un rincón oscuro, regresando con un bidón de gasolina. Empezó a rociar el líquido inflamable alrededor de la silla de ruedas del Maestro, y luego sobre los documentos que contaban vuestra verdadera historia. El olor a combustible inundó tus sentidos, disparando el trauma de hace veinte años.

​—¿Qué haces? —gritaste, retrocediendo hacia la salida.

​—Cerrando el círculo, hermana —respondió él, sacando un encendedor de plata de su bolsillo. La llama bailó en sus ojos, reflejando una locura lúcida—. El Maestro ya me enseñó todo lo que necesitaba. Ahora es solo un cabo suelto. Y tú... tú vas a elegir otra vez.

​Niclaus lanzó el encendedor. El fuego rugió instantáneamente, creando una barrera de llamas entre tú y la salida, y entre Niclaus y el Maestro que empezaba a gritar.

​—Tienes dos opciones, Elena —dijo él a través del muro naranja—. Sal de aquí y vuelve con tu esposo, sabiendo que yo destruiré su vida y la tuya mañana mismo con estos documentos. O quédate. Quédate en el fuego conmigo, admite quién eres y escapemos de verdad esta vez. Sin mentiras. Sin Julián. Solo nosotros, los monstruos que nuestros padres crearon.

​El calor era insoportable. El techo del edificio empezó a crujir de la misma manera que aquella noche. El suspenso era total: afuera estaba la vida de mentiras que habías construido; adentro, el hombre que era tu espejo, tu sangre y tu mayor pesadilla, ofreciéndote una redención bañada en sangre y fuego.

​—¡Elige, Elena! —gritó Niclaus, extendiendo su mano a través de las llamas—. ¡Yo nunca me fui, porque tú nunca me dejaste salir de tu cabeza!

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