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La Falsa Prometida Del Heredero

La Falsa Prometida Del Heredero

Status: En proceso
Genre:Secretos de la alta sociedad / Escuela / Romance
Popularitas:558
Nilai: 5
nombre de autor: Tao P

Marian Soler solo quería conservar su beca en Aurum Academy y conseguir el tratamiento que su hermana menor necesitaba. Pero una noche escucha una conversación que no debía: Demian Valcárcel, el heredero más poderoso de la universidad, está atrapado en un compromiso impuesto con Isabell Santoro.

Cuando Demian descubre la situación de Marian, le ofrece un trato imposible de rechazar: fingir ser su prometida durante seis meses a cambio de dinero, protección y acceso médico para su hermana.

Ella acepta por necesidad. Él la elige por conveniencia.

Pero en Aurum nada es gratis. Entre rumores, fiestas de élite, secretos familiares y una prometida dispuesta a destruirla, Marian tendrá que decidir si puede sobrevivir al mundo de Demian sin perderse a sí misma… ni caer por el heredero que juró no amar.

NovelToon tiene autorización de Tao P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3 — La amenaza educada

Marian dio un paso atrás.

—No hice nada malo.

Demian inclinó ligeramente la cabeza.

—Entraste a un ala restringida.

—Me enviaron a dejar copas en el pasillo.

—Y te quedaste escuchando una conversación privada.

El orgullo le ardió más que el miedo.

—No me quedé. Iba a irme.

—Después de escuchar suficiente.

Marian apretó la mandíbula.

—No me interesa su vida.

La frase salió más fuerte de lo conveniente.

Uno de los hombres del fondo levantó la vista.

El padre de Demian la observó por primera vez con algo parecido al interés. Un interés desagradable, clínico.

—Todos dicen eso cuando oyen algo que puede servirles.

Marian sintió calor en la cara.

—Yo no quiero nada de ustedes.

Demian la miró en silencio.

Y por alguna razón, esa mirada fue peor que la acusación de su padre.

Porque no parecía creerle.

O quizá sí.

Quizá eso era lo que la volvía peligrosa para él: que alguien que no quería nada podía ser más difícil de comprar.

—Padre —dijo Demian sin apartar los ojos de ella—, déjalo.

El hombre giró hacia él.

—¿Perdón?

—Es personal del evento. Si hacemos un escándalo, habrá más preguntas que respuestas.

—Es una estudiante becada escuchando una conversación familiar.

La palabra becada cayó como una moneda sucia sobre el piso limpio.

Marian sintió que algo se le tensaba por dentro.

No debía responder.

No debía.

Pero había pasado demasiadas horas aguantando miradas, comentarios partidos por la mitad, sonrisas que fingían amabilidad mientras le recordaban que ese mundo no era suyo.

—Ser becada no me convierte en ladrona —dijo.

El silencio que siguió fue absoluto.

Demian no se movió, pero sus ojos cambiaron apenas.

Una variación mínima.

Casi imperceptible.

El padre, en cambio, sonrió sin humor.

—No. Solo la pone en una posición muy frágil, señorita Soler.

Ahí estaba.

La amenaza sin amenaza.

La frase educada que podía arruinarlo todo.

Marian pensó en su beca. En la carta de aceptación que había llorado en silencio para no despertar a Lía. En las horas estudiando con sueño. En el uniforme que llevaba esa noche para ganar lo suficiente para comprar parte de un medicamento. En su madre contando monedas en la cocina. En Lía diciendo que cuando se curara iría a verla a Aureum con un vestido bonito.

No podía perderlo.

No por una puerta mal cerrada.

No por un apellido que jugaba con matrimonios como si moviera inversiones.

Marian bajó la bandeja hasta apoyarla contra su costado, pero no bajó la cabeza.

—No voy a repetir nada de lo que escuché —dijo—. Ni siquiera tengo a quién decírselo.

La verdad dolió al salir.

Demian la observó.

—Eso no suele detener a nadie.

—A mí sí.

—¿Por principios?

—Por cansancio.

La respuesta salió antes de que pudiera suavizarla.

Por primera vez, Demian pareció realmente atento.

Marian respiró despacio.

—Tengo clases mañana. Un turno después. Y una hermana esperando que consiga suficiente dinero para su tratamiento. Créame, señor Valcárcel, su compromiso no está entre mis prioridades.

El padre de Demian no cambió de expresión.

Pero Demian sí.

No mucho.

No de manera cálida.

Solo hubo una sombra distinta en su mirada cuando escuchó la palabra hermana. Como si ese dato hubiera caído en algún sitio de su mente donde nada se desperdiciaba.

Marian se arrepintió al instante.

Había dicho demasiado.

No sobre ellos.

Sobre ella.

—Puedes irte —dijo Demian.

El padre lo miró con frialdad.

—Demian.

—Yo me encargo.

Tres palabras.

Sin levantar la voz.

Sin pedir permiso.

Marian entendió que entre ellos había una guerra vieja, cuidadosamente vestida para la gala. Una guerra de frases medidas, de órdenes disfrazadas, de obediencias que ya estaban empezando a romperse.

El padre sostuvo la mirada de su hijo unos segundos.

Luego volvió a mirar a Marian.

—Espero que entienda la importancia de la discreción.

Marian tragó saliva.

—La entiendo.

—No, señorita Soler. Espero que entienda el precio de no tenerla.

La frase le cayó en la nuca como agua helada.

Demian dio un paso fuera del salón y cerró la puerta detrás de él.

Ahora estaban solos en el pasillo.

No completamente.

Había personal, cámaras, seguridad y una universidad entera respirando poder alrededor de ellos.

Pero la puerta cerrada cortó la presencia del padre, y el silencio entre ambos se volvió distinto.

Más estrecho.

Marian se obligó a no retroceder.

Demian metió una mano en el bolsillo del pantalón. El gesto fue tranquilo, casi indiferente, pero sus ojos no tenían nada de descuido.

—Tu credencial —dijo.

—¿Qué?

—Quiero verla.

—No tiene derecho.

—No —admitió—. Pero tengo formas más incómodas de conseguir tu nombre completo, tu matrícula y el estado de tu beca.

Marian sintió rabia.

Limpia.

Aguda.

—¿Así habla siempre con la gente que quiere intimidar?

Demian ladeó apenas el rostro.

—No precisamente.

—¿No?

Otra vez, ese mínimo cambio en sus ojos.

Casi una advertencia.

Casi interés.

—Ten cuidado, Marian Soler.

Escuchar su nombre en su voz le produjo una incomodidad absurda.

Como si él hubiera tomado algo que ella no le había dado.

—No me amenace.

—No es una amenaza.

—Entonces ¿qué está haciendo?

Demian dio un paso hacia ella.

Marian no retrocedió, aunque cada instinto le dijo que lo hiciera.

Él se detuvo a una distancia perfectamente calculada. No invadía lo suficiente para tocarla, pero sí para obligarla a levantar un poco el rostro si quería sostenerle la mirada.

—Estoy decidiendo si eres un accidente —dijo—, un riesgo o una oportunidad.

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tinkher
por qué me tengo que enganchar por los puntos 😭🤣
tinkher
valimos puntos
tinkher: huyyy ya quiero seguirrr leyendo
total 3 replies
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