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TODOS LLORARON EN MI FUNERAL… EXCEPTO ÉL

TODOS LLORARON EN MI FUNERAL… EXCEPTO ÉL

Status: En proceso
Genre:CEO / Venganza
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Jonathanf

Todos lloraron cuando Isabella Morel murió. Todos… excepto su esposo. Alexander Vega, el hombre más poderoso y temido de la ciudad, permaneció inmóvil frente al ataúd de la mujer que juró amar para siempre. Sin lágrimas. Sin dolor. Sin explicaciones. Pero lo que nadie sabe… es que Isabella sobrevivió. Ahora, escondida bajo una nueva identidad, regresará para descubrir quién intentó matarla y por qué el hombre que aún ama parece ocultar secretos capaces de destruirlo todo. Porque detrás del imperio Vega hay mentiras, traiciones y una verdad tan peligrosa… que alguien estuvo dispuesto a enterrarla viva para mantenerla oculta. Y esta vez, Isabella no volverá como víctima. Volverá para hacerlos caer a todos.

NovelToon tiene autorización de Jonathanf para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El único hombre que no lloró

La lluvia comenzó exactamente a las cuatro y diecisiete de la tarde.

Ni un minuto antes.

Ni un minuto después.

Como si el cielo hubiese esperado el momento preciso en que el ataúd negro descendiera lentamente hacia la tierra húmeda.

El cementerio privado de la familia Morel estaba completamente lleno. Decenas de vehículos de lujo ocupaban la entrada principal mientras hombres vestidos de negro permanecían inmóviles bajo la lluvia, protegiendo a empresarios, políticos y personas importantes que habían asistido al funeral de Isabella Morel.

La hija menor de los Morel.

La mujer perfecta.

La esposa de Alexander Vega.

La noticia de su muerte había explotado en todos los medios tres días atrás.

“Accidente automovilístico en la autopista costera.”

Eso fue lo que dijeron las noticias.

Eso fue lo que todos repitieron.

Pero en aquel funeral nadie parecía convencido.

Había demasiadas miradas incómodas.

Demasiados susurros.

Demasiado miedo escondido detrás de las expresiones de tristeza.

Gabriel Morel permanecía de pie frente a la tumba de su hermana con la mandíbula apretada y las manos cerradas dentro de los bolsillos de su abrigo. Apenas escuchaba las palabras del sacerdote. Apenas podía respirar.

No había dormido desde la noche del accidente.

Y cuanto más pensaba en todo, menos sentido tenía.

Porque Isabella no manejaba rápido.

Porque Isabella odiaba conducir bajo lluvia.

Porque Isabella jamás habría salido sola esa noche si no hubiese estado desesperada.

Gabriel levantó lentamente la mirada.

Y entonces volvió a verlo.

Alexander Vega.

El único hombre en todo el cementerio que no parecía destruido.

Permanecía inmóvil frente al ataúd, vestido completamente de negro. Elegante. Frío. Intocable.

Ni una lágrima.

Ni siquiera fingía dolor.

Y aquello comenzaba a hacer que todos murmuraran.

—Es extraño, ¿no crees? —susurró una mujer rubia cerca de la fila principal.

—¿Qué cosa? —preguntó otra mientras acomodaba discretamente su paraguas.

—Míralo… parece más molesto que triste.

La segunda mujer observó a Alexander durante unos segundos antes de bajar la voz aún más.

—Escuché que Isabella quería divorciarse.

—Eso no es nada —intervino un hombre mayor detrás de ellas—. Yo escuché que ella descubrió algo sobre los negocios de Vega Group.

Gabriel cerró los ojos por un instante.

Estaba cansado de escuchar rumores.

Pero había algo peor.

En el fondo… él también sospechaba de Alexander.

Y odiaba sentirlo.

Porque durante años creyó que ese hombre realmente amaba a su hermana.

El sacerdote terminó una de las oraciones y levantó la vista hacia la familia.

—Hoy despedimos a Isabella Morel, una mujer querida por todos los que tuvieron la fortuna de conocerla…

Gabriel tragó saliva.

Querida por todos.

Sí.

Porque Isabella tenía esa clase de presencia que hacía que la gente quisiera acercarse a ella. No importaba cuánto dinero tuviera una persona ni cuánto poder creyera tener. Cuando Isabella sonreía, todo parecía más tranquilo.

Incluso Alexander.

Gabriel todavía recordaba cómo era él antes de enamorarse de su hermana.

Frío.

Violento.

Peligroso.

Y luego apareció Isabella.

Y durante un tiempo… parecía que ella realmente había logrado cambiarlo.

Hasta los últimos meses.

Gabriel apretó los dientes inmediatamente al recordar la última vez que vio a su hermana viva.

Había sido una semana antes del accidente.

Ella llegó a su apartamento cerca de medianoche.

Asustada.

Temblando.

Mirando constantemente hacia la calle como si alguien la estuviera siguiendo.

—Isabella, ¿qué está pasando? —le preguntó Gabriel esa noche.

Ella tardó varios segundos en responder.

Y cuando finalmente habló… su voz estaba rota.

—Si algo me pasa… no confíes en Alexander.

Gabriel sintió un escalofrío recorrerle la espalda incluso ahora.

Aquella frase no dejaba de perseguirlo.

Porque Isabella jamás hablaba así.

Jamás.

El sonido de la tierra cayendo sobre el ataúd lo obligó a volver al presente.

Y entonces ocurrió.

Alexander dio un paso hacia adelante.

El cementerio entero guardó silencio.

Incluso el sacerdote dejó de hablar.

Todos esperaban algo.

Un discurso.

Una despedida.

Una lágrima.

Pero Alexander simplemente observó la tumba durante varios segundos con una expresión imposible de descifrar.

Y luego habló.

—Debiste quedarte lejos.

La voz de Alexander fue baja.

Tan baja que muchos ni siquiera lograron escucharla.

Pero Gabriel sí.

Y el corazón le dio un vuelco.

—¿Qué dijiste? —preguntó inmediatamente.

Alexander no respondió.

Retrocedió lentamente mientras la lluvia comenzaba a caer con más fuerza sobre todos los asistentes.

Como si nada de aquello le importara.

Como si Isabella jamás hubiese existido.

La rabia explotó dentro de Gabriel.

Caminó hacia él sin pensarlo y lo sujetó bruscamente del brazo.

Los guardaespaldas reaccionaron de inmediato.

Dos hombres avanzaron hacia Gabriel, pero Alexander levantó una mano indicando que se detuvieran.

—Mi hermana murió por tu culpa —dijo Gabriel entre dientes.

Alexander bajó lentamente la mirada hacia la mano que lo sujetaba.

Después volvió a mirarlo directamente a los ojos.

—No sabes lo que estás diciendo.

—¿Ah, no? —Gabriel soltó una risa llena de rabia—. Entonces explícame por qué Isabella estaba aterrada las últimas semanas.

Silencio.

El tipo de silencio que pesa.

El tipo de silencio que confirma cosas.

Gabriel sintió cómo el pulso comenzaba a acelerársele.

—Ella me llamó llorando hace una semana —continuó—. ¿Sabes qué fue lo último que me dijo?

Alexander no respondió.

Pero algo en su mirada cambió apenas un segundo.

Y Gabriel lo notó.

Miedo.

No tristeza.

No culpa.

Miedo.

—Me dijo que si algo le pasaba… no confiara en ti.

Los murmullos alrededor comenzaron a crecer otra vez.

Varias personas observaban discretamente la escena mientras fingían mirar hacia otro lado.

Alexander se acercó apenas unos centímetros a Gabriel.

Lo suficiente para hablar sin que los demás escucharan.

—Hay cosas que no entiendes.

—Entonces explícamelas.

—No aquí.

Gabriel soltó su brazo con violencia.

—Claro. Porque mantener secretos es lo único que sabes hacer.

Alexander no reaccionó.

Y eso solo hizo que la rabia de Gabriel aumentara más.

Porque si aquel hombre hubiese mostrado aunque fuera un poco de dolor… habría sido más fácil odiarlo.

Pero no.

Alexander Vega parecía un hombre enterrando información.

No una esposa.

El sonido de unos tacones acercándose interrumpió el momento.

—Alexander…

Ambos giraron la cabeza.

Emma Sinclair avanzaba lentamente entre la lluvia con el maquillaje corrido y los ojos rojos. Había sido la mejor amiga de Isabella desde la universidad.

Y también una de las pocas personas cercanas a Alexander.

Emma tomó el brazo de Alexander con delicadeza.

—Los periodistas están afuera —dijo en voz baja—. Están preguntando si darás declaraciones.

—No.

—Alexander, esto se está saliendo de control. Las acciones de Vega Group comenzaron a caer esta mañana y—

—No me interesa.

Emma guardó silencio inmediatamente.

Gabriel observó la escena con disgusto.

Porque había algo extraño entre ellos.

Algo que jamás había notado antes.

O quizás Isabella sí lo había notado.

Y demasiado tarde.

Emma levantó lentamente la mirada hacia Gabriel.

—Lo siento mucho.

Gabriel soltó una risa amarga.

—¿De verdad?

Emma tragó saliva.

—Gabriel…

—¿Sabes qué es lo peor? —interrumpió él—. Que mi hermana confiaba en ustedes.

El rostro de Emma perdió color.

Y eso no pasó desapercibido para Gabriel.

Ni para Alexander.

La lluvia continuaba cayendo violentamente cuando Alexander finalmente comenzó a caminar hacia la salida del cementerio.

Los guardaespaldas se movieron inmediatamente alrededor suyo.

Emma lo siguió.

Y Gabriel observó todo con una sensación horrible creciendo dentro del pecho.

Algo estaba mal.

Muy mal.

Entonces ocurrió.

Uno de los conductores abrió la puerta trasera del vehículo de Alexander.

Y durante apenas unos segundos… Gabriel alcanzó a ver el interior.

Había un teléfono encendido sobre el asiento.

La pantalla iluminó una fotografía.

Una fotografía que hizo que el mundo entero pareciera detenerse.

Gabriel dio un paso hacia adelante inmediatamente.

No podía ser.

Era Isabella.

Pero no era una fotografía vieja.

No era una imagen de redes sociales.

No.

Ella llevaba exactamente la misma ropa que usó la noche del accidente.

El mismo vestido blanco.

La misma cadena plateada que Gabriel le había regalado años atrás.

Y había algo más.

La fecha.

La fotografía había sido tomada hacía apenas unas horas.

Gabriel sintió que la sangre abandonaba su rostro.

Eso era imposible.

Completamente imposible.

Porque Isabella Morel acababa de ser enterrada frente a cientos de personas.

El conductor tomó rápidamente el teléfono y cerró la puerta del vehículo.

Demasiado rápido.

Como si no quisiera que nadie lo viera.

Pero Gabriel ya lo había visto.

Y entonces comprendió algo que hizo que el miedo comenzara a mezclarse con la rabia.

Alexander no parecía un hombre destruido por la muerte de su esposa.

Parecía un hombre aterrado porque alguien descubriera que ella seguía viva.

Gabriel retrocedió lentamente mientras observaba el vehículo negro desaparecer bajo la lluvia.

Su respiración comenzó a acelerarse.

No podía ser real.

Había visto el rostro de Isabella.

No era una ilusión.

No era producto del dolor.

Era ella.

Y estaba viva.

Entonces recordó algo que no había tenido sentido hasta ahora.

La noche del accidente, el cuerpo de Isabella jamás pudo verse claramente.

El ataúd permaneció cerrado durante todo el funeral.

Según Alexander, el impacto del accidente había sido demasiado fuerte.

En ese momento nadie cuestionó nada.

Porque el dolor era demasiado grande.

Pero ahora…

todo comenzaba a sentirse diferente.

Demasiado diferente.

Gabriel levantó lentamente la mirada hacia la tumba recién cubierta de tierra mojada.

Y por primera vez desde la muerte de su hermana…

entendió que quizás la verdadera pesadilla apenas estaba comenzando.

1
Eliana Galann
muy buena! al final nadie murio de verdad? solo fingieron sus muertes? mas capitulos por favor
Eliana Galann
Que suspenso! lo leido hasta el momento esta muy bueno, felicitaciones
Georgetth Rosemary
maaasssssd
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