de una casualidad paso a una historia completa
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capítulo 5
Un mes después, Martín cumplió su promesa de llevar a Camila a la selva. Tomaron un autobús desde la cuidad hasta el pueblo mas cercano a la salva , y luego un barco por el río hasta un pequeño poblado donde vivía un amigo de Martín.
Cuando llegaron a la selva, Camila se maravilló con la belleza de la naturaleza. Los árboles eran tan altos que no se veía el cielo, y el aire estaba lleno de olores a tierra mojada, flores y frutas. Escuchaba el canto de los pájaros, el ruido de los monos y el murmullo del río, y se sentía como si hubiera entrado en un mundo mágico.
El amigo de Martín, Juan, les dio la bienvenida con una sonrisa amplia y les llevó a su casa —una casita de madera con techo de palmas. Durante los siguientes días, Juan les enseñó los secretos de la selva —cómo encontrar frutas comestibles, cómo reconocer las plantas medicinales, cómo observar los animales sin asustarlos.
Una tarde, Martín le llevó a Camila a un lugar especial —una cascada pequeña pero hermosa, con agua clara y fría que caía sobre una roca. Se quedaron ahí solos, y Camila se quitó la ropa y se metió en el agua. Martín se quedó mirándola, con los ojos llenos de admiración.
—Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida —dijo él, mientras se metía en el agua con ella.
—Y tú eres el hombre más perfecto que he conocido —respondió ella, acercándose a él.
Se abrazaron y se besaron, con el agua cayendo sobre ellos y el sol brillando a través de los árboles. Camila sintió una felicidad tan grande que le costaba respirar —sabía que ese momento sería un recuerdo que llevaría con ella para siempre.
Por la noche, se sentaron alrededor de un fuego, con Juan y su familia, y comieron pescado fresco, arroz y verduras. Juan les contó historias sobre la selva, sobre sus antepasados y sobre la cultura de la gente que vivía ahí. Camila escuchaba con atención, admirando la sabiduría y la humildad de Juan y su familia.
Después de que todos se hubieron ido a dormir, Martín y Camila se quedaron juntos alrededor del fuego, abrazados.
—Camila —dijo él, con voz seria. —Hay algo que quiero decirte.
—Qué? —preguntó ella, mirándolo a los ojos.
—He estado pensando mucho en nuestro futuro —dijo él. —Quiero vivir contigo, quiero compartir todos los días de mi vida contigo. Quiero casarme contigo, Camila. ¿Quieres ser mi esposa?
Camila se quedó muda. Había esperado escuchar esas palabras durante mucho tiempo, pero ahora que lo hacía, no podía creerlo. Se le llenaron los ojos de lágrimas de felicidad, y asintió con la cabeza.
—Sí, Martín —respondió ella, con voz temblorosa. —Quiero ser tu esposa. Más que nada en el mundo.
Él la abrazó con fuerza, y le dio un beso en la frente. Luego, se metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó un anillo de oro con una pequeña piedra de amatista —la piedra favorita de Camila.
—Te lo compré hace tiempo —dijo él, poniéndole el anillo en el dedo. —Quería esperar el momento perfecto para dárselo. Y este es el momento perfecto.
Camila miró el anillo, y luego a Martín, con los ojos llenos de amor. —Es precioso. Gracias.
Se besaron de nuevo, y se quedaron así, abrazados, mirando el fuego y soñando con su futuro juntos. En ese momento, en medio de la selva, con el cielo lleno de estrellas, Camila sabía que había encontrado su lugar en el mundo —junto a Martín, el amor de su vida.