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Destellos De Traición

Destellos De Traición

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Reencuentro / Venganza
Popularitas:8.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Abigail ha pasado años tallando la vida perfecta: una carrera prestigiosa como diseñadora de joyas de alta gama y un matrimonio que creía inquebrantable con Julián. Sin embargo, la perfección se astilla cuando descubre que su esposo y Mónica, su mejor amiga y socia, no solo mantienen un romance clandestino, sino que han estado conspirando para robar sus diseños y dejarla en la quiebra.
​En medio del colapso de su mundo, reaparece Sebastián, un antiguo amor de la juventud que ahora es un magnate de la industria minera de gemas. Mientras Abigail planea su venganza —una tan fría y elegante como un diamante—, deberá decidir si permite que el fuego del pasado con Sebastián purifique su corazón o si las heridas de la traición la han vuelto tan dura e impenetrable como la piedra que diseña

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capitulo 24

​La noche en el taller clandestino de Rosa tenía una cualidad sagrada. El aroma de la seda nueva y el brillo de los diamantes de Sebastián creaban un refugio contra la tormenta de traiciones que arreciaba afuera. Abigail estaba terminando de ajustar el drapeado del vestido central, una pieza que parecía esculpida en humo y fuego, cuando sintió la presencia de Sebastián tras ella.

​Él no dijo nada durante varios minutos. Se limitó a observar cómo las manos de Abigail se movían con la precisión de una cirujana.

​—Siempre tuviste esa forma de inclinar la cabeza cuando el diseño te habla —dijo él, su voz era un susurro que despertó un eco dormido en la memoria de Abigail—. Han pasado diez años, y el gesto sigue siendo el mismo.

​Abigail dejó las tijeras sobre la mesa y se giró lentamente. La fatiga acumulada y la tensión de los últimos días la hacían sentir transparente.

​—¿Por qué ahora, Sebastián? —preguntó ella, con una vulnerabilidad que no había permitido que nadie viera—. ¿Por qué volviste justo cuando mi vida es un campo de escombros? Años atrás, simplemente te fuiste. Sin una carta, sin una explicación. Me dejaste a merced de Julián cuando yo no era más que una aprendiz con miedo.

​Sebastián dio un paso hacia la luz de la lámpara. Su rostro, habitualmente una máscara de hierro y éxito, mostraba una grieta de dolor antiguo.

​—No me fui porque quisiera, Abigail. Me fui porque me hicieron creer que te estaba salvando —respondió él, su voz vibrando con una intensidad contenida.

​Abigail sintió un frío repentino. La versión oficial que su padre, el ya fallecido patriarca de los Sterling, le había repetido mil veces era que Sebastián había aceptado un soborno para alejarse de ella y financiar su primera mina en África. Esa mentira había sido el cimiento sobre el cual Julián construyó su "rescate" emocional.

​—Mi padre me dijo que aceptaste el dinero —susurró ella, retrocediendo un paso—. Me dijo que yo era solo una distracción para tus ambiciones.

​—Tu padre me amenazó con destruir tu carrera antes de que empezara —confesó Sebastián, sus ojos fijos en los de ella—. Me mostró documentos, registros de propiedad que él controlaba. Me dijo que si no desaparecía, te enviaría a una auditoría que te hundiría por los errores contables que él mismo había cometido en la empresa. Me dio a elegir: tu futuro o nuestro presente.

​Sebastián sacó de su abrigo una carta amarillenta, con el sello de la antigua firma de abogados de la familia Sterling.

​—Nunca acepté su dinero, Abigail. Pasé los primeros tres años en el exilio trabajando en minas de carbón, no de diamantes, tratando de construir algo propio para poder volver por ti. Pero cuando finalmente tuve el poder para enfrentarlo, tu padre ya te había entregado a Julián. Él te vendió al hombre que podía controlar, no al hombre que te amaba.

​Abigail tomó la carta. Reconoció la caligrafía afilada y despiadada de su padre. En el texto, el viejo Sterling detallaba cómo Julián era el "candidato perfecto" porque carecía de talento creativo y siempre dependería de la estructura familiar, asegurando que la marca Sterling nunca saldría del control del apellido.

​El descubrimiento fue una explosión silenciosa en el pecho de Abigail. Toda su vida adulta, su matrimonio con Julián, sus dudas sobre su propio valor... todo había sido una coreografía diseñada por un padre que amaba más su imperio que a su hija.

​—Fui una moneda de cambio —dijo Abigail, las lágrimas finalmente desbordando sus ojos—. Él te usó para despejar el camino a Julián, y yo... yo pasé diez años agradeciéndole a un parásito por haberme "rescatado" del hombre que supuestamente me había abandonado.

​Sebastián acortó la distancia entre ellos. Tomó su rostro entre sus manos con una delicadeza que contrastaba con la fuerza de su confesión.

​—Nunca dejé de amarte, Abigail. Ni un solo día. Cada diamante que encontré, cada trato que cerré, fue con la esperanza de que un día fuera lo suficientemente poderoso como para que nadie, ni tu padre ni Julián, pudiera volver a ponerte un dedo encima.

​Abigail apoyó su frente contra la de él. El dolor de la verdad era inmenso, pero la liberación era mayor. Por primera vez en una década, el vacío en su memoria histórica se llenó. Julián no era un salvador; era un cómplice. Mónica no era solo una amante; era la pieza final de un plan de saqueo que empezó mucho antes de que ella apareciera.

​—Ya no tengo miedo, Sebastián —dijo Abigail, apartando las lágrimas y mirando a su alrededor, al taller donde su nueva colección tomaba forma—. Ahora sé que no solo estoy luchando por mi marca. Estoy luchando por la mujer que ellos intentaron borrar hace diez años.

​—Y esta vez —sentenció Sebastián, besando su frente con una promesa solemne—, yo seré el escudo que ellos no vieron venir. El desfile de la próxima semana no será tu presentación. Será nuestra victoria.

​Sebastián le entregó a Abigail un último archivo: el registro de las llamadas que su padre y Julián intercambiaron en los días previos a su partida. Julián ya estaba en la nómina del padre de Abigail mucho antes de casarse con ella.

​—Él recibió una dote por casarse contigo, Abigail —reveló Sebastián—. La empresa nunca fue de él por mérito; fue el pago por mantenerte bajo control.

​Abigail guardó los documentos en la misma caja donde tenía las pruebas del fraude de Caimán. La imagen estaba completa.

​Abigail volviendo a su vestido rojo. Pero ahora, sus puntadas eran diferentes. Eran más rápidas, más feroces.

​—Mañana es el ensayo general con los franceses —dijo Abigail, mirando a Sebastián—. Julián espera que yo me quede en las sombras supervisando el desastre de Mónica.

​—¿Y qué harás tú? —preguntó él, con una sonrisa cómplice.

​—Voy a dejar que Mónica brille por última vez —respondió ella, sus ojos brillando con una luz peligrosa—. Porque cuanto más alto suba ella, más estrepitosa será la caída cuando yo tire de la manta.

​Sebastián asintió y salió del taller hacia la noche fría, dejando a Abigail con la mayor arma que podía tener: la certeza de que su corazón nunca estuvo equivocado. El amor no la había abandonado; la habían secuestrado, y ahora, ella estaba lista para reclamar cada pedazo de su vida.

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Marjorie Pogo
Esta super entretenida.... Es lindo ver como uno no se deja vencer por malas personas en las que uno confío eso a uno lo vuelve más fuerte☺️..... Quiero seguir leyendo hasta el final... Actualicenla pronto 🤭🥰
Ana Leidi Reinosolappot
👏☺️
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