Kendra Barreto es la joya de la familia Barreto, para satisfacer la ambición de su madre, traicionó a su hermana menor Keila y aceptó un matrimonio vacío, sin embargo, el destino le impuso a un guardián que no puede ser comprado: Axel García, un exmilitar con un pasado oscuro y que no puede doblegarlo a su antojo.
Lo que comenzó como una noche de debilidad entre la heredera y el guardaespaldas se convirtió en su ruina y, a la vez, en su salvación, con el nacimiento de su hijo Bennet, se descubre el fraude: el niño no es hijo del esposo de Kendra sino de Axel.
Repudiada por todos y perseguida por una madre dispuesta a todo para ocultar el escándalo, abandonará su mundo y huirá, y en su carrera desesperada por la supervivencia, descubrirá que el hombre que la mira con desconfianza es el único capaz de salvarla, y que, para proteger a su hijo, tendrá que aprender a luchar con uñas y dientes, lejos de los lujos que una vez la definieron.
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Capítulo V: Brutalmente honesto
Se escuchó una risa amarga al otro lado de la línea, porque Isaías no podía creer que su hermana fuera tan malagradecida, fue gracias a Axel que ella estudió enfermería, hizo un posgrado y una maestría; también había sido el pilar de sus hermanos: Óscar, ahora un arquitecto de prestigio, e Isaías, con su propio taller.
—Suerte con eso—dijo con sarcasmo—Por cierto, la familia ya lo habló y todos estamos del lado de Axel.
—¡Pero son mi familia!—protestó Marisol
—Sí, pero cada vez que necesitamos que alguien cuidara de nosotros, él siempre estuvo, mientras que tú estabas demasiado ocupada avergonzándote de nosotros por ser pobres.
—¡Espero que no te arrepientas de tus palabras, Isaías!—espetó Marisol con amargura.
—La única que se va a arrepentir eres tú, porque estás dejando a un hombre íntegro por un sinvergüenza que solo te ve como un pasatiempo.
—Axel solo es un expandillero, que conduce un vehículo que jamás podrá comprar—sentenció ella con arrogancia.
—Cuando tenías hambre no te importaba su origen—le reprochó Isaías.
—Los tiempos cambian—respondió Marisol con indiferencia
— Descuida hermana, si tú no lo valoras, estoy seguro de que él encontrará a una mujer que sí lo va a hacer, y ojalá sea joven, hermosa y con dinero, porque es lo que se merece después de haber cargado con todos nosotros durante tantos años.
Marisol soltó una risa seca pensando en lo iluso que era su hermano porque ninguna mujer con esas características se interesaría en un hombre como Axel, lo que ella ignoraba es el destino estaba por demostrarle que la ilusa era ella y que por arrogancia perdió la oportunidad de tener la vida que tanto soñaba.
—Ya que lo quieres tanto entonces no me vuelvas a llamar porque a partir de ahora no tienes una hermana.
—Estoy perfectamente bien con eso—respondió Isaías antes de colgar
Las siguientes llamadas que recibió Marisol mantuvieron el mismo tono, su familia estaba compuesta por personas honestas las cuales nunca olvidaron sus raíces en la pobreza y a medida que la situación económica de Axel fue prosperando, él no solo se había ocupado de su madre, sino que se había convertido en el protector de los hermanos de Marisol, financiando sueños que ellos creían inalcanzables.
—Mamá no es como piensas, déjame explicarte por favor—dijo Marisol suplicante.
La madre de Marisol, con la voz quebrada por el dolor, pero firme en sus principios, le dio el golpe final:
—Lo siento Marisol, eres mi hija y te amo, pero no puedo apoyarte en esta bajeza —sentenció antes de colgar.
Al colgar esta última llamada Marisol se quedó temblando de ira, sentía que todos la observaban en esa cafetería y se sentía humillada, aunque eso no se comparaba a la sensación de ser traicionada por su propia sangre, lo que ella no comprendía es que la lealtad no se compra con parentesco, sino con respeto.
Mientras tanto Axel no perdía el tiempo y tal como le advirtió a Marisol se iba a divorciar, y no era una simple amenaza, sino una firme decisión.
—¿Cuándo podemos reunirnos? —preguntó Axel a su abogado.
—Envíeme la información que le solicité por correo antes de nuestra cita —le indicó Fabián su abogado, un jurista de alto perfil que Andrés Barreto le había recomendado personalmente.
Era irónico, pero gracias a su empleo con los Barreto por primera vez comenzaba a comprender lo que era estar rodeado de personas de estatus y comenzaba a moverse en círculos que antes le habrían cerrado las puertas.
Conducía a Kendra de regreso a la casa familiar y notó como ella por momentos dejaba a un lado su trabajo para responder a los mensajes de René, y le parecía que tenía un humor tan negro como el de Keila y se sentía un poco mal porque era como si no eran tan compatibles, pero negó con la cabeza así que sonrió y se obligó a responderle.
Axel al verla sonreírle al teléfono, quiso molestarla desde el asiento del conductor:
—El que se ríe solo, es porque de sus picardías se acuerda —soltó con una media sonrisa.
Axel descubrió que tenía el placer culposo de hacer irritar a Kendra, porque verla con el ceño fruncido y cruzando los brazos en señal de enojo, era muy divertido, aunque nunca rebasaba los límites de la profesionalidad.
—Es mejor eso, a estar conspirando con un abogado —replicó Kendra, con tono mordaz—Ya sabes lo que dicen: la peor maldición es tener que verse entre abogados.
—Señorita Barreto, ojalá usted nunca tenga que enfrentarse a esa maldición —respondió Axel con una gravedad que la dejó pensativa.
Kendra se enfurruñó cruzando sus piernas con brusquedad porque Axel tenía el don de sacar a relucir su lado más insolente y humano, ese que ella mantenía enterrado bajo una imagen angelical con el que engañaba a todo el mundo menos a él.
—¿Sabías que eres increíblemente impertinente? —preguntó Kendra intentando recuperar su postura de mando.
—No, señorita, solo soy brutalmente honesto —respondió él, sin apartar la vista del camino.
—Esa es la típica excusa de gente con el ego demasiado alto que no acepta críticas—replicó ella, arqueando una ceja.
—¿Y qué le hace pensar que no acepto criticas?
—Solo basta con ver tu expresión, Axel, pareces creer que siempre tienes la razón.
—No juzgue a un libro por su portada —dijo él, y su voz bajó un tono, volviéndose más íntima— Cualquiera que la vea desde fuera podría decir que usted es arrogante, engreída y egoísta... pero ambos sabemos que no es así.
Kendra se sonrojó y desvió la mirada hacia la ventana, fingiendo interés en el paisaje, pocos sabían que ella hacía labor social de forma anónima porque le gustaba aparentar que era una mujer frívola, pretenciosa y coqueta.
En el mundo despiadado de los negocios y de su propia familia había aprendido que las personas demasiado nobles, eran consideradas como débiles y prefería ser temida y envidiada, a ser vista como alguien a quien se podía pisotear.
Axel con su instinto de expandillero y trabajo como escolta, había leído en ella lo que nadie más se había molestado en buscar, pero era muy profesional y jamás la expondría.
—Te pagan por conducir, no por analizarme —logró decir ella, con un tono de voz titubeante.
—Lo sé —asintió él con una media sonrisa— Pero para proteger a alguien, primero hay que saber quién es realmente esa persona, y usted, señorita Barreto, es un misterio mucho más interesante de lo que intenta aparentar.
Kendra guardó silencio y continuó revisando sus correos porque se sentía expuesta cuando estaba cerca de Axel y decidió que en el futuro lo evitaría lo más posible.
Días después Kendra oficialmente comenzó a salir con René, mientras tanto, Keila se incorporó como profesora en la facultad de Literatura, y en una ironía del destino, frecuentemente coincidía con René, en los pasillos de la universidad y este ya no la observaba con la admiración de antes, sino con recelo y una pizca de decepción convencido de las calumnias que Kendra le había contado y cuando cruzaban sus caminos solían hablarse con comentarios mordaces.
Keila estaba confundida y no comprendía por qué le caía tan mal a su “cuñado”, pues ella nunca le había hecho nada, pero fiel a su personalidad combativa no se quedaba callada y ella respondía a sus comentarios haciendo que de alguna manera se mantuvieran más cercanos de lo que ambos pensaban, confundiéndolo con antipatía.
Mientras tanto, Axel se encontraba atrapado en un proceso de mediación que se sentía más como una emboscada, que, como una solución, por desgracia, se trataba de un estado con leyes de divorcio “sin culpa” y legalmente la aventura de Marisol no aceleraba el proceso, y si ella se negaba a firmar no podían obligarla sin ir a un juicio largo y costoso.
—No te preocupes, Axel, cuentas con todo mi apoyo —le dijo Andrés Barreto un día, con una solemnidad que sugería que él mismo estaba anticipando su propio proceso de divorcio con Ifigenia.
Durante la audiencia, Marisol interpretó a la perfección el papel de una esposa herida y el juez, dejándose llevar por esa imagen tan lamentable dictaminó que ambos debían asistir a terapia de pareja antes de proceder a la disolución del matrimonio.
Para Axel, esto fue un dolor de cabeza insoportable; sentía que el sistema lo obligaba a sentarse frente a la mujer que lo había traicionado, para intentar salvar algo que ya no tenía solución.
Sin embargo, cuando el terapeuta sugirió que también asistiera a sesiones de terapia individual, Axel aceptó sin dudar, porque Marisol con su actitud de víctima poco a poco estaba acabando con su paciencia y necesitaba un espacio para procesar su furia y no perder el control y arruinar su vida.
Por los siguientes seis meses Axel permanecería en silencio y rara vez le hacía comentarios mordaces a Kendra limitándose a cumplir con su deber, su divorcio lo tenía demasiado desgastado, además notaba que Kendra su pretenciosa jefa tenía novio y rara vez usaba sus servicios, ahora que René se encargaba de su transporte diario.
Por alguna razón, cada vez que la veía con ese hombre sentía una punzada extraña, casi de celos, pensando en que ella estaba perdiendo el tiempo con un hombre al que no amaba, pero él, solo era un chofer y no era su deber opinar, incluso si era evidente que Kendra no era feliz en esa relación.
Para Axel no era solo el deseo de tenerla cerca, sino la rabia de ver a una mujer tan vibrante, apagarse en una relación tan falsa, mientras que él por su parte se ahogaba en los trámites para finalizar un matrimonio que el juez se empeñaba en mantener vivo.