accidente… y despierta en el cuerpo de un personaje dentro de la novela que estaba leyendo.
No es una heroína.
No es alguien importante.
Es alguien destinada a morir.
Y lo peor… es saber exactamente a manos de quién.
El duque.
Frío, implacable y peligroso, el mismo hombre que en la historia original termina con su vida. Decidida a cambiar su destino, ella hará todo lo posible por mantenerse lejos de él.
Pero hay algo que no estaba en la novela.
Una conexión inexplicable.
Una mirada que la reconoce.
Un lazo que no puede romper.
Porque mientras ella intenta huir de su muerte…
él comienza a acercarse como si siempre le hubiera pertenecido.
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Derpertar
El sonido de mis pasos resonaba apresurado contra el suelo.
—¡Voy tarde…!
Mi mochila golpeaba contra mi espalda mientras corría por el pasillo, esquivando estudiantes sin detenerme a mirar. Había pasado la noche leyendo… otra vez. Esa maldita novela.
Giré en una esquina sin fijarme.
Error.
Un estruendo seco cortó el aire.
Algo cayó.
No tuve tiempo de reaccionar.
Un golpe brutal en la cabeza.
Dolor.
Oscuridad.
El mundo comenzó a desvanecerse.
Lo último que sentí fue el frío del suelo contra mi mejilla… y luego, nada.
Un murmullo distante.
Voces.
Confusas.
—Señorita…
—Señorita Elara…
¿Elara…?
Fruncí el ceño, intentando abrir los ojos. Todo estaba borroso, como si estuviera bajo el agua. Mi cuerpo se sentía pesado, extraño… ajeno.
—Señorita Elara, por favor despierte…
Esa voz…
Finalmente logré abrir los ojos.
La luz me cegó por un instante.
No era un hospital.
Las paredes… eran elegantes. Decoradas. Demasiado… antiguas. Cortinas largas, muebles finos, un aire que no pertenecía a mi mundo.
Me incorporé lentamente.
—¿Dónde… estoy…?
Mi voz salió débil, irreconocible.
—¡Señorita! —exclamó una joven frente a mí—. ¡Gracias al cielo ha despertado!
La miré, confundida.
Vestía como… ¿una criada?
—Mi nombre es Laura —dijo con una leve reverencia—. Soy su sirvienta.
¿Sirvienta?
Mi mente no procesaba nada.
—No… esto no tiene sentido…
Me levanté tambaleándome, ignorando sus intentos por detenerme. Mis pies tocaron el suelo frío mientras avanzaba, guiada por una sensación extraña… como si supiera exactamente a dónde ir.
Un espejo.
Grande. Imponente.
Me detuve frente a él.
Y entonces… lo vi.
Cabello largo, cayendo hasta la cadera… blanco con un leve tono azulado.
Piel pálida, casi como porcelana.
Ojos… azules. Intensos. Irreales.
Rasgos finos. Demasiado perfectos.
No era yo.
Mi respiración se agitó.
—¿Qué… es esto…?
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Y entonces… como un destello…
Recordé.
La novela.
Las páginas que había leído sin parar.
La historia que me hizo llegar tarde.
El reino de Varkalis.
Los nobles.
La tragedia.
Y ella…
La chica que moría.
Mis labios temblaron.
—No…
El nombre apareció en mi mente como una sentencia.
—Elara… Velnis…
Mis manos comenzaron a temblar.
No.
No podía ser.
Esa no era la protagonista.
No era la heroína.
Era…
El personaje que moría.
Asesinada.
Por él.
Mi corazón se detuvo por un segundo.
El duque.
Frío. Implacable. Temido por todos.
El hombre que, en la historia… terminaba con su vida sin dudar.
Un miedo irracional me invadió.
—No… no… esto no puede estar pasando…
Pero lo estaba.
Yo… estaba dentro de esa historia.
Y si todo seguía el curso original…
Moriría.
Elara Velnis ya había muerto una vez.
Pero esta vez…
No pensaba hacerlo de nuevo.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo.
No era solo miedo.
Era certeza.
Recordaba… demasiado bien cómo terminaba esta historia.
Mis dedos se aferraron al borde del tocador.
—Señorita… —la voz de Laura tembló ligeramente—. ¿Se encuentra bien?
No respondí.
Mi mente seguía reconstruyendo piezas.
La princesa heredera.
Selena varkhan.
Hermosa. Elegante. Admirada por todos.
Una mentira perfecta.
Las imágenes llegaron como cuchillas.
Salones iluminados.
Tazas de té.
Sonrisas falsas.
Y detrás de todo…
Manipulación.
—No… —susurré.
ya quiero saber que sige ☺️☺️☺️