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EL HEREDERO "PROHIBIDO"

EL HEREDERO "PROHIBIDO"

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor-odio / Embarazo no planeado
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Luiselys Marcano

"Ella no tiene nada; él lo tiene todo. Pero un secreto de nueve meses cambiará las reglas del juego."

NovelToon tiene autorización de Luiselys Marcano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: Máscaras de Cristal

POV: ELENA

El hospital Real nunca duerme, y hoy, parece querer devorarme viva. Han pasado tres días desde la gala. El olor a antiséptico, que antes era mi refugio, ahora se siente como una mano apretando mi garganta.

—Elena, detente —Lucía me tomó del brazo justo antes de que entrara a la zona de consultas externas—. Estás verde. Si entras así, el Dr. Alarcón te va a oler el miedo a un kilómetro.

—Estoy bien —mentí, aunque el sabor amargo de la bilis subía por mi garganta. Me apoyé en la pared, sintiendo cómo el mundo daba vueltas—. Solo necesito un minuto. El bebé... parece que hoy decidió que no le gusta el desayuno.

—El bebé o los nervios —replicó Lucía preocupada—. Los Monteclaro están en la suite VIP del piso 5. El Conde tiene una revisión cardíaca y adivina quién es el cirujano a cargo.

Mi corazón dio un vuelco. Sebastián. Y yo, como su residente asignada, tendría que entrar en esa habitación. Tendría que ver de nuevo a la mujer que me llamó "sirvienta" y al hombre que me miró como si fuera invisible.

POV: SEBASTIÁN

Revisé la tableta con los resultados del Conde de Monteclaro, pero mis ojos no veían los gráficos. Veía a Elena. La forma en que salió de la gala, empapada en champán y con la dignidad intacta, me perseguía. No me había dirigido la palabra en tres días. En el quirófano, era un robot de precisión; fuera de él, una sombra que se desvanecía en cuanto yo aparecía.

—Sebastián, querido —la voz de la Condesa de Monteclaro interrumpió mis pensamientos. Estaba sentada en el sofá de la suite privada, impecable—. Espero que los resultados de mi esposo sean mejores que el servicio de este hospital. La gala del otro día fue... accidentada con esa gente que contratan ahora.

—La Dra. Valente es una de nuestras mejores residentes, Condesa —dije con un tono más cortante de lo que pretendía—. No es "esa gente". Es una profesional.

En ese momento, la puerta se abrió. Elena entró, cargando los expedientes. Su palidez era extrema, casi traslúcida. Noté cómo sus nudillos se volvían blancos al apretar la carpeta contra su vientre.

—Buenos días —murmuró ella, sin levantar la vista.

—Llega tarde, doctora —dije, tratando de mantener mi máscara profesional aunque por dentro quería tomarla de los hombros y preguntarle si había comido algo.

—Lo siento, doctor. No volverá a ocurrir.

Vi cómo la Condesa de Monteclaro entrecerraba los ojos al ver a Elena. Había algo en su mirada, una mezcla de curiosidad y rechazo absoluto.

—Tú... —dijo la Condesa, señalando a Elena con un dedo enjoyado—. Acércate. Me resultas familiar de una forma que me resulta... molesta. ¿Quiénes son tus padres?

POV: ELENA

La pregunta de la Condesa me golpeó como una bofetada. El sudor frío empezó a perlar mi frente.

—Mis padres son personas humildes, señora —respondí con la voz temblorosa—. Gente de campo que no frecuenta estos lugares.

—Ya veo. La genética es caprichosa, a veces imita facciones que no le pertenecen —añadió ella con desdén.

De repente, un olor intenso inundó la habitación. El Conde estaba almorzando un filete de salmón que acababan de traer. Para cualquier persona sería un aroma normal, pero para mí, fue el detonante.

El estómago se me contrajo violentamente. Sentí que el piso se movía.

—¿Doctora Valente? —la voz de Sebastián sonó distante, como si estuviera bajo el agua.

Me tapé la boca con la mano, soltando el expediente. Los papeles volaron por el suelo de la suite VIP. No pude evitarlo. Salí corriendo de la habitación hacia el baño del pasillo, escuchando la risa burlona de la Condesa a mis espaldas.

—¡Qué falta de educación! ¿Esto es lo que el Hospital Real entrena ahora? —gritó ella.

POV: SEBASTIÁN

No me quedé a escuchar las quejas de los Monteclaro. Salí de la suite ignorando los llamados de Arturo Monteclaro y seguí a Elena. La encontré en el baño de personal, apoyada contra un lavabo, temblando.

Entré y cerré la puerta con seguro.

—¡Sal de aquí, Sebastián! Es el baño de mujeres —dijo ella, tratando de recuperar el aliento. Tenía los ojos rojos, empañados por las lágrimas.

—Me importa una mierda el protocolo —me acerqué a ella, acorralándola contra el mármol del lavabo—. Elena, mírame. Estás pálida, te mareas con los olores, huyes de mí... ¿Qué está pasando?

—¡Es estrés! ¡Es el hambre de mi infancia que me pasa factura! —gritó, tratando de empujarme.

Le tomé las manos. Estaban heladas. Pero mis ojos bajaron a su vientre. No había nada visible aún, pero ella se cubría esa zona como si protegiera un tesoro. Un pensamiento absurdo, imposible y a la vez lógico, cruzó mi mente.

—Esa noche en la sala de descanso... —susurré, bajando la voz. Mi corazón latía con una fuerza salvaje—. Elena, ¿estás enferma o estás guardando algo que me pertenece?

—No te pertenece nada, Sebastián —respondió ella con un hilo de voz, pero sus ojos la traicionaron. El miedo en ellos era una confirmación silenciosa.

En ese momento, alguien golpeó la puerta con insistencia. Era la voz de mi madre, Doña Beatriz.

—¡Sebastián! ¡Sé que estás ahí con esa chica! ¡Sal ahora mismo! Los Monteclaro están ofendidos y tu padre está perdiendo la paciencia.

Elena me miró, suplicante.

—Si me ayudas ahora, me hundirás —me dijo en un susurro—. Vete. Por favor........

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Angelica Canquiz
me encanta🎁😘🇻🇪
yzil: gracias por tu apoyo soy nueva en esto ☺️👏
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Aurora Rico
Fastidia que siendo profesionista no tengan cerebro, 🤔😤 se necesita 2 dedos de frente para sumar 1+1
yzil: me gusta que interactúen con los personajes ☺️👏
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