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Bajo La Máscara De La Venganza.

Bajo La Máscara De La Venganza.

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / CEO / Completas
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un mundo donde la traición y el deseo son moneda corriente, una mujer se alza entre las sombras para reclamar su lugar en el trono del poder, desatando una tormenta de venganza y seducción.

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Capítulo 04

El Palacio de Cristal resplandecía bajo la luz de mil lámparas de araña, un monumento a la opulencia que servía de escenario para la Gran Gala Anual de Beneficencia. Era la noche donde la crema y nata de la sociedad se reunía para limpiar sus conciencias con cheques de seis cifras mientras bebían champán que costaba más que el salario anual de sus empleados. Para Clara Mendoza, este evento era un campo de batalla alfombrado en terciopelo rojo.

Clara se detuvo un segundo frente al espejo del vestíbulo, ajustándose el vestido de seda color azul medianoche. El corte era asimétrico, dejando al descubierto su hombro derecho y ocultando estratégicamente la cicatriz del izquierdo. Sus labios estaban pintados de un rojo tan intenso que parecía sangre fresca, y sus ojos, tras una fina capa de maquillaje ahumado, proyectaban una frialdad que ninguna joya podría igualar.

—Recuerde, jefa —murmuró Esteban a sus espaldas, impecable en un esmoquin que disimulaba el bulto de su arma bajo la axila—. Esta noche usted es solo la exitosa empresaria de logística que atraviesa un "bache personal". Los ojos de los Beltrán estarán sobre usted, buscando cualquier signo de debilidad.

—No verán nada que yo no quiera mostrarles, Esteban —respondió ella, enderezando la espalda. El dolor que sentía en el pecho por la traición de Julián estaba allí, pero lo había comprimido en una pequeña esfera de hielo que ahora usaba para enfriar su voluntad—. La máscara está puesta.

Al entrar en el salón principal, el murmullo de las conversaciones se atenuó por un instante. Clara Mendoza siempre exigía atención, incluso sin intentarlo. Era la encarnación del poder femenino: elegante, distante y peligrosamente inteligente. Caminó entre la multitud, aceptando saludos hipócritas y sonrisas de plástico con una cortesía mecánica.

Entonces lo vio.

Julián estaba en el centro de un círculo de inversores, riendo con esa seguridad arrogante que a ella tanto le había gustado alguna vez. Lucía un traje de diseñador que ella misma le había ayudado a elegir semanas atrás. Al verla, su expresión cambió por una fracción de segundo; una mezcla de miedo, culpa y una ambición que ya no se molestaba en ocultar. Se despidió del grupo y caminó hacia ella con paso firme.

—Clara —dijo él, su voz cargada de una familiaridad que ahora le resultaba repulsiva—. No estaba seguro de que vendrías después de... bueno, de nuestra última charla.

—Esta es mi gala, Julián —respondió ella, su voz era un hilo de seda afilado—. Yo construí los cimientos de este evento, al igual que construí tu carrera. Sería una descortesía no venir a ver cómo intentas jugar a ser el rey.

Julián se acercó un poco más, bajando la voz. El olor de su perfume, el mismo que ella le regaló por su aniversario, la golpeó como una bofetada.

—No lo hagas más difícil de lo que tiene que ser. Los Beltrán están dispuestos a mantenerte como consultora externa. Puedes retirarte con dignidad, vivir una vida de lujo sin las presiones del puerto. Solo tienes que firmar el traspaso final mañana.

Clara soltó una carcajada baja, una que no llegó a sus ojos.

—¿Consultora? Me ofreces las migajas del banquete que yo misma cociné. Tienes valor, Julián, te lo concedo. Pero confundes mi silencio con derrota. Disfruta de esta noche, porque es el punto más alto al que llegarás jamás.

—Estás amargada, y lo entiendo —replicó él, tratando de recuperar su superioridad—. Pero el mundo de los negocios no se mueve por sentimientos. Los Beltrán son el futuro, y tú... tú te has vuelto demasiado cautelosa. Demasiado "sombra". La gente quiere ver rostros, Clara. Y ahora, el rostro de Mendoza Logistics soy yo.

—Un rostro que pronto será olvidado —sentenció ella, dándole la espalda para tomar una copa de una bandeja que pasaba.

Mientras se alejaba de Julián, sintió una presencia pesada a su lado. No era Esteban. Era un aroma a tabaco turco y cuero que reconoció de inmediato. Gabriel Silva estaba allí, luciendo extrañamente fuera de lugar en un esmoquin, como un lobo disfrazado de perro guardián.

—Parece que tu ex-socio tiene mucha prisa por cavar su propia tumba —susurró Gabriel, inclinándose hacia ella como si compartieran un secreto íntimo—. Mis hombres están apostados en las salidas. Si me das la señal, podemos terminar esto en el estacionamiento.

—No —dijo Clara con firmeza, aunque su corazón dio un vuelco al ver la determinación en los ojos de Gabriel—. No aquí. No quiero sangre en mis zapatos de mil dólares. Esta noche es para sembrar la duda, no para cosechar cadáveres. ¿Tienes lo que te pedí?

Gabriel asintió levemente, señalando con la mirada a un hombre canoso que bebía solo cerca de la orquesta. Era el Ministro de Transporte, un hombre cuya firma era necesaria para legalizar cualquier movimiento en los muelles.

—Él es el eslabón débil de los Beltrán —dijo Gabriel—. Tiene una debilidad por las deudas de juego que no puede cubrir. Le entregué el sobre con las fotos de sus reuniones privadas en mi casino. Está aterrorizado. En cuanto tú le hables, hará lo que sea para que no entregue ese material a la prensa.

Clara asintió. Ese era su verdadero mundo. Mientras Julián se pavoneaba frente a las cámaras, ella movía los hilos que sostenían las marionetas del poder real.

—Buen trabajo, Gabriel. Ahora, intenta parecer un invitado normal. Estás asustando a las damas de la beneficencia con esa cara de asesino.

—Solo me interesa asustar a los que te lastimaron —respondió él, y por un momento, la dureza de su voz desapareció, dejando ver una chispa de una lealtad que iba mucho más allá de su alianza criminal.

Clara caminó hacia el Ministro, desplegando su red de manipulación con la precisión de una cirujana. Durante la siguiente hora, navegó por la gala manteniendo su doble vida con maestría. A ojos del mundo, era la empresaria derrotada buscando consuelo en contactos políticos; en realidad, estaba cortando los suministros de aire de sus enemigos.

Sin embargo, mantener la máscara agotaba. Cada vez que veía a Julián acercarse a otros socios, susurrando mentiras sobre la "salud mental" de Clara para justificar el cambio de mando, una furia volcánica amenazaba con estallar. Le dolía la traición en lo más profundo de su ser, no porque aún lo amara, sino por la decepción de haber permitido que alguien tan mediocre lograra engañarla.

Cerca de la medianoche, Clara se retiró a un balcón privado que daba a los jardines. Necesitaba el aire frío para disipar el calor de la rabia.

—Es una carga pesada, ¿verdad? —La voz de Gabriel la sorprendió. Él la había seguido, manteniendo su distancia pero siempre presente.

—¿Qué cosa? —preguntó ella sin mirarlo.

—Llevar el peso de todo este imperio sobre tus hombros y fingir que solo te preocupa el color de las cortinas —Gabriel se puso a su lado, mirando hacia la oscuridad del jardín—. Te vi ahí dentro. Eres la mejor actriz que he conocido, Clara. Pero tus ojos te delatan. Quieres quemar este lugar hasta los cimientos.

—A veces pienso que sería más fácil —confesó ella, dejando caer la máscara por un breve instante. Su voz sonó cansada, humana—. A veces desearía que mi padre nunca hubiera tenido esos camiones. Que yo fuera solo una mujer normal, en una gala normal, con un hombre que no quisiera venderme al mejor postor.

Gabriel se acercó y, por primera vez, se atrevió a tocarla. Puso su mano sobre la de ella en la barandilla de piedra. Su piel estaba caliente, llena de una vitalidad bruta que la hizo estremecerse.

—Una mujer normal no habría sobrevivido a Veracruz, Clara. Tú no eres normal. Eres una fuerza de la naturaleza. Y respecto a ese hombre... Julián no es un hombre, es un parásito. Y los parásitos se eliminan.

Clara miró la mano de Gabriel sobre la suya. En ese momento, en la penumbra del balcón, la línea entre aliados y algo más se volvió peligrosamente borrosa. La soledad de su posición como líder de la mafia más temida era un desierto frío, y el calor que Gabriel emanaba era una tentación casi insoportable.

—Mañana empieza el juego de verdad, Gabriel —dijo ella, retirando suavemente su mano, volviendo a ponerse la armadura de "La Sombra"—. Esta noche las máscaras han servido para ocultar nuestros planes. Pero mañana, cuando el sistema de los Beltrán colapse, ya no habrá secretos que guardar.

—Estaré allí —prometió Gabriel—. En las sombras o a tu lado. Tú eliges.

Clara lo miró una última vez antes de regresar al salón. El brillo de la gala ya no la deslumbraba. Sabía que detrás de las luces y los diamantes, el mundo era un lugar oscuro y despiadado, y ella era la reina de esa oscuridad. Julián creía que había ganado la partida en el mundo de la luz, pero no comprendía que la verdadera guerra se libraba donde él no podía ver.

Al volver a entrar, se cruzó con Julián una última vez. Él le dedicó una sonrisa de lástima, como quien se despide de un barco que se hunde. Clara le devolvió una sonrisa enigmática, la sonrisa de quien sabe que ha puesto una carga explosiva en la línea de flotación de ese mismo barco.

—Buenas noches, Julián —susurró ella al pasar por su lado—. Sueña con tu imperio mientras puedas.

Bajó las escaleras del palacio seguida por Esteban, dejando atrás la música y las risas falsas. La gala había terminado, las máscaras habían cumplido su función. Ahora, el tablero estaba listo para el primer movimiento real. Clara Mendoza ya no era la mujer traicionada; era el arquitecto de una caída que la ciudad recordaría por décadas. El juego del poder estaba a punto de volverse sangriento, y ella tenía el control de cada gota de tinta y de sangre que se derramaría.

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Equipo Motorola
excelente felicitaciones escritora, muy diferente a todo lo recurrente, solo me quedo la duda de Julian, osea, no murió jajaja
Mar Sol
Al igual que Julián, hay otra persona que no sabe de lealtad, la ambición es tan fuerte que no le importó vender información a los enemigos de Clara.
Mar Sol
¡¡Que interesante!! ¡¡esto apenas va a empezar!!
Mónica Aulet
Que fuerte!!
Mónica Aulet
Y que se queme todo!!!!
Mónica Aulet
Impresionante ,la verdad que me tiene atrapada la historia.
Irma Ruelas
❤️😍😍😍😍😍😍
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