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SANADOR DESCARTADO

SANADOR DESCARTADO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Invocado a otro mundo como sanador, fue descartado por su propio equipo por no hacer daño.
Herido y abandonado en la frontera, comenzó a curar a quienes nadie miraba: plebeyos, soldados rotos, niños enfermos.
Con conocimientos del mundo moderno y una magia que evoluciona al salvar vidas, su nombre empieza a recorrer el reino.
Cuando la guerra y la peste alcancen la capital, descubrirán que descartaron al único que podía salvarlos.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: Cuando las manos no alcanzan

El primer grito no vino de la fiebre.

Vino de una mujer que había pasado la noche arrodillada junto a su esposo, observando cómo el pecho de él subía y bajaba con una respiración cada vez más débil, como si el aire mismo se estuviera cansando de entrar en su cuerpo.

Ren estaba lavándose las manos con el agua hervida que ya apenas humeaba cuando escuchó el alarido. No fue un grito limpio. Fue un sonido quebrado, animal, de esos que no piden ayuda: anuncian que ya es tarde.

—¡No… no… despierta! ¡Por favor, despierta!

Ren corrió.

El hombre yacía en el suelo de la choza de Brunn, con la piel cenicienta, los labios amoratados. El sudor frío le empapaba el torso. Ren se arrodilló junto a él, apoyó dos dedos en el cuello. Buscó pulso. Luego en la muñeca.

Nada.

El silencio que siguió al grito fue más pesado que cualquier ruido. La mujer se aferró al cuerpo de su esposo, sacudiéndolo con una fuerza desesperada, como si pudiera arrancarlo de la muerte con puro amor.

—¡Sánalo! —gritó hacia Ren, con los ojos enrojecidos—. Dijiste que ayudarías… ¡sánalo!

Ren abrió la boca. No salieron palabras.

Sabía reconocer la muerte. La había visto demasiadas veces. Pero saber no hacía que doliera menos. Colocó una mano en el pecho del hombre. La piel ya estaba perdiendo calor.

—Lo siento… —susurró.

Ese “lo siento” se perdió entre los sollozos de la mujer y el murmullo que empezó a crecer alrededor. Familiares que habían estado esperando afuera se precipitaron dentro. Un niño se aferró a la pierna del cadáver, sin entender por qué su padre no respondía.

—Papá… —dijo, con una vocecita que se le clavó a Ren en el pecho—. Papá, me prometiste…

Ren sintió que algo dentro de él se quebraba con un sonido silencioso.

La madre del niño cayó de rodillas. Sus manos temblaban tanto que no podía ni siquiera cerrar los ojos del muerto.

—¡No te lo lleves! —gritó hacia el techo, hacia un dios que no contestaba—. ¡Te daré lo que sea, por favor!

Ren apartó la mirada. El sudor le corría por la sien. El aire en la choza era espeso, cargado de olor a enfermedad, a lágrimas, a miedo.

Afuera, la noticia corrió rápido. Como una ola sucia. La gente empezó a reunirse frente a la casa. Unos pedían que Ren entrara a ver a sus enfermos. Otros lloraban a los que ya no respiraban. Los gritos se superponían, formando un caos de voces rotas.

—¡Mi madre no deja de vomitar!

—¡Mi hijo no despierta!

—¡Por favor, no se muera, por favor!

Ren salió de la choza con el pecho apretado. El sol caía implacable sobre el polvo del camino, pero él tenía frío. Un frío que no venía del aire, sino de la impotencia.

—Uno por uno —dijo, alzando la voz, aunque sentía que no le pertenecía—. Si todos gritan, no puedo ayudar a nadie.

Nadie lo escuchó al principio.

Una mujer se le lanzó encima, agarrándole la túnica.

—¡Prometiste! ¡Prometiste que nos salvarías!

Ren no se apartó. Soportó el tirón, el temblor de esas manos que no buscaban dañarlo, sino aferrarse a la última esperanza que tenían.

—No prometí eso —dijo, con voz baja, rota por el cansancio—. Prometí no mirar a otro lado.

La mujer se derrumbó, llorando contra su pecho. Ren sintió la tela empaparse de lágrimas. El sudor le recorría la espalda. Sus piernas empezaban a fallarle.

Dentro de otra choza, un anciano deliraba, llamando a su esposa muerta desde hacía años. En la esquina, una joven vomitaba sin fuerzas. Ren iba de uno a otro, con las manos enrojecidas por el agua caliente, la garganta seca de tanto dar instrucciones, los ojos ardiendo por el humo de las hogueras donde hervían el agua.

—Agua… despacio —repetía—. Respira conmigo… mírame… no cierres los ojos.

El llanto no se detenía. Cada vez que salía de una casa, alguien nuevo se arrodillaba frente a él, suplicando. No pedían milagros. Pedían tiempo.

El sudor le empapaba la ropa. La herida del costado latía con cada movimiento. A ratos, la visión se le nublaba. Se apoyaba en la pared un segundo, respiraba, y volvía a entrar en otra casa.

Cuando la noche cayó, el caos no había disminuido. Las antorchas iluminaban rostros hinchados de tanto llorar. Un joven abrazaba el cuerpo sin vida de su hermana. Un anciano golpeaba el suelo con los puños, murmurando el nombre de su hijo.

Ren se quedó de pie en medio del camino, con las manos temblando. Sentía el cuerpo al límite. El maná se le había agotado hacía horas. Lo que quedaba era pura voluntad.

—No alcanza… —murmuró, con la voz rota—. No alcanza…

La anciana de Lorn, que había venido con él, le tomó el rostro con ambas manos.

—Para ellos no alcanzará nunca —dijo, con lágrimas en los ojos—. Pero para los que aún respiran… tú eres todo.

Ren cerró los ojos. Una lágrima se le escapó sin que pudiera detenerla. No era por el muerto. Era por todos los que no llegaría a tiempo de salvar.

Volvió a entrar en la choza donde el niño seguía luchando por respirar. Se arrodilló a su lado, empapado en sudor, con las manos temblando, la vista cansada.

—No te vayas… —susurró—. Quédate. Quédate un poco más.

Y por primera vez desde que llegó a ese mundo, Ren rezó. No a un dios. A la vida misma.

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Elba Lucia Gomez
no come? enfermo atendiendo? débil? no se......
btcclic cuenta3
Espero los próximo nuevos capítulos, welcome, perfec./Scare/
Annyely
gracias , tratare de publicar otro isekai este mes, para que me sigas apoyando☺️
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
Excelente.
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