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Arde El Cielo

Arde El Cielo

Status: Terminada
Genre:Fantasía LGBT / Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞Esto es sólo fantasía. Personajes e historia ficticia.🔞⚠️
🔞🚫No me denuncien por hechar volar mi imaginación.🚫🔞

Natt, no solo renuncia a su hogar, sino a su propia naturaleza, por una conexión ni él mismo entiende...

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Un mundo que no estaba listo para su amor

La luz del sol de la mañana en Dion City no era dorada ni gloriosa. Era un gris pálido que se filtraba a través de la persiana rota del apartamento de Dag. El silencio era absoluto, roto solo por el goteo de un grifo que necesitaba reparación y el sonido de una respiración pesada, casi metálica.

Dag despertó con el cuello entumecido. Se había quedado dormido sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra el borde de la cama y su mano aún envuelta alrededor de los dedos de Natt. Al abrir los ojos, el recuerdo de la noche anterior lo golpeó como un impacto físico: el callejón, las alas ardiendo, el ángel cayendo desde la gracia.

Miró hacia la cama. Natt seguía allí, pero ya no parecía el guerrero imponente. Sin su armadura oscura, que ahora yacía amontonada en un rincón como chatarra vieja, el ángel se veía extrañamente humano y, a la vez, dolorosamente ajeno. Su piel, blanca como la cal, estaba marcada por las grietas doradas que ahora parecían cicatrices. Las sábanas baratas de Dag estaban manchadas de una sustancia brillante, una mezcla de sudor y esa sangre celestial que se negaba a secarse.

De repente, los dedos de Natt se tensaron. Sus ojos se abrieron de golpe. No eran los pozos de oro de la noche anterior. Ahora tenían un matiz más ámbar, más cercano al color de la miel.

-No... no respiro.- Jadeó Natt, sentándose bruscamente.

Se llevó una mano al pecho, apretando la camiseta vieja que Dag le había puesto mientras estaba inconsciente. Sus ojos estaban desorbitados, llenos de pánico.

-Tranquilo, respira lento.- Dijo Dag, poniéndose de pie con dificultad por el entumecimiento de sus piernas -Estás vivo. Solo es... aire. Estás respirando aire humano.-

Natt lo miró, y por un segundo, Dag temió que el ángel lo atacara. Pero la furia no llegó. Lo que vio fue una confusión devastadora. Natt bajó la mirada hacia sus manos, moviendo los dedos como si no sabía utilizar.

-Siento... todo.- Susurró, su voz era áspera, humana -Siento el peso de mis huesos. Siento el frío del aire en mi piel. Siento el latido de esta... esta carne, en mi pecho. Es ensordecedor.-

Dag se acercó con cautela. Sabía que para un ser que había vivido en la armonía eterna del Cielo, la biología humana debía sentirse como una prisión ruidosa y caótica.

-Es tu corazón. Bienvenido a la mortalidad.-

Natt intentó levantarse de la cama, pero en cuanto sus pies tocaron el suelo frío, sus rodillas cedieron. Dag reaccionó rápido, atrapándolo por la cintura antes de que golpeara el piso. El contacto físico fue eléctrico. El cuerpo de Natt emanaba un calor abrasador, como si tuviera una fiebre permanente, pero su piel estaba extrañamente suave.

-Déjame- Gruñó Natt, aunque sus manos se aferraron instintivamente a los hombros de Dag para no caer -Un guerrero de la Primera Orden no se arrodilla ante la gravedad.-

-Un guerrero de la Primera Orden no tiene la espalda quemada ni ha pasado una noche en un colchón de segunda mano.- Replicó Dag con una pizca de ironía para ocultar su nerviosismo -Siéntate. Te traeré algo de comer.-

Natt se dejó guiar de vuelta al borde de la cama, observando a Dag moverse por la pequeña cocina. El ángel estaba fascinado y horrorizado a la vez. Cada movimiento del chico era fluido, natural. Para Dag, existir era sencillo. Para Natt, cada segundo era un esfuerzo consciente por no desmoronarse.

-¿Por qué me ayudas?- Preguntó Natt de repente, rompiendo el silencio -Deberías haberme dejado en ese callejón. Si el Cielo descubre que me ocultas, no solo me castigarán a mí. Te borrarán a ti también. No quedará ni el polvo de tu existencia.-

Dag se detuvo frente a la estufa, sosteniendo una taza de té humeante. Se giró para mirar a Natt. El sol pálido iluminaba el rostro del ángel, resaltando su belleza inhumana y la tristeza que ahora lo envolvía como una capa.

-Ya te lo dije anoche.- Respondió Dag en voz baja -Toda mi vida me he sentido como un fantasma. Si me borran ahora, al menos habré hecho algo que valió la pena. Me salvaste cuando tu trabajo era matarme. Eso me hace responsable de ti, supongo.-

Dag se acercó y le extendió la taza. Natt la tomó con ambas manos, mirando el líquido oscuro con sospecha.

-Bebe. Te ayudará con el frío.-

Natt probó el té. El calor del líquido bajando por su garganta le provocó un escalofrío. Cerró los ojos, saboreando algo por primera vez en su existencia. No era el néctar de las leyendas, sino algo terroso, amargo y real.

-Es... extraño.- Murmuró Natt -Todo en este mundo tiene un peso. El sabor, el olor de este lugar... hueles a papel viejo y a lluvia.-

Dag se sonrojó levemente y apartó la mirada. La intensidad con la que Natt lo observaba era difícil de soportar. El ángel no tenía los filtros sociales de los humanos.  Miraba con una honestidad brutal que desnudaba el alma de Dag.

-Es la biblioteca.- Explicó Dag -Paso demasiado tiempo entre libros que nadie lee.-

Natt dejó la taza en la mesita de noche y, con un esfuerzo visible, se puso de pie nuevamente. Esta vez logró mantener el equilibrio, aunque caminaba con una rigidez que delataba su dolor. Se acercó a la ventana y movió la persiana para mirar hacia afuera.

La calle estaba llena de gente apurada, coches haciendo sonar sus bocinas y el caos cotidiano de una ciudad que no sabía que un príncipe del cielo estaba escondido a pocos metros.

-No hay señales de ellos.- Dijo Natt, su tono volviéndose sombrío -Hrim es paciente, pero no es misericordioso. El hecho de que no hayan enviado a nadie todavía significa que están observando. Quieren ver cuánto tiempo aguanto antes de suplicar por el perdón.-

-¿Volverías?- Preguntó Dag, acercándose a él -Si Hrim te ofreciera tus alas de nuevo, si te quitara este dolor... ¿regresarías al Edén?-

Natt se giró lentamente. La distancia entre ellos desapareció. Dagg podía sentir el calor radiante que emanaba del pecho del ángel, ese "Cielo" que seguía ardiendo dentro de él. Natt extendió una mano y, con una delicadeza que hizo que a Dag se le cortara la respiración, rozó la mejilla del chico con el dorso de sus dedos.

-Corté la cadena, Dag.- dijo Natt con una voz profunda que vibró en el aire -Un ángel que ha visto la luz en los ojos de un mortal ya no puede encontrar consuelo en las estrellas frías. No volveré. Aunque el fuego me consuma, prefiero arder aquí, contigo, que reinar en un lugar donde tú no existes.-

Dagg sintió que su corazón daba un vuelco. La belleza de la declaración mezclada con el conocimiento de que ambos estaban marcados para la tragedia.

Natt retiró la mano, como si se hubiera dado cuenta de que su toque podía ser demasiado para un humano. Se sentó en el sofá viejo, rodeado de los libros de Dag,  y por primera vez en toda la mañana, pareció relajarse un poco.

-Enséñame- Dijo Natt, señalando un libro que estaba sobre la mesa -Enséñame cómo viven los que no tienen alas. Si voy a ser un hombre, quiero aprender a serlo de la misma manera en que tú lo haces.-

Dag sonrió, una sonrisa pequeña y genuina que iluminó su rostro cansado. Se sentó a su lado, abriendo el libro. Por ahora, el cielo estaba en silencio. No había trompetas, ni juicios, ni fuego cayendo de las nubes. Solo estaban ellos dos, un chico roto y un ángel caído, compartiendo el calor de una mañana gris en un mundo que no estaba listo para su amor.

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💗🌷Lizi🌷💗
No manches amor a primer intentó de asesinato 🤭😶
Skay P.: Así son las cosas.😄
Es como "...me quiso robar el celular, pero nos enamoramos y ahora estoy embarazada".😅🤞
total 1 replies
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