Damon despierta como Edward un vampiro débil y frágil, pisoteado por todos, el siendo mafioso más temido y el más Sádico, les demostrará quien manda.
Bill un vampiro violento y agresivo qué es manipulado por su amada Roselia pero ella solo lo ve como marioneta, hasta que un encuentro con Edward lo cambia todo.
¿Cual será el destino de ambos?
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Secretario del emperador
En la mansión Edward entrena su magia de fuego y hielo mientras en unas esquinas están las sirvientas en columnas por si después el necesitará de algo hasta que el Duque se acerca muy serio.
-Tienes que ir a la reunión, su majestad esta furioso y asesino a su secretario, así que te ordenó que vayas en nombre de la familia —Habla el Duque muy serio.
-Padre tienes miedo de la ira de su majestad —Sínico. - Qué cobarde, pero padre en este mundo es dar y recibir, así que dime que gano yo.
- ¡Tú!... —Enojado. - Que quieres ¿dinero?
-Quien se conforma con algo tan insignificante, quiero que me nombres tu heredero. —sonrie con brillos en sus ojos.
-¡Ese es imposible! —Enojado.
-Entonces no iré, además padre tu solo tienes dos hijos, piensas darle tú herencia a una mujer que solo se le gasta en fiestas, joyas y vestidos o a mi que soy tu único hijo varón que dejará en alto el apellido de la familia.
-Tal vez tengas razón. —Pensativo. - Si te ganas el favor del emperador te nombraré mi heredero ante toda la sociedad.
-Bien —Edward aplaude y de inmediato una sirvienta le entrega una hoja. - Firma.
-Vaya que tengo un hijo precavido —Firma con una sonrisa. - me gusta.
~En el palacio~
Edward baja de su carruaje y es guiado para entrar a la sala, en al camino no para de observar el lujo, las cortinas y se da cuenta que el palacio es mucho más grande de su imaginación y con un suspiro susurra.
-Muy pronto todo esto será mio.
Sigue caminando y ve como una sirvienta es lanzada atravesando la ventana mientras el emperador no deja de insultarla a todo volumen.
Edward se acerca un poco a la sirvienta notando qué aparte de parecer lamentablemente, tiene una mirada firme y cargado de ira hacia la emperatriz Roselia, quien la mira con burla y satisfacción para que al final todos siguen su camino y el emperador entra al salón seguido de su emperatriz.
-¡Maldita!¡Algun día me las pagarás!
-Que interesante, si sabes que su majestad te condenaría a la muerte, que acaso no quieres vivir. —Habla Edward con una sonrisa maliciosa.
-Que importa, mi vida ya no tiene sentido, esa maldita se metió con mi cuñado causando el suicidio de mi hermana y ahora me hace la vida imposible —llora.
-Jajajaj, Vaya así que la emperatriz es toda una perra y el emperador estúpido cachudo —Mira fijamente a la chica. -Quieres vengarte de la emperatriz.
-¿Qué?, —Sorprendida. -¿Quien eres?
-Edward Howard el futuro emperador de este reino —habla con una sonrisa. - quieres venganza, yo te lo puedo dar, pero no hago nada gratis, piénsalo hasta que termine la reunión.
Con eso, dicho Edward entra a la sala donde todos tiemblan y no saben qué decir ni como calmar la ira de su emperador, pero él entra con la cabeza en alto y firme mirando a los ojos del emperador Bill el villano de esta historia.
-Lamento la tardanza, me entrenteni con algo interesante —Sonrie sinico.
- Que descaro de tú parte. —habla Bill muy serio. - Qué tu padre no te enseñó modales.
-No sea así majestad, a todos nos puede pasar,—sonríe malicioso.
El emperador bufa y lo manda a tomar asiento mientras continúa con lo qué estaban hablando antes de que Edward llegara.
-Bien ¿quién será mi secretario?, alguien que se ofrezca voluntariamente.
Todos alrededor bajan la cabeza esperando otra vez la furia del emperador, ya que es muy conocido por matar a sus secretarios en cuanto lo hace enojar y nadie quería tener ese destino ni sus hijos.
-¡Yo me ofrezco!, yo seré el secretario del emperador.
Todos voltean a velo sorprendido susurrando entre ellos y captando el interés del emperador que le mira fijamente, pero siente un escalofrío cuando Edward le mira fijamente a los ojos, esos ojos rojos tan vivos como la sangre.
-No tienes miedo de mi —Habla Bill
-Para mi es todo un honor en servir a su majestad y el que no está dispuesto es un idiota. —Habla Edward con una sonrisa.
-Bien, empezarás mañana.
Bill sale de la sala casi huyendo, mientras Edward ignora a todos como si fueran insectos ofendiendo a muchos, pero a él resta importancia.
Caminado por los pasillos se encuentra con la misma sirvienta que se topo en la mañana con una mirada firme habla.
-Me llamo Sira y acepto unirme a ti, si con esto consigo mi venganza, haré lo que quieras. - Habla seria y firme.
-En este palacio, tú serás mis ojos y oídos, primero busca a más sirvientas qué al igual que tu, le tengan un rencor y desean venganza, mientras más mejor.
Con eso dicho Edward se va del palacio dejando a la sirvienta atrás quien le mira con algo de admiración para luego apretar su collar de su cuello.
-Hermanita definitivamente te vengare.