Lara Lance una joven de 16 años, decide abrazar su destino e irse a estudiar su último año de secuencia en Londres, ya que se le ha informado que está comprometida con el hijo de los Ross, Ricardo Ross, decidida deja Brighton y se va a Londres con su tío, lo que ella no esperaba era que su prometido, parecía no conocer de su compromiso y que además tenía novia.
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Capitulo 3: Malos Inicios
Alexis me puso a un lado, y le dio, le tiró un golpe al otro chico; por suerte no le dio, así que me puse en el medio, para que las cosas no fueran a más.
—¡Alexis!, no te metas en problemas; a palabras necias, oídos sordos, y vamos rápido, que en la primera hora tengo que coger los exámenes de nivelación.
Dicho eso, lo volví a agarrar del brazo, y caminé rápido para que no se pudiera detener. Ya dentro del edificio principal, Alexis me llevó al salón que nos correspondía; en ese momento ya eran las ocho en punto y el timbre para la primera hora llegó.
La profesora había llegado, y unos pocos de los que serían mis nuevos compañeros.
— Señorita Wilson, llego justo a tiempo; pon tus cosas en el escritorio al lado de Alexis, trae solo lápiz, bolígrafo y una goma y siéntate ahí. (Señaló su escritorio con un dedo).
— Claro.
Alexis, me llevó al último escritorio de atrás, puse mis cosas en el lado izquierdo, donde estaba la ventana, tomé las cosas que la profesora me dijo y me senté en su escritorio; ella me puso en frente tres libros de exámenes con diferentes asignaturas, era para evaluar mi nivel académico.
Después que comencé a llenar los cuadernos de pruebas, no volví a levantar la cabeza hasta que había terminado una hora y media después. El salón estaba lleno, pero me llamó poderosamente la atención que me tope con una mirada tan fría como el acero.
—Termino, señorita Wilson.
— Sí.
—Puede volver a su asiento.
Me levanté del asiento, puse mi mirada en la pared del fondo y caminé entre los escritorios hasta que llegué a donde estaba Alexis. Rodeé el escritorio y me senté en mi asiento; entonces la profesora comenzó a hablar.
—Este es el último año de todos ustedes; espero que se comporten y que se esfuercen para entrar en buenas universidades. La señorita Wilson es una nueva estudiante; espero que todos la traten bien.
—Pero profesora, esta nueva compañera como que se le paró el crecimiento, es la más pequeña de todo el curso, ni siquiera iguala el tamaño de las otras chicas, ¿es eso normal?
Todos se voltearon a mirarme y se reían; Alexis apretó los puños. Yo le puse una mano en uno de sus puños y le dije en voz baja.
—No te dejes provocar.
Después de muchas risas y miradas que me medían por todas partes, la profesora se incomodó y dijo.
—¡Basta! (Todos hicieron silencio y miran al frente). Respondiendo a la pregunta algo maliciosa de Ricardo, es normal que la señorita Wilson sea más pequeña, ya que solo tiene 16 años, y todos aquí tienen 18 años y algunos casi 19 años.
«¿Ricardo? Hasta el momento se ha mostrado como una persona problemática y burlona; tendré que seguir observándolo»
—Entonces es una rata de biblioteca, ja, ja, ja, no lo parece. Dijo Ricardo con tono burlón.
—Yo pensaba que para ver un payaso se tenía que ir al circo, pero al parecer me equivoque.
Fue inevitable que mis compañeros estallaran en risas; incluso Alexis comenzó a reírse de Ricardo. Él no lo pudo soportar y le dio un manotazo a su mesa de escritorio; el ruido hizo que los compañeros se callaran, él parecía estar furioso; sin embargo, en ese momento, no pude evitar decir algo más.
—Qué diferente actúa una persona cuando pasa de ser el burlón a ser el burlado.
Después de eso, hubo silencio; la profesora cortó el tema y comenzó a explicar un tema importante para entrar en una buena universidad. La mayoría estaban concentrados en eso, pero de vez en cuando me topaba con la mirada cortante de Ricardo. El timbre sonó a las doce del mediodía; era tiempo de ir a almorzar.
El salón de clase se vació de inmediato; antes de darme cuenta, Ricardo había salido. Me levanté con mi lonchera, mi monedero y mi celular; Alexis estaba medio dormido. Lo agarré de un brazo y lo saqué del aula; ya en el patio vi un lugar solitario y tranquilo que sería bueno para almorzar.
—¿No vas a la cafetería? —me preguntó Alexis.
—No me gustan los lugares con muchas personas; iré a sentarme en aquel lugar. (Le señala la mesa de piedra rodeada de bancos de piedra debajo de un árbol). Puedes ir a la cafetería y comprarme una botella de agua; yo traje sándwich para los dos.
—Está bien.
Llegué a donde me quería sentar; el lugar era tranquilo y parecía que no había nadie a mi alrededor. Puse la lonchera sobre la mesa de piedra, la abrí y saqué mi jugo de naranja; comencé a tomármelo. Todo iba bien hasta que se me aparecieron unas chicas.
—Entonces tú eres la nueva.
Una chica de pelo rubio y sus dos amigas me miraban por encima del hombro, como si ellas fueran seres superiores y yo una cucaracha bajo sus pies. No me sentí mal, ya que todo lo tomo de quién viene.
—Estoy hablando contigo, solo llevas un día aquí, y todo el mundo habla de ti, y de que estás molestando a mi novio.
Cruzo los brazos y me mostró una muy mala actitud; las otras dos a su lado hacían las mismas poses, parecían copias malas de la película “Chicas malas”. En mi interior me daba risa; no me conocían, y me atacaban como si yo fuera la enemiga, lo que me parecía una actitud ridícula.
—¡Oye!, te estoy hablando; cuando yo hablo, los demás me ponen atención. Es que nadie te ha dicho quién manda aquí.
—Hasta donde yo sé, aquí manda el rector.
«Es muy diferente aquí, en mi antigua escuela nadie me molestaba, yo no tenía que lidiar con esto solo me dedicaba a lo mío, que solo era estudiar, y no tenía amigos, pero tampoco enemigos, aquí apenas llegue ya he tenido este tipo de situaciones, siento que estas personas son arrogantes, pero incapaces y basan su actitud en el estatus que les da el dinero y el haber nacido en buenas familias, pero yo nací en una buena familia, así que el problema son los valores que le inculcan en sus hogares, al parecer no es ninguno»