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Lo Nuestro No Estaba Permitido

Lo Nuestro No Estaba Permitido

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio arreglado
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Forzada a un matrimonio por conveniencia, Keyla encuentra en un amor prohibido y con el, la fuerza para romper las cadenas de una vida de mentira.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La triste realidad.

Keyla caminó por el pasillo del hotel con pasos inseguros.

Cada movimiento le pesaba como si llevara cadenas invisibles atadas a los tobillos. El vestido de la noche anterior estaba arrugado, su cabello aún olía a alcohol y a un error que no sabía cómo nombrar.

Cuando llegó frente a la habitación que compartía con Andrés, se detuvo.

Respiró hondo.

No porque le tuviera miedo… sino porque estaba cansada. Cansada de fingir, de sonreír, de ser la pieza sacrificable en un juego que no había elegido.

Abrió la puerta muy lentamente y tratando de hacer el menos ruido posible.

Andrés estaba sentado en el sofá, impecable como siempre, vestido con una camisa blanca perfectamente planchada y el primer botón desabrochado con descuido estudiado. Tenía una copa en la mano y el celular sobre la mesa.

—Vaya… —dijo sin mirarla—. Al fin decides aparecer.

Keyla cerró la puerta con cuidado.

—Buenos días —respondió, dejando el bolso sobre la mesa.

Andrés levantó la vista lentamente, analizándola de arriba abajo. Sus ojos no mostraban preocupación, ni celos, ni amor. Solo juicio.

—¿Dónde pasaste la noche, Keyla?

Ella se giró hacia él, apoyándose en el respaldo de la cama.

—No creo que sea asunto tuyo.

Andrés sonrió.

No fue una sonrisa amable. Fue esa sonrisa peligrosa que usan los hombres que creen tener el control.

—Claro que es asunto mío —respondió con calma—. Eres mi esposa. Al menos frente al mundo.

Keyla soltó una risa seca.

—¿En serio? ¿Eso también aplica cuando tú desapareces con tu novio?

Andrés dejó la copa sobre la mesa y se levantó despacio. Cada paso que daba hacia ella era una advertencia silenciosa.

—No compares —dijo—. Lo mío no es lo mismo.

—¿Ah no? —replicó ella, cruzándose de brazos—. Tú te acuestas con otro hombre y está bien, pero yo desaparezco una noche y es un escándalo.

Andrés se detuvo frente a ella, demasiado cerca.

—La diferencia, querida Keyla —susurró—, es que mi familia lo sabe.

Lo mío está… autorizado.

Las palabras le ardieron.

—¿Autorizado? —repitió—. ¿Desde cuándo el amor necesita permiso?

Andrés ladeó la cabeza, fingiendo paciencia.

—Desde que firmaste ese maldito contrato de matrimonio. Desde que aceptaste salvar la empresa de tu padre a cambio de este apellido.

Keyla apretó los labios.

—No tienes derecho a hablarme así.

—Tengo todo el derecho —respondió él, ahora con voz firme—. Porque mientras tú te divertías quién sabe con quién, yo estaba cuidando que esta farsa no se nos vaya de las manos.

Ella dio un paso atrás.

—No me hables de farsa cuando tú mismo la creaste.

Andrés sonrió de nuevo.

—No, Keyla. La acepté. Y tú también.

Se acercó más, bajando la voz.

—Y déjame dejar algo muy claro desde ahora…

No voy a permitir que cometas errores que nos perjudiquen.

—¿Errores? —dijo ella, herida—. ¿Me estás llamando error?

—Te estoy llamando irresponsable —corrigió—. Se suponía que eras una hija de sociedad, educada, intachable… no una mujer que se revuelca con el primero que se le cruza.

La bofetada no fue física, pero dolió igual.

—No te atrevas —susurró Keyla—. No sabes nada de mí.

Andrés la miró con frialdad.

—Sé lo suficiente —respondió—. Y también sé que tu padre está colgando de un hilo.

Keyla sintió cómo el estómago se le encogía.

—No metas a mi padre en esto.

—Lo meteré las veces que haga falta —dijo él sin remordimiento—. Porque si este matrimonio se rompe por una traición tuya, la inversión se cae… y la empresa de tu familia se hunde definitivamente.

El silencio se volvió pesado.

—¿Me estás amenazando? —preguntó ella, con la voz quebrada.

Andrés suspiró, como si ella fuera una niña que no entendía nada.

—No. Te estoy explicando las consecuencias de tus actos, las consecuencias de tus malas decisiones.

Se sentó nuevamente en el sofá, cruzando las piernas con tranquilidad.

—Escúchame bien, Keyla. Yo puedo hacer lo que quiera porque mi familia ya conoce mi realidad. Tú, en cambio, debes cuidar las apariencias.

Eso es lo que se espera de ti.

—¿Y si no quiero? —preguntó ella, al borde del llanto—. ¿Y si no puedo?

Andrés la observó en silencio durante unos segundos.

—Entonces tu padre lo pierde todo —respondió sin emoción—. Y tú cargarás con la culpa, estás dispuesta a sacrificar a tu familia solo por pensar en tí y en tus revolcones.

Keyla cerró los ojos.

—Eres cruel.

—No —corrigió—. Soy práctico.

Se levantó y caminó hacia la ventana.

—No te estoy pidiendo amor, Keyla. Solo discreción, fidelidad.

Sonríe en público, acompáñame a eventos, juega a ser la esposa perfecta… y todo estará bien, tú tendrás tus comodidades, tus padres podrán sacará delante su empresa, todos ganamos.

—¿Y yo? —preguntó ella—. ¿Qué pasa conmigo?

Andrés se encogió de hombros.

—Eso ya no es mi problema.

Keyla sintió cómo algo dentro de ella se rompía… pero al mismo tiempo, algo más despertaba.

—No me voy a enamorar de ti —dijo de pronto—. Nunca.

Andrés soltó una pequeña risa.

—No te lo pediría. El amor complica las cosas.

La miró de nuevo, serio.

—Pero recuerda esto:

Mientras lleves mi apellido, no eres libre.

Keyla lo sostuvo la mirada, con los ojos brillantes de rabia y dolor.

—Tal vez no —dijo—.

Pero tampoco soy tuya.

Andrés no respondió.

Solo sonrió… como si ya estuviera planeando el siguiente movimiento.

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Alicia Lagos
genial
Alicia Lagos
linda novela no tardes tanto en subir más capítulos porfa
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