Me llamo Araceli Durango, y toda mi vida me han señalado como la mala del cuento.
La manipuladora.
La egoísta.
La que destruye todo lo que toca.
Y quizá tengan razón.
No nací siendo un monstruo…
Pero cuando te enseñan desde pequeña que el mundo solo respeta a los fuertes, aprendes rápido a ocultar tus heridas detrás de una sonrisa afilada. A empujar primero antes de que te empujen. A tomar lo que quieres, incluso cuando no deberías.
Durante años construí mi reputación:
la mujer que nadie podía engañar, la que siempre ganaba, la que controlaba cada pieza del tablero.
Todo iba bien… hasta que Yubitza Sandoval regresó a mi vida.
La chica que una vez llamé amiga.
La única que vio mi vulnerabilidad.
La que, sin saberlo, presenció el día en que dejé de ser víctima y me convertí en la villana que todos temen.
Ahora, Yubitza aparece con una sonrisa que me hiere más que cualquier golpe del pasado, dispuesta a demostrar que no soy tan invencible como aparento. Su regreso reabre las puertas
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La aceptacion
Araceli Durango
Le di una semana.
Siete días exactos para que Elías Montenegro intentara ordenar una vida que yo había desarmado en una sola noche. No fue un gesto de bondad ni de consideración; fue estrategia, la confusión necesita tiempo para asentarse, para convertirse en verdad, la culpa, en cambio, se alimenta del silencio.
Y yo sabía manejar ambas.
Durante esa semana lo observé a distancia, no lo busqué, no lo presioné, dejé que creyera que el espacio era una concesión, cuando en realidad era otra pieza del plan. Elías caminaba como un hombre convaleciente, cumplía con sus obligaciones, respondía a los llamados de su familia, asentía cuando hablaban del compromiso… pero había algo quebrado en su mirada. Un vacío incómodo, como si hubiera perdido una parte de sí mismo y no supiera exactamente cuál.
La droga había funcionado mejor de lo esperado.
No solo lo había sumido en una confusión profunda aquella noche, sino que había dejado una secuela deliciosa, lagunas, recuerdos incompletos, sensaciones sin imágenes, el tipo de amnesia que no despierta sospechas inmediatas, porque no borra todo, solo lo esencial.
Debía aprovecharme de eso cada segundo.... lo hice.
Cada vez que me veía, yo era calma, comprensión, silencio respetuoso, la mujer que no reclamaba, que no exigía, que parecía tan atrapada como él en una decisión tomada por otros, nunca contradecía sus dudas, solo las guiaba suavemente hacia donde me convenía.
---Es normal que no recuerdes todo ---le dije una tarde\, cuando por fin aceptó hablar conmigo a solas---. Fue una noche intensa. Mucha presión. Mucha gente opinando.---
Elías estaba sentado frente a mí, con las manos entrelazadas, la mirada baja.
----Siento que hay algo que no encaja ---admitió---. Como si mi cuerpo recordara cosas que mi mente no puede ordenar.---
Contuve una sonrisa.
--- A veces el cuerpo solo responde al momento ---respondí---. No todo tiene que tener un significado más profundo.---
Ahí estaba la clave: quitarle peso, quitarle intención, quitarle responsabilidad… y, con ella, cualquier posibilidad de rebelión.
Yo sabía que le había ganado a Yubitza Sandoval.
No porque ella fuera débil, sino porque había llegado tarde, siempre llegan tarde las que creen en el amor como si fuera suficiente. Yubitza confiaba. Yo calculaba. Y en este mundo, el cálculo siempre vence a la fe.
Durante esa semana, Yubitza no apareció, no llamó, no reclamó, su ausencia fue tan elocuente como una despedida definitiva. Elías no la nombró más, pero yo sentía su sombra en cada silencio, en cada pausa prolongada, no me molestaba, al contrario, era la prueba de que había perdido.
Porque yo había elegido esa noche por una razón, no fue impulsivo, no fue casual, era mi fecha de ovulación.
Había aprendido desde muy joven que el poder no siempre se ejerce con gritos o amenazas, a veces se ejerce con biología, con tiempos precisos, con el conocimiento de tu propio cuerpo y la frialdad necesaria para usarlo como herramienta.
Todo iba acorde al plan, si quedaba embarazada, Elías no solo estaría atado por el honor, sino por algo más fuerte, la sangre. Y aunque eso aún no era una certeza, la posibilidad ya jugaba a mi favor, yo no dejaba cabos sueltos.
Lo supe antes de que tocara la puerta. Hay personas que llegan con determinación, aunque esa determinación esté hecha de resignación. Cuando entró, lo vi distinto. No más seguro. Solo más cansado.
---Ya lo pensé ---dijo sin rodeos---. No voy a luchar contra esto.----
Asentí lentamente, como si esas palabras pesaran.
---No tienes que hacerlo ---respondí---. Nadie espera que lo hagas solo.---
---Acepto ---- continuó---. El compromiso\, la boda\, todo.---
Ahí estaba, la aceptación, no por amor, no por deseo, por obligación.
—No quiero que esto sea una guerra silenciosa entre nosotros —añadió—. Si vamos a hacerlo, al menos hagámoslo con respeto.
Me acerqué despacio, manteniendo una distancia prudente. La cercanía justa para que sintiera mi presencia sin sentirse invadido.
—Eso es todo lo que siempre quise —dije—. Que no me veas como una enemiga.
Elías me miró con atención, como si intentara leer algo detrás de mis palabras.
----Todavía hay cosas que no recuerdo ---confesó---. Y eso me inquieta.----
Le toqué la mano por primera vez desde aquella noche, fue un contacto breve, casi inocente.
---Quizá sea mejor así ---susurré---. Algunos recuerdos solo traen dolor.---
No mentía del todo, solo omitía quién había causado ese dolor.
Esa noche, cuando se fue, me quedé sola en mi habitación, caminando descalza sobre el piso frío, conté los días otra vez, calculé, esperé, me miré al espejo con una mezcla de satisfacción y anticipación.
Había ganado a Yubitza, al destino, a la versión ingenua de mí misma que alguna vez creyó que el amor bastaba.
Elías Montenegro ya no era el hombre que ella amaba, era el hombre que yo había elegido, el que aceptó por obligación, el que jamás podría reconstruir del todo esa noche, porque yo me encargaría de llenar cada vacío con la versión que me favoreciera.
La gente cree que las villanas improvisan, que actúan por impulso, yo no, yo planifico, yo espero, yo calculo. y mientras todos celebraban un compromiso nacido del honor, yo sabía la verdad...la verdadera victoria no fue que aceptara casarse conmigo.
Fue que nunca supiera, con certeza, cuándo dejó de elegir… y cuándo empecé yo a hacerlo por él.
Porque la manipulación no comienza con una mentira grande, sino con una verdad torcida dicha en el momento exacto. Empecé despacio, una frase aquí, un recuerdo sugerido allá, una duda sembrada cuando su mente estaba cansada. Nunca le dije esto pasó así. Solo preguntaba: ¿y si fue de esta manera? Y él, buscando orden, aceptaba mi versión como quien acepta una muleta para seguir caminando.
Lo vi confiar, lo vi dudar de sí mismo antes que de mí, cada vez que fruncía el ceño intentando recordar, yo estaba ahí para calmarlo, para decirle que no se castigara, que no era su culpa. Y así, poco a poco, mi relato se volvió más real que su memoria.
Yo le había ganado al amor.
Porque el amor es caótico, impulsivo, frágil, cree que basta con sentir, yo, en cambio, entendí que sentir no alcanza cuando el mundo exige resultados. El amor promete, pero no garantiza. Yo sí.
El amor de Yubitza lo hacía libre.
Yo lo hice mío.
Y en ese intercambio cruel ,libertad por seguridad, verdad por calma, Elías eligió sobrevivir, aunque no supiera que esa elección, en realidad, ya la había hecho yo.
ojalá puedas investigar algo por que esa niña es igual de mala que la madre ojalá cuando esa aparezca disque a reclamar lo que es suyo Araceli lo deje libre a si sin más será un golpe bueno para el idiota de Elías 😡😡😡
sería increíble que Araceli le dijera y le entregará al Elías sin reclamos comí siempre eso la aria arder más a la Yubitza 😂
le dije les dije desde el primer capítulo la autora quiso o hizo que odiaríamos a la equivocada🤭🤭🤭
y yo estoy en esas por que en el primer capítulo como le eche más a Araceli pero ahora amo su frialdad
ojalá también sepa que tiene a una empleada traidora en su casa 😡