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La Falsedad Del Amor

La Falsedad Del Amor

Status: Terminada
Genre:Amor tras matrimonio / Síndrome de Estocolmo / Atracción entre enemigos / Venganza / Venderse para pagar una deuda / Amor-odio / Completas
Popularitas:15.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Soy Anabella Estrada, única y amada hija de Ezequiel y Lorena Estrada. Estoy enamorada de Agustín Linares, un hombre que viene de una familia tan adinerada como la mía y que pronto será mi esposo.
Mi vida es un cuento de hadas donde los problemas no existen y todo era un idilio... Hasta que Máximo Santana entró en escena volviendo mi vida un infierno y revelando los más oscuros secretos de mi familia.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo V Humillación pública

Punto de vista de Anabella

El silencio que siguió a las palabras del guardia fue más doloroso que cualquier insulto. Me quedé allí, paralizada frente a mi propio reflejo, sintiendo cómo el frío de la noche calaba en mis huesos, pero no tanto como la humillación que me recorría la piel. Era una extraña en la puerta de mi pasado, una intrusa desaliñada en el baile de máscaras de los Linares.

—Es suficiente espectáculo por una noche, ¿no cree, señorita Estrada?

La voz de Santana volvió a romper el aire, esta vez más cerca. Escuché sus pasos lentos sobre el pavimento, seguros, rítmicos. Se detuvo a mi lado y, sin pedir permiso, extendió su mano hacia mi rostro.

 Por un instante quise retroceder, pero algo en su mirada —una mezcla de autoridad y un extraño destello de reconocimiento— me dejó clavada al suelo.

Con una parsimonia que me puso nerviosa, usó su pulgar para limpiar una mancha de rímel en mi mejilla. Su tacto era cálido, un contraste violento con la frialdad que emanaba de su presencia.

—Mírela —ordenó Máximo a los guardias, sin dejar de observarme—. Sigue siendo una Estrada. Y aunque estuviera cubierta de barro, tiene más clase en un solo dedo que todos los que están bebiendo champán barato ahí dentro.

Los guardias bajaron la cabeza, intimidados por el aura de poder que este hombre desprendía. Yo, en cambio, sentí un nudo en la garganta. No sabía si agradecerle o gritarle que se fuera.

—¿Por qué me ayuda? —logré susurrar, con la voz quebrada.

—No la estoy ayudando, Anabella —respondió, y el sonido de mi nombre en sus labios me provocó un escalofrío—. Simplemente odio el desperdicio. Y verla aquí, rogando por las sobras de un cobarde como Agustín Linares, es un desperdicio de tiempo y de belleza.

Se inclinó un poco hacia mí, lo suficiente para que pudiera oler su perfume: una mezcla de sándalo, tabaco y algo metálico, como el peligro.

—Él no va a salir. Y si entra, solo conseguirá que la saquen a rastras para deleite de Leticia Hernández. ¿Es eso lo que quiere? ¿Ser el hazmerreír de la ciudad?

—Solo quiero una explicación... —balbuceé, aunque en el fondo sabía que la explicación estaba escrita en ese titular de internet que me había destrozado el alma.

—La explicación es simple: usted ya no le sirve. —Sus palabras fueron como latigazos—. Pero a mí sí podría servirme.

Me quedé helada. Máximo tiró la colilla de su cigarrillo y la aplastó con la punta de su zapato italiano, como si estuviera aplastando el recuerdo de mi compromiso.

—Suba a mi auto. Vamos a darle a esta ciudad algo de qué hablar de verdad, y de paso, le enseñaremos a los Linares lo que sucede cuando se intenta jugar en las ligas mayores con cartas marcadas.

Me quedé de piedra ante el descaro del hombre frente a mi, estaba a punto de contestar cuando Fernando Linares apareció frente a mí.

Punto de vista de Máximo

El momento de acercarme a Anabella había llegado. Justo cuando llegaba a la residencia Linares, me topé con la escena más lamentable que hubiera podido imaginar. Allí estaba la hija del orgulloso Ezequiel Estrada, luciendo el rostro de la derrota absoluta. No puedo negar que disfruté viéndola así: la mujer altanera que había tropezado conmigo en el restaurante estaba reducida a una pobre alma en pena.

Decidí intervenir cuando vi que los guardias de seguridad se disponían a quitarla del camino a la fuerza. Era la oportunidad de oro para empezar a enredarla en mi telaraña de manipulación. Sin embargo, su ímpetu me deslumbró; a pesar del dolor que la consumía, sacó fuerzas de flaqueza para defenderse sola.

Me dejó de lado, ignorando mi presencia para seguir enfrentando a los guardias, hasta que Fernando Linares finalmente hizo acto de presencia, saliendo de la mansión con la prepotencia que lo caracteriza.

—¿Cuál es el escándalo que vienes a armar a mi casa? —Su tono gélido dejó a Anabella sin aliento por un segundo.

—Vengo a que el cobarde de su hijo me dé la cara. ¡Que me diga él mismo que se va a casar con la idiota de Leticia! —exclamó ella, con la voz rota pero valiente.

—Eres una niña estúpida. ¿No es evidente que estamos celebrando un compromiso? —Fernando soltó una risa seca—. Por obvias razones, mi hijo no puede atenderte. Él ya consiguió de ti lo que buscaba; ahora lárgate de mi propiedad y deja de molestar.

Fernando hizo una señal a sus hombres para que la sacaran de allí. Esa fue mi señal.

—Me parece una escena sumamente desagradable, señor Linares —dije, dando un paso al frente—. Pensé que su familia era respetable, pero por lo que veo, su hijo es un cobarde que se dedica a jugar con jovencitas.

Fernando abrió los ojos de par en par al reconocer mi voz y mis acusaciones. Se tragó sus palabras; sabía perfectamente que no le convenía enemistarse conmigo en este momento.

—Señorita, es mejor que se retire —le sugerí a Anabella, suavizando el tono—. No permita que la sigan humillando.

Ella me miró con esos grandes ojos color miel, ahora empañados por una tristeza profunda. Por un instante, una punzada de lástima me recorrió el pecho, pero la sacudí de inmediato. Esto era solo el inicio de su sufrimiento.

—Tiene razón. No vale la pena suplicarles a unos cobardes —sentenció ella, volviéndose hacia Fernando con un fuego nuevo en la mirada—. Eso sí, dígale a su hijo que pagará muy cara esta humillación. Él y la estúpida de Leticia no serán felices mientras yo viva.

Anabella se dio la vuelta con dignidad herida y regresó a su auto, pero el destino estaba jugando en mi equipo. El motor no encendía, por más que ella lo intentaba. Finalmente, resignada, bajó del vehículo y se apoyó en él, como si su espíritu se hubiera rendido junto con la máquina.

—Si no le molesta, puedo llevarla a su casa —dije, abandonando mi tono frío por uno de falsa amabilidad.

Me miró como si suplicara que la sacara de ese infierno. Por fin parecía haber reaccionado, dándose cuenta de que estaba desarmada frente a la mirada de los invitados.

—No quiero causarle más molestias, mejor pido un taxi —murmuró, intentando mantener los restos de su orgullo.

—Sería un placer que una dama tan hermosa me acompañe. Además, estas reuniones nunca han sido de mi agrado.

Aceptó. Abrí la puerta de mi auto para ella y, una vez que estuvo dentro y protegida por los cristales tintados, me volví hacia Fernando Linares. Le lancé una mirada cómplice, un recordatorio silencioso de que ahora él y su familia me pertenecían, aunque él aún no supiera el precio que estaba por cobrar.

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Odiza Pimentel
excelente novela, no sé cual novela supera a otra. a mí me fascina tu novelas primera son cortas se desarrollan bien que te entretiene leyendo 👍🌹
Ysabel Correa: Gracias 🫂...
total 1 replies
Shony Zatarain
excelente 🌹
Maru
Muy bonita la novela. Felicidades y éxitos a la autora
Maru
💭Y qué fue de la vida de Agustín?
Maru
🙂✍️Buen comienzo
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que hermosa novela, me encantó, el Amor como siempre triunfo, muchas felicidades escritora y gracias por compartirla 🤔👏👏👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Al fin se aclaro todo, que felicidad para todos, ya no hay más secretos 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Al fin se aclaro todo, que felicidad para todos, ya no hay más secretos 👏👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay ojalá no lo maten de una, Fernando merece sufrir un buen rato por todo lo que a hecho, al final el es mente maestra de todo 👏👏👏🤔
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Así se hace Max, que cuente todo de una, que piense un poco en su hija y no solo en el vil dinero, porque es lo que los tiene atrapados en tantas porquerías 👏👏👏🤣
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que buena, ese Fernando es un gran desgraciado infeliz, no merece ningún tipo de contemplación, solo que lo acaben de una buena vez 🤦🤔👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay Fernando esta vez no te saldrás con la tuya, eres un desgraciado traidor que armo todo este lío para Max odiara a Ana, pero no contaste con que ella te descubriera y sobre todo se enamorara jaja, esta muy buena escritora 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Wow pero que desgraciados más grandes, esa vieja como se le ocurre entregar a su hija así, para escoger sus cochinadas, ojalá y Max los destruya a todos
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay Ana por favor con calma, si no estropearas los planes, hay mucho juego, entre ellos su felicidad
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que buena estrategia, así será más fácil acabar con los desgraciados de sus enemigos y que caiga quien te que caer, esta muy buena, felicidades escritora 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que la venganza quede al fin en el olvido para ellos, sin embargo hay gente que tiene que pagar y descubrir muchas cosas más
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que lindos, ojalá logren ser felices, ya que tienen mucha gente desgraciada en su contra 🤔👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
El responsable de todo lo vivido es Fernando, por el desprecio que le hizo la madre de Ana y ella tampoco sabe al parecer
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay Ana los a veces son crueles por orgullo oh no se que, pero pense que dirían algo del póquer tanto odio, ya saldra eso, esta muy buena 🤔👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay pobre Ana, descubrirás algo con esta conversación?? 🤷🤦🤔👏👏👏
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