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Gemelos genios y un CEO implacable

Gemelos genios y un CEO implacable

Status: Terminada
Genre:CEO / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Una noche que no debía ocurrir. Un secreto que dura siete años. Y dos niños dispuestos a cambiarlo todo.

Ariana lo había perdido casi todo: el cariño de su padre, su lugar en casa, su sueño de estudiar. Lo único que le quedaba era su tenacidad. Hasta que una trampa cruel la arroja a los brazos de Edgar Alcázar, el presidente del imperio empresarial más poderoso del país, un hombre tan atractivo como glacial. Al amanecer, ella huye con un secreto que jamás imaginó llevar.

Siete años después, Ariana ha rehecho su vida lejos de todo, convertida en madre de unos gemelos que no son niños comunes: Rayan y Zayan son dos pequeños genios capaces de hackear cualquier sistema... y de trazar el plan maestro para encontrar al padre que nunca conocieron.

Cuando el destino vuelve a cruzar sus caminos, Edgar no piensa dejarla ir por segunda vez. Pero entre ellos se interponen viejas heridas, un comisario que la protegió en silencio durante años y una familia dispuesta a todo con tal de arrebatarle la herencia al heredero.

¿Podrá el amor sobrevivir a siete años de mentiras y a los secretos que aún no han salido a la luz?

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 34

La cruda verdad que acababa de soltar Ramiro terminó de derrumbar las defensas de Ariana. El miedo del pasado volvió a cobrar forma ante sus ojos: ella y nana Meche, encerradas, a merced de sus captores. Las rodillas se le aflojaron.

—Ariana, escúchame —dijo Edgar con suavidad. Acortó la distancia y le sostuvo la mirada en lo hondo de los ojos—. No voy a dejar que nada malo vuelva a tocarlos. Esta vez, confía en mí.

Ariana tomó aire despacio y asintió, rendida, paseando la vista de Ramiro a Edgar y de vuelta.

—Está bien... Haré lo que ustedes digan.

Pero Ramiro dio un paso al frente y miró a nana Meche, que acababa de llegar, y a Larisa.

—No solo Ariana y los gemelos. Nana Meche también es testigo clave del secuestro de hace siete años, y David jamás dejará que un testigo viva en paz. Y Larisa, que pasa todo el día con Ariana, corre el mismo peligro si se queda aquí.

Edgar asintió.

—Tenemos que sacarlos a todos de San Isidro hoy mismo.

Tras una breve discusión para fijar la ruta más segura, tomaron la decisión final, pensada para dividir la vigilancia del enemigo.

—Nana Meche y Larisa se quedarán en mi casa —sentenció Ramiro—. Ahí está Renata para cuidarlas y acompañarlas. La seguridad de mi residencia la controlan agentes de la policía las veinticuatro horas.

—En cuanto a Ariana, Rayan y Zayan, se quedarán en la mansión Alcázar —cortó Edgar, firme, sin dejar margen a la réplica—. Mi casa principal tiene un sistema de seguridad por capas y escolta permanente. El tío David no podrá acercárseles ahí.

Ariana dudó un instante, pero por la seguridad de los niños y de nana Meche terminó aceptando el reparto. Los gemelos, que lo escuchaban todo desde el hueco de la escalera, apenas esbozaron una sonrisa: su plan para devolver a su mami a los brazos de su padre biológico empezaba a tomar forma.

La evacuación se hizo con rapidez y precisión quirúrgica. En menos de una hora, las pertenencias importantes ya estaban acomodadas en los maleteros de los autos.

—Ari, cuídate mucho en la casa del señor Edgar, ¿sí? —susurró Larisa, conmovida, abrazando fuerte a Ariana antes de subir al auto de Ramiro con nana Meche.

—Ustedes también, tengan cuidado en casa de Ramiro. Nana Meche, no olvide tomarse sus medicinas —respondió Ariana, con el pecho lleno de emoción.

Las dos caravanas de autos de lujo por fin partieron, abriéndose paso por los caminos de San Isidro rumbo a la capital. Las ruedas giraban sin descanso, llevándolos de vuelta al corazón del conflicto, listos para enfrentar la tormenta de tensión y las intrigas criminales de David Alcázar, que ya los esperaban en la ciudad.

La caravana devoraba la autopista hacia la ciudad bajo escolta cerrada. Dentro del auto de lujo de Edgar reinaba el silencio. Los gemelos, que al principio habían fingido tener fiebre, ahora dormían de verdad, profundamente, en el asiento de atrás, vencidos por el cansancio y la tensión.

Ariana miraba por la ventana con la mente en guerra consigo misma, mientras Edgar le robaba miradas de vez en cuando por el retrovisor.

—No tengas miedo, Ariana. En la casa principal no habrá una sola persona capaz de hacerte daño a ti o a los niños —dijo Edgar en voz baja, rompiendo el silencio, filtrando calor en cada palabra.

—No tengo miedo por mí, tío Edgar... Solo temo que los niños queden traumados si vuelven a ver esa maldad otra vez —contestó Ariana, muy quedito.

—Lo juro por mi vida: eso no volverá a pasar nunca —prometió Edgar, tajante.

Unas horas después, el auto de Edgar cruzó el imponente portón de hierro que daba a la explanada de la mansión principal de los Alcázar, majestuosa. Don Fernando ya estaba de pie frente a la puerta principal, rodeado por decenas de guardias de traje negro. Los ojos se le humedecieron al ver bajar a Ariana, seguida de Edgar, que cargaba a Rayan y Zayan aún dormidos.

—Bienvenida a casa, Ariana... Bienvenidos de vuelta, nietos del abuelo —los recibió don Fernando, emocionado, y abrazó un instante a Ariana con la culpa del pasado ya disuelta.

Mientras tanto, en casa de Ramiro, el ajetreo no era menor. Renata recibió a nana Meche y a Larisa con calidez y las llevó de inmediato al cuarto de huéspedes, que ya estaba listo.

—Nana Meche, Lara, siéntanse como en su casa. No me hagan cumplidos —dijo Renata, dulce, mientras les ofrecía té caliente.

—Muchas gracias, Renata, señor comisario... Somos una molestia —murmuró nana Meche, incómoda.

Ramiro, de pie en un rincón de la sala, negó despacio con la cabeza.

—Es mi trabajo, nana. Quédense dentro de la casa hasta que la situación sea del todo segura.

Después de confirmar que la seguridad de su casa era hermética, Ramiro fue a su estudio y encendió la pantalla de la computadora. Una notificación de mensaje encriptado de Rayan entró en su sistema.

Tío Ramiro, los movimientos de la cuenta de David Alcázar son sospechosos en las últimas tres horas. Revisa este adjunto.

Ramiro sonrió apenas al leer el mensaje de aquel niño genio.

Estos hijos de Edgar... no pueden quedarse quietos ni un segundo.

Con las pruebas de la asignación de fondos oscuros que le enviaban los gemelos, Ramiro tenía ahora el material clave para hacer estallar toda la defensa legal de David Alcázar. La guerra abierta en la ciudad apenas comenzaba.

*

En un suntuoso dormitorio de la segunda planta de la mansión Alcázar, Rayan y Zayan estaban sentados con las piernas cruzadas sobre la cama mullida. Tras asegurarse de que la puerta quedara bien cerrada y de que su mami descansaba en la habitación de al lado, los dos niños genios entraron en acción frente a la pantalla de la laptop, que brillaba en la penumbra.

Los ojos de Zayan chispeaban ante la notificación "Data Transferred Successfully" que aparecía en la pantalla. Una sonrisa de satisfacción se extendió, amplia, por su carita.

—¡Hermano, eres un genio de verdad! ¡Ahora puedes hackear la cuenta de ese tío malvado! —lo elogió Zayan, maravillado, dándole una palmada en el hombro a su hermano mayor.

Rayan se acomodó los lentes antirradiación y volteó con esa mirada de adulto tan suya.

—Tú también puedes, Zayan. Por eso no seas flojo para estudiar. Y además, me parece que muy pronto ya no vamos a poder mantener en secreto lo que sabemos hacer.

Zayan dirigió la vista a la fila de carpetas encriptadas, alineadas con orden en el escritorio de la laptop de Rayan.

—¿Lo dices... por lo de que ya hackeamos otras cuentas?

—Sí —asintió Rayan, despacio—. Desde el sistema de seguridad del Grupo Alcázar, la red privada del tío Ramiro, el celular del asistente Bruno y, por último, esta red financiera de David Alcázar. Tarde o temprano, papá y el tío Ramiro se van a dar cuenta de dónde salen todos estos datos secretos.

Lejos de asustarse, Zayan soltó una risita orgullosa y se dio golpecitos en el pecho.

—A mí me parece que somos geniales, hermano. Resulta que la inteligencia de papá de verdad se nos pegó... ¡Aunque parece que a ti te tocó el setenta por ciento y a mí solo lo que sobró!

Rayan no pudo más que negar con la cabeza ante la parlanchina seguridad de su hermano menor, incapaz de contener la leve sonrisa que se le dibujó en la comisura de los labios.

—Con ese treinta por ciento que sobró alcanza y sobra para dejar a ese tío malvado pudriéndose en la cárcel, Zayan —respondió Rayan, firme, contemplando las líneas de código de seguridad de David Alcázar, que ahora estaban por completo bajo su control.

Continuará...

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Noemi Fernandez
makdutos ambiciosos pero haci les va ir
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