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Casada con el tío millonario de mi ex

Casada con el tío millonario de mi ex

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / La mimada del jefe / Enfermizo / Amante arrepentido / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:834.9k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Dupi

A Renata la traicionaron el día más importante de su vida.

Mientras se probaba sola su vestido de novia, un mensaje anónimo le reventó el mundo: su prometido, Patricio, se estaba casando con Daniela —la hija postiza que le robó su lugar en la familia Bracamonte— en una boda de ensueño. Cuando llegó, escuchó a los invitados reírse de ella: «la sorda», «la arrimada», «en la cama ha de ser un pez muerto». Patricio ni se inmutó: «Es normal en este círculo. Seguirás siendo mi esposa legal».

Renata rompió el compromiso ahí mismo. Y esa misma tarde, ante todos, hizo lo único que nadie esperaba: **se casó con Maximiliano Lazcano… el tío de su ex.**

Frío, intocable, dueño de uno de los imperios más grandes del país, Max era el hombre que la sociedad entera deseaba y temía. Lo que Renata no sabía —y lo que Patricio descubriría demasiado tarde, llamándola noche tras noche para suplicarle que volviera— es que ese magnate de hielo la amaba en silencio desde que ella tenía dieciséis años. Y ahora que por fin era suya, no pensaba dejarla ir.

Él la cubrió de joyas y la defendió en público cuando la élite la despreciaba. Curó en secreto el oído que ella creía perdido. La eligió, una y otra vez, frente a todos. Pero entre ellos seguía en pie un secreto enterrado en cenizas: el incendio que la dejó sorda, el trauma que lo persigue a él… y una verdad que cambiará quién es el culpable y quién la víctima.

Mientras Renata se levanta de la nada hasta convertirse en la diseñadora más codiciada del país, los que la humillaron caen uno a uno. La hija postiza pierde su corona. El ex que la cambió por su hermana lo entiende cuando ya no hay vuelta atrás. Y la verdad sobre su sangre, su pasado y el hombre que siempre la amó saldrá a la luz.

La despreciaron por ser «la hija perdida, la sorda, la naca».

Se equivocaron con la mujer.

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Capítulo 34

Capítulo 34: Mía, señora Lazcano

La tormenta había pasado. La mañana amaneció limpia, fría, con un cielo altísimo y azul, y Max me llevó, en lugar de a un restaurante o a una tienda como yo esperaba, a una plaza del centro de la ciudad.

Era una plaza viva: niños correteando palomas, un organillero, una fuente, gente saliendo de misa, vendedores de flores y de pan. Max me llevó del brazo hasta una banca, despacio por sus costillas, y nos sentamos a ver pasar a la gente. Por un rato no dijo nada. Eso, en él, no era raro. Lo raro era la manera en que apretaba mi mano, como quien junta valor.

—Cierra los ojos —me pidió de pronto.

—¿Para qué?

—Hazme caso. Cierra los ojos. Y dime qué oyes.

Los cerré. Y escuché, con el oído bueno: el chapoteo de la fuente, el organillo desafinado, las risas de los niños, el arrullo de las palomas, una campana a lo lejos.

—Oigo la plaza —dije—. La fuente, los niños, la música.

—Con un oído —dijo él, en voz baja—. Oyes la mitad de todo eso. Toda tu vida has oído el mundo a la mitad. —Hizo una pausa, y cuando volvió a hablar, le temblaba un poco la voz, a él, que nunca temblaba—. Yo vine a este país, Renata, por eso. No por negocios. Vine a buscar a un médico. Al mejor que hay en el mundo para lo del oído interno. Llevo semanas reuniéndome con él, revisando estudios, opciones, riesgos. Quería tener todo listo, todo seguro, antes de decírtelo, para no darte una esperanza y luego quitártela.

Abrí los ojos de golpe. Lo miré, sin entender, o entendiendo demasiado y sin atreverme a creerlo.

—¿Qué…?

—Tu oído. —Me tomó la cara entre las manos, con cuidado, del lado malo—. Hay un tratamiento. Experimental, nuevo, no es seguro, después te explico todo con el doctor. Pero hay una posibilidad de recuperar parte de lo que el fuego te quitó. —Me miró como si me estuviera ofreciendo el cielo entero—. Quiero regalarte eso, Renata. No joyas, no coches. Quiero regalarte el sonido de un mundo completo. Que oigas la plaza entera. Que oigas a tu comadre cuando te hable del lado equivocado. Que me oigas a mí, cuando te diga las cosas que no me salen de día. Eso. Eso es lo que te traje a buscar.

Se me llenaron los ojos. Toda mi vida, ese oído había sido mi vergüenza, mi defecto, la prueba de que estaba rota. La gente lo señalaba, se burlaba, lo usaba para humillarme. En la hacienda, el día de la traición, las señoras movían los labios despacio porque "la medio sorda" no entendía. Mi madre lo llamaba "tu defecto" en voz baja, como si fuera contagioso. Patricio, cuando se enojaba, se ponía de mi lado malo a propósito, para no tener que escucharme.

Y este hombre, en cambio, había cruzado el mundo en secreto, se había reunido con médicos, había leído estudios que no entendía, para intentar devolverme lo que el fuego me arrancó de niña. No para arreglar algo que le molestara de mí —nunca le había molestado; al contrario, lo besaba—. Lo hacía para devolverme algo que el mundo me había robado. Para que yo oyera completo. Para que dejara de vivir a la mitad.

—Pero a ti te gusta mi oído malo —dije, tontamente, entre lágrimas—. Lo besas. ¿Y si lo curan y ya no…?

—Me gusta tu oído como sea —me cortó, con una firmeza tierna—. Curado o no, lo voy a seguir besando igual. Esto no es para que me gustes más. Es para ti. Para que tú tengas lo que es tuyo. Tú decides si quieres intentarlo o no; si me dices que no, nos vamos a casa hoy mismo y no se habla más, y te sigo queriendo igual de sorda de ese lado que del otro. —Sonrió apenas—. Pero quería al menos ofrecértelo. Que supieras que se puede. Que alguien quiso dártelo.

—Por eso te molestaste anoche —entendí de pronto, entre lágrimas—. Cuando dije que era mi culpa que volvieras. No querías que pensara que viajabas por trabajo. Era por esto. Era por mí.

—Era por ti. Siempre fue por ti. —Me secó una lágrima con el pulgar—. No quería que cargaras ni una culpa más. Ya cargas demasiadas que no son tuyas.

Y entonces, porque estábamos a mano de confesiones, le solté la mía, la tonta, la que me daba vergüenza:

—Yo… tengo que confesarte algo. Estas semanas llegaban rosas a la casa, todos los días. Y yo pensé que eran tuyas. Me las creí tuyas. Les hablaba, las cuidaba, me dormía mirándolas como una boba pensando "Max me extraña". —Bajé la cara—. Y resultó que eran de Patricio. Que me las mandaba él. Me sentí ridícula. Y un poco… un poco infiel de pensamiento, por haberme ilusionado con flores que no eran tuyas.

Esperé que se enojara, que le volviera el hielo, que se le tensara la mandíbula como con la foto vieja.

En lugar de eso, soltó una risa baja y me besó la frente.

—Las rosas no importan —dijo—. Lo que importa es que pensaste que eran mías y te pusiste feliz. Eso me dice todo lo que necesito saber. —Me miró con una ternura feroz—. Aunque a Patricio le voy a mandar dejar de gastar en flores. Que ahorre. Le va a hacer falta.

Me reí entre lágrimas, y él me besó la sien, y después, contra mi pelo, murmuró las palabras que me hicieron temblar:

—Mía. Mi señora Lazcano. Mía hasta cuando oigas el mundo entero y te des cuenta de que te quedaste con un hombre que no sabe decirte estas cosas sino a media voz, en una plaza, lejos de todos.

Esa tarde fuimos a la clínica del doctor Keller.

Era un hombre mayor, de manos firmes y palabras prudentes, que no me prometió milagros, y eso me dio confianza. Me explicó todo con claridad, ayudándose de modelos y dibujos para que yo le leyera bien los labios: mi pérdida venía de un trauma del oído interno, del incendio de hacía años, y rondaba el diez por ciento de audición de ese lado. Existía un dispositivo nuevo, un implante electrónico diminuto, todavía experimental, que en algunos casos había recuperado parte de la audición.

—Pero quiero ser honesto, señora —dijo el doctor, mirándome a los ojos—. No está aprobado del todo. Las probabilidades de una recuperación significativa son moderadas, no altas. Y existe un riesgo: en una minoría de casos, el procedimiento puede dañar lo poco que queda. Hay versiones más agresivas, con mejores resultados posibles pero más peligro, y versiones más conservadoras, más seguras pero de alcance más limitado. Es una decisión que solo usted puede tomar, y que requiere su consentimiento por escrito. Nadie puede decidirlo por usted. Ni siquiera su esposo.

—¿Y cuál sería la diferencia, doctor? —pregunté—. Entre la conservadora y la agresiva. En números.

El doctor lo pensó, honesto.

—Con la conservadora, podría recuperar tal vez un veinte, un treinta por ciento de audición de ese lado, con riesgo casi nulo. Con la agresiva, en el mejor de los casos, hasta un sesenta o setenta por ciento; pero el riesgo de dañar lo que queda sube de manera considerable. No le voy a mentir: es una apuesta. Más premio, más peligro.

Sesenta, setenta por ciento. Oír casi completo. Oír a Vale del lado equivocado. Oír a Max susurrarme cosas sin tener que voltear la cara. La sola idea me mareó de deseo.

Sentí la mano de Max apretar la mía.

—La más segura —dijo él, sin dudar, antes de que yo abriera la boca—. La conservadora. No quiero que arriesgue ni un poco lo que tiene por ganar un poco más. Treinta por ciento ganado es ganancia; el resto no vale el riesgo.

Quise protestar. Quise decir que era mi oído, mi cuerpo, mi apuesta, que tal vez yo sí quería arriesgar por oír de verdad, por oír completo aunque fuera una sola vez. Pero Max lo dijo con tanta certeza, con ese amor protector que no admitía discusión, y yo estaba tan agradecida, tan recién salida del susto de perderlo, que me callé. Asentí. Firmé los primeros papeles del protocolo conservador y le agradecí al doctor con un nudo en la garganta.

Pero por primera vez se me cruzó por la cabeza, apenas como una sombra, un pensamiento incómodo que mucho más adelante me traería problemas serios: que Max decidía siempre lo más seguro para protegerme, sí, pero que decidía él. Que entre los dos, sin querer, se había vuelto costumbre que él eligiera por mí "por mi bien". Y que un día, quizá, yo iba a querer elegir por mí misma, aunque eligiera mal.

Pero la semilla quedó sembrada. Y las semillas, ya lo sabía yo, a veces tardan en dar fruto, y el fruto a veces es amargo.

Esa noche, sin embargo, no pensé en nada de eso. Aparté la sombra como se apartan las nubes feas de un día bonito. Esa noche solo fui una mujer a la que su marido había prometido el sonido de un mundo entero, dormida sobre el pecho del hombre que, contra todo pronóstico, había cruzado el océano por un oído roto que nadie más había querido reparar. Con un anillo de enredadera en el dedo, los puntos de su ceja cicatrizando bajo mis dedos, y, por primera vez en mucho tiempo, algo que se parecía peligrosamente a la esperanza. No sabía entonces que esa misma decisión —la segura, la que él eligió por mí— sería, meses después, la grieta por donde se nos colaría la primera tormenta de verdad. Esa noche, no. Esa noche dormí en paz.

1
Marta Gutierrez
Una amante que no soporta la luz día no tiene de que presumir, buenísima esa frase.
Marta Gutierrez
Se nota que su amiga realmente la quiere. Hay amigos que son mejores que la familia.
Marta Gutierrez
Basura de familia desde el prometido hasta los padres.
Betty Manzur
pero no entiendo si esa es la hija verdadera porque la odian y esa vieja tiene la manía de apenas verla la cacheteay la boba se deja
Cliente anónimo
No se puede cargar capítulo 7 y 9 que pasa
Elina Beatriz Ravazzano
Me quedé con ganas de mas. si tuvieron hijos si el suegro de Renata los pudo conocer. Conocer tanto drama y tan poco de su futuro feliz.
Margarita Pech
bien por ti
Margarita Pech
👏👏👏👏👏👏👏👏👏
Norexis Macias
es buena y muy larga
Victoria
👏👏👏
Alicia Sira
la fragilidad la haces tú idiota porque max siempre ha creído creído ti no mereces un final feliz mereces quedarte sola por estúpida
Alicia Sira
increíble la verdad que esta mujer no merece a max. el creyó en ella siempre y ella se deja convencer por el que la traiciono. la verdad la historia pudo haber sido mejor sino se hubiera largado tanto en tantas estupideces
Gpe Silbia CM
Algo enredado la trama, llevo 70 capitulos no ha avanzado nada. es buena historia solo que la escritora en vez d meterle muchas palabras de relleno pudo expresarse mejor ... si te atrapa Pero te aburre 😑
Judy
Linda historia
Judy
Una linda historia, sinceramente no me gustó que se dilatara tanto y que el final tan esperado fuera tan corto. Pero valió tu esfuerzo. Felicitaciones
LA _LOCA_MISAKI
para mii que Maximiliano ya la conocia y ya estaba enamorada de ella../Heart//Heart//Heart/
LA _LOCA_MISAKI
para mii que Maximiliano ya la conocia y ya estaba enamorada de ella../Heart//Heart//Heart/
Judy
Respeto el trabajo de los autores, la trama de la historia es muy linda, pero coincido con el comentario de otra lectoras, que cansador siempre el que ya va a pasar algo… esta historia ya necesita un cierre, si no va a fracasar
Leticia Baeza Vazquez
la verdad está más estúpida no pude ser osea esperar amor de quien no la quiere y se lo demuestran está pendeja no tiene dignidad como cae mal x dios
Leticia Baeza Vazquez
esta si q se pasa de estúpida y pendeja yo con esta mujer no puedo osea
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