Marcia Montero lo tiene todo: belleza, inteligencia, una pastelería próspera y una familia adinerada que la adora. Lo único que no tiene es el respeto de su marido.
Rodrigo Mendoza nunca supo con quién se casó. Para él, Marcia no es más que una empleada de pastelería, una esposa sumisa a la que puede ignorar, humillar y relegar al papel de sirvienta gratis en la casa de sus padres. Su madre, doña Carmen, la desprecia por "pobre". Su hermana Isabella la insulta sin pudor. Solo don Alfonso, su suegro, la trata con dignidad.
Cuando Marcia descubre que Rodrigo la engaña con Pamela —una compañera de trabajo que miente sobre su origen tanto como él miente sobre su estado civil—, decide que ya es hora de dejar de fingir. Pero no actuará por impulso. Reunirá pruebas, trazará un plan y esperará el momento perfecto para quitarse la máscara.
Lo que Rodrigo y su familia no saben es que la mujer a la que tratan como basura es heredera de un imperio empresarial. Que la pastelería donde "trabaja" le pertenece. Que su hermano Gabriel es novio de Valentina Reyes, la mismísima dueña de la empresa donde Rodrigo presume de gerente. Que cada ascenso, cada privilegio que Rodrigo disfruta, se lo debe a ella.
Y cuando la verdad salga a la luz —en el peor momento posible para Rodrigo—, no habrá vuelta atrás.
NovelToon tiene autorización de Leni Anita para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
34
Válido,
válido,
válido.
La voz del oficiante resonó justo en el instante en que el auto conducido por Gabriel se detuvo al borde del camino, frente a la villa. No pudieron entrar al terreno porque el estacionamiento ya estaba repleto de vehículos que habían llegado antes que ellos.
La boda de Pamela y Rodrigo se celebraba junto a la piscina, en el jardín trasero de la villa. El terreno era enorme; había incluso un jardín de flores al fondo. La villa había sido construida años atrás según los deseos de Marcia y de Liliana.
—¿Ya estás lista? —le preguntó Valentina a Marcia cuando bajaron del auto.
—Más que lista —respondió Marcia con un asentimiento decidido.
Los cinco entraron y se mezclaron con los invitados que se encontraban bajo la carpa. Algunos empleados del Grupo Reyes también estaban presentes, aprovechando que era domingo y no tenían que ir a la oficina.
—Se me antoja un bocadillo —dijo Marcia, y se puso de pie sin prisa.
Con total naturalidad tomó varios trozos de pastel y un vaso de bebida fría. Disfrutó del evento con la misma calma que cualquier otro invitado, igual que Valentina y los demás.
Comieron y bebieron sin apuro. A propósito evitaron acercarse a Rodrigo y a Pamela. Querían darle a Rodrigo la oportunidad de saborear cada segundo de felicidad... en sus últimos momentos.
Nadie advirtió la presencia de Marcia ni de su familia. Rodrigo y los suyos estaban tan eufóricos que no se detuvieron a observar a los invitados uno por uno.
—¿Có... cómo es posible que ella esté aquí? —Rodrigo se sobresaltó de golpe cuando sus ojos reconocieron a una mujer que comía pastel con absoluta tranquilidad.
—¿Qué pasa? —preguntó Pamela al notar el cambio en su rostro.
—Marcia. Está aquí —Rodrigo señaló una de las mesas redondas, donde se encontraban Valentina, Gabriel, los padres de Gabriel... y Marcia.
Al instante, Pamela y Doña Carmen se quedaron boquiabiertas al ver a Marcia. Jamás imaginaron que se atrevería a aparecer en ese lugar.
—Déjala, Rodrigo. Mientras no arme un escándalo, no le hagamos caso —le dijo Doña Carmen a su hijo.
—Pero, mamá, me da miedo que Marcia haga un escenón. Mejor que la corran de aquí —intervino Pamela.
—Tranquila. Marcia no se va a atrever a hacer nada. Además, ya que está aquí, podemos usarla de sirvienta gratis hasta que termine la fiesta —le soltó Doña Carmen a su flamante nuera.
Después de terminar su pastel, Marcia y los demás caminaron hacia el estrado nupcial. Querían felicitar personalmente a Rodrigo y a Pamela. Los novios los miraron acercarse con sonrisas cargadas de burla.
Pero Don Antonio era otra historia. Su rostro se volvió blanco como el papel en cuanto reconoció a las personas que acababan de llegar.
—Don Fabián, adelante, por favor. Le pido disculpas por haberme tomado este atrevimiento —Don Antonio bajó la cabeza ante su patrón.
Doña Nancy, que al principio había insistido en usar la villa para la boda, ahora tenía la cara desencajada. Nunca se imaginó que los dueños de la propiedad aparecerían en plena ceremonia de su hija.
—Felicidades, Rodrigo, Pamela. Ya son marido y mujer —Valentina los saludó con serenidad y les ofreció sus felicitaciones. Doña Carmen parecía henchida de orgullo por la boda de su hijo.
Don Fabián, Liliana, Marcia y Gabriel no pronunciaron una sola palabra. Pero la sonrisa que asomaba en la comisura de sus labios resultaba aterradora, como si estuvieran conteniendo una furia a punto de estallar.
* * *
Un puñetazo brutal aterrizó en el rostro de Rodrigo, cortesía de Gabriel, que descargó toda su fuerza en el golpe. Rodrigo se tambaleó y casi cayó al suelo.
—¿Qué demonios es esto? ¡Cómo te atreves a golpear a mi hijo! —Doña Carmen estalló de furia al ver que un invitado agredía a Rodrigo el día de su boda.
—¿Por qué le pega a mi esposo? —exigió Pamela, furiosa.
—No solo tu esposo. Tú también vas a pagar las consecuencias —amenazó Gabriel con voz incendiaria.
Don Antonio y Doña Nancy permanecieron inmóviles, con los rostros lívidos. No se atrevían a levantar la mirada frente a su patrón y a la familia de este.
—¡Insolente desgraciado! —Doña Carmen se lanzó hacia adelante con la intención de atacar a Gabriel.
Pero Gabriel esquivó el golpe con un movimiento rápido, haciéndose a un lado. Doña Carmen perdió el equilibrio y cayó de bruces desde el estrado donde estaban los novios.
—¡Ay, ay! —se quejó Doña Carmen; le dolía la pierna y no podía levantarse.
—Te atreviste a lastimar a mi hermana y a traicionarla. No voy a permitir que vivas feliz —declaró Gabriel mirando a Rodrigo con ojos de halcón.
—¿De qué está hablando? —Rodrigo no entendía nada de lo que decía su jefe.
—La mujer a la que ustedes llamaron tonta, miserable y poca cosa... es mi hermana. Y ahora no voy a tener compasión contigo. Tú y tu familia insultaron a mi hermana —sentenció Gabriel mientras jalaba a Rodrigo del cuello de su traje de novio.
—¿Qué quiere decir? No entiendo —Pamela seguía atónita, sin poder creer lo que estaba pasando.
Marcia avanzó hacia el frente y tomó el micrófono que antes usaba el maestro de ceremonias. Con paso elegante pasó frente a Pamela y Rodrigo. Rodrigo se quedó petrificado contemplando la belleza de su esposa legítima.
—Hoy, delante de todos ustedes, voy a decir algo que necesitan escuchar —la voz de Marcia retumbó clara y potente. Todos los presentes enmudecieron, pendientes de cada palabra.
—Yo soy la esposa legítima de este hombre. El mismo hombre que me engañó con esta mujer. Soy Marcia Arunika Montero, hija de Don Fabián Montero y de Liliana Prameswari. La mujer a la que todo este tiempo trataron como una miserable y usaron de sirvienta gratis en su propia casa.
—Ya llegó la hora de que sepan quién soy en realidad. Y él es Gabriel, mi hermano mayor y el jefe de Rodrigo en la oficina. Y no solo eso: tuvieron el descaro de celebrar esta boda en la villa de mi familia, sin permiso de los dueños. ¡Sinvergüenzas! —proclamó Marcia con voz atronadora.
Sus palabras cayeron como un rayo en pleno día. Rodrigo y Doña Carmen seguían sin poder creer lo que acababan de escuchar de la boca de Marcia.