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Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Status: Terminada
Genre:CEO / Diferencia de edad / Casada con el millonario / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:683.6k
Nilai: 4.7
nombre de autor: Vivi

Camila Sandoval lo dio todo por su matrimonio, hasta que encontró a Mauricio con Valeria Beltrán en su propia cama. Él esperaba lágrimas y otra oportunidad. Camila le entregó los papeles del divorcio, reclamó lo que le correspondía y se marchó sin mirar atrás.
Poco después, Gabriel Beltrán, el padre de Valeria, apareció para disculparse. Era mayor que Camila, poderoso y peligrosamente atento. Lo que comenzó como una disculpa pronto se convirtió en una atracción imposible de ocultar.
Su relación desató un escándalo. Si Camila se casaba con Gabriel, la amante de su ex se convertiría en su hijastra y el hombre que la traicionó terminaría siendo su yerno.
Pero Gabriel ocultaba algo más inquietante: no se había enamorado de Camila después del divorcio. Llevaba años observándola y esperando que fuera libre.
Camila creyó que lo había elegido. Tal vez Gabriel la había elegido mucho antes.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 33

Capítulo 33

—¿Qué dijiste?

Camila se enderezó de golpe.

Con las prisas no había prestado demasiada atención al nombre del hombre.

—¿Federico Ibarra? ¿El rival de Gabriel?

Nico movió la cabeza de una mujer a la otra.

Hizo un puchero.

—Mamá y madrina tienen miedo del señor. ¿Es un monstruo?

Lucía miró al niño a través del espejo retrovisor.

—Es peor que un monstruo.

Nico encogió los hombros y apretó los labios.

—Qué miedo. Nico no quiere verlo.

Camila sonrió al oírlo.

—No tengas miedo. Tu madrina es una superheroína. Yo voy a espantar al monstruo.

El niño aplaudió.

—¡Sí! ¡Madrina es muy fuerte!

Lucía observó la expresión inocente de su hijo y suspiró.

—Sí era él. Federico Ibarra, presidente de Grupo Ibarra y enemigo de Gabriel. Dime una cosa: cuando llegue a su casa y recuerde que le presté el saco de Gabriel, ¿crees que se pondrá todavía más furioso y mandará a alguien a desaparecerme?

Camila también suspiró.

—A estas alturas, huir no servirá de nada. ¿De verdad crees que Federico Ibarra no podría encontrarte?

—Ya sé. Pero estoy aterrada.

—No entres en pánico. Tienes fotografías suyas en bóxers y colgado del balcón. Un hombre como él valora demasiado su reputación. No se atreverá a hacerte nada.

Lucía soltó una risa amarga.

—¿Entonces voy a protegerme con esa fotografía el resto de mi vida? Es un empresario, Cami. Los empresarios calculan costos. Si quisiera acabar conmigo, le resultaría demasiado fácil.

No terminó la idea.

Solo apretó más el volante.

Camila guardó silencio durante unos segundos.

—¿Y aun así le exigiste cien mil pesos? ¿En qué estabas pensando?

—¡No sabía quién era! Lo vi colgado en calzones como un jamón secándose al aire. Dije cien mil y pagó sin discutir. En ese momento hasta pensé que había pedido muy poco.

Camila se quedó sin respuesta.

Finalmente murmuró:

—Sí pediste poco. Debiste exigirle decenas de millones y luego escapar con Nico.

Lucía asintió con seriedad.

Era exactamente lo que había pensado después de conocer su identidad.

El teléfono de Camila comenzó a sonar.

Era Gabriel.

Había recibido un aviso sobre el problema en el edificio de Residencial Los Encinos y llamaba para comprobar que ella estuviera a salvo.

Camila le explicó todo, sin omitir nada.

Gabriel permaneció en silencio unos segundos. Después le dijo algunas cosas y colgó.

—¿Qué dijo tu marido? —preguntó Lucía.

—No es mi marido. Es mi novio.

Camila se apresuró a corregirla.

—Ay, por favor. Ese hombre está perdido por ti. Van a casarse tarde o temprano. Pídele que me ayude. Si sobrevivo a esto, trabajaré para él como esclava.

Lucía mantuvo los ojos en el camino y añadió con absoluta solemnidad:

—Si no me cree, iré a las oficinas de Grupo Ibarra y mataré todas las plantas de la entrada regándolas con agua hirviendo.

Camila puso los ojos en blanco.

—¿De qué serviría matar las plantas? Gabriel dijo que él se encargará.

Lucía soltó por fin el aire.

—Amiga, elegiste bien. Ese hombre sí sabe resolver problemas. Desde hoy tiene mi bendición como tu futuro esposo. Yo te ayudaré a enfrentar a tus padres.

La lealtad exagerada de Lucía hizo reír a Camila.

Desde el asiento trasero, Nico intervino con voz dulce:

—Nico también ayuda.

Lucía sonrió.

—Sí, mi amor. Los tres juntos.

Detuvo el automóvil frente a un edificio de departamentos.

—Llegamos.

Camila bajó y sacó su maleta con movimientos mucho más lentos.

Nico tomó la mano de su madre y alzó la cabeza hacia el edificio.

—Mamá, ¿dónde estamos?

—Aquí creció tu madrina. Cuando entremos, saluda con educación a sus papás. Puedes decirles abuelitos.

Nico asintió.

—Sí.

Las luces de la escalera se encendían con el sonido de sus pasos y se apagaban detrás de ellos.

Camila avanzó al frente.

Con cada piso, el pecho le pesaba más.

Recordó la adolescencia.

Se había prometido estudiar, entrar a una buena universidad, conseguir empleo y comprarles una casa cómoda a sus padres.

Pero se enamoró, se casó apenas terminó la carrera y su vida se llenó de dificultades.

Cuando Mauricio fundó su empresa, ella vendió los bienes que llevó al matrimonio para financiarlo.

Al final, perdió siete años.

Por fortuna, durante el divorcio recuperó la mayor parte de lo que les pertenecía. Al menos ahora podría llevar a sus padres a vivir mejor.

Solo quedaba contarles la verdad.

No sabía cómo reaccionarían.

Al llegar frente a la puerta de metal, se detuvo.

Sacó la llave y abrió.

—¿Quién es?

Una mujer respondió desde dentro.

Elena Sandoval apareció al oír la cerradura.

Tenía poco más de cincuenta años, vestía pijama y llevaba una mascarilla cosmética sobre el rostro.

—Mamá.

Elena se quedó inmóvil.

Se retiró la mascarilla de inmediato y miró a Lucía y al niño.

Su expresión se llenó de alegría.

—¿Lucía trajo a su hijo?

—Buenas noches, señora Elena. Él es Nico.

El niño la miró con inocencia.

—Hola, abuelita.

Elena soltó una carcajada.

—Qué niño tan lindo. Pasen.

Su mirada continuó detrás de Camila.

De pronto frunció el ceño.

—¿Y este señor quién es?

Camila y Lucía se volvieron.

Gabriel estaba de pie detrás de ellas.

Ninguna había escuchado cuándo subió.

Él avanzó, rodeó a Camila con un brazo y sonrió.

—Buenas noches. Soy el novio de Camila.

Ernesto, que estaba sentado en la sala, se levantó de un salto.

Elena miró a su hija con incredulidad.

—¿Qué estás haciendo? ¡Tú estás casada!

La voz le temblaba.

—Esto…

Camila no supo cómo explicarlo.

Nunca imaginó que Gabriel las seguiría.

—Señora Elena, Camila se divorció de Mauricio —declaró Lucía sin rodeos.

—¿Qué?

El cuerpo de Elena perdió fuerza.

Retrocedió varios pasos.

Ernesto corrió a sostenerla.

—¿Qué significa todo esto?

Ella se llevó una mano a la sien.

—Entren y expliquen —ordenó Ernesto con evidente disgusto.

Lucía llevó a Nico hasta la sala.

Camila y Gabriel caminaron detrás.

Ella lo golpeó suavemente con el codo.

—Te dije que esperaras en casa. ¿Por qué viniste?

—Te extrañé.

Gabriel mantuvo la voz baja.

—Además, vamos a casarnos. ¿Qué tiene de malo conocer desde ahora a tus padres?

Camila le lanzó una mirada.

—¿Temías que no me hiciera responsable de ti y por eso me seguiste?

Gabriel se rio.

—Tú sí me entiendes, bebé.

Camila lo observó de reojo.

Tenía cuarenta y cinco años, pero solo unas líneas junto a los ojos y unas cuantas canas lo distinguían de un hombre mucho más joven.

Definitivamente, si una iba a enamorarse, convenía elegir a un hombre guapo.

Mirar un rostro así mejoraba el estado de ánimo.

Por primera vez comprendió un poco a Mauricio.

Valeria había heredado las facciones perfectas de Gabriel. Cuando una persona tenía esa cara frente a ella, ¿quién conservaba la voluntad para discutir?

Padre e hija eran peligrosamente atractivos.

Todos tomaron asiento.

Ernesto examinó a Gabriel con una mirada afilada.

Él conservó la calma y habló con educación.

—Mucho gusto. Soy Gabriel Beltrán, presidente de Grupo Beltrán.

Sacó dos tarjetas y se las entregó a los padres de Camila.

Ernesto leyó el nombre.

Después volvió a mirarlo.

—¿Cuántos años tiene?

—Cuarenta y cinco.

—¿Cuarenta y cinco?

Ernesto abrió mucho los ojos y señaló a Camila.

—Yo tengo cincuenta y dos. Tu mamá tiene cuarenta y nueve. ¿Conseguiste un novio de cuarenta y cinco años?

Camila se quedó muda.

No había preparado una respuesta para ese interrogatorio.

Lucía habló en voz baja:

—No es para tanto. Hay yernos mayores que sus suegros. La relación familiar es la que cuenta. Aunque él fuera mayor, tendría que llamarlo papá.

Ernesto la fulminó con la mirada.

Lucía se estremeció y cerró la boca.

Elena observó a su hija.

—¿Cuándo te divorciaste de Mauricio? ¿Por qué no nos dijiste?

Camila recuperó la seguridad.

En ese tema tenía toda la razón.

—Hace casi un mes.

Ernesto se alteró todavía más.

—¡Hace un mes te divorciaste y ya llevas una semana con otro hombre! Camila Sandoval, dime la verdad. ¿Engañaste a tu esposo?

El grito de su padre la sobresaltó.

Se enderezó de inmediato.

—No. Mauricio fue quien me engañó. Ya se casó con su amante.

—¿Qué?

Ernesto y Elena hablaron al mismo tiempo.

—Es verdad. Poco después de que terminamos el divorcio, se casó con…

Camila iba a decir «la amante», pero miró a Gabriel y bajó la voz.

—Con su esposa actual.

Ernesto se frotó el pecho, rojo de indignación.

—Ese desgraciado. ¿Cómo se atrevió a engañar a nuestra hija?

Elena sintió un dolor profundo por Camila.

—Debiste sufrir mucho. ¿Por qué no llamaste a tu mamá?

Luego dirigió una mirada desconfiada a Gabriel.

—¿Tomaste una decisión impulsiva porque estabas herida? No permitas que nadie se aproveche de ti.

Camila miró a Gabriel.

Él no mostró ninguna incomodidad.

Solo la contempló en silencio.

—Mamá, no estoy sufriendo. Gabriel me acompañó durante los días más difíciles.

Camila puso la mano sobre la de él y entrelazó sus dedos.

—Ahora soy feliz. No me siento humillada ni herida.

Ernesto observó las manos unidas.

Respiró hondo.

—Piénsalo bien. Sabemos que todavía estás lastimada y que es fácil enamorarse de la primera persona que te trata con cariño. Quédate aquí por un tiempo. Tus padres vamos a cuidarte.

Gabriel miró a Ernesto con firmeza.

—Don Ernesto, puede estar tranquilo. Cuidaré a Camila y nunca permitiré que vuelva a sufrir.

Ernesto continuó mirándolo con desagrado.

En su opinión, aquel hombre no era digno de su hija.

—Señor Beltrán, sé que tiene una posición privilegiada, pero Camila es nuestra única hija. Que esté divorciada no significa que aceptaremos a cualquier hombre que se acerque. Si decide no casarse nunca, su madre y yo podemos mantenerla. Usted tiene una empresa enorme. No necesita perder el tiempo con ella.

Elena tomó la mano de Camila.

Sus ojos estaban llenos de dolor.

—Ya la lastimaron una vez. No queremos que vuelva a suceder.

—Mamá…

La emoción hizo temblar la voz de Camila.

Sujetó la mano de Elena y se sorbió la nariz.

—Estoy bien. De verdad.

Gabriel habló con mayor serenidad.

—Entiendo que mis palabras no bastarán. Sobre todo porque mi hija fue quien lastimó a Camila. Como padre, tengo la obligación de reparar ese daño.

—Espere.

Ernesto lo interrumpió.

—¿Su hija lastimó a Camila? ¿Qué quiere decir?

Camila golpeó el brazo de Gabriel con el codo.

No era necesario revelar aquella parte.

Si sus padres conocían la relación, ¿cómo aceptarían que estuvieran juntos?

—No lo digas —murmuró entre dientes.

Gabriel le sonrió.

—Si elegimos estar juntos, afrontaremos todo juntos. No quiero engañar ni ocultar nada a tu familia.

Ernesto y Elena esperaron en silencio.

—Mi hija, Valeria Beltrán, es la esposa actual de Mauricio.

—¿Qué?

Los padres de Camila volvieron a gritar al mismo tiempo.

Lucía se cubrió la frente y suspiró.

Camila se masajeó las sienes.

—A ver… —Ernesto se levantó—. ¿Su hija fue la amante que le quitó el esposo a Camila?

—Sí —respondió Gabriel.

—¿Y ahora usted sale con Camila?

Las manos de Ernesto comenzaron a temblar.

—Así es.

Gabriel asintió sin perder la calma.

Ernesto giró hacia su hija con fuego en los ojos.

Camila bajó la cabeza.

¿Cómo podía explicar aquella relación?

Elena estaba todavía más alterada.

—Camila, sabías que es el padre de esa mujer y aun así te acercaste a él. ¿En qué estabas pensando?

Le dio un toque fuerte en la sien.

—¡Qué imprudencia!

Camila escondió todavía más el rostro y se acercó a Gabriel.

Lo miró de reojo.

Él seguía completamente sereno.

—Camila, ven acá —ordenó Ernesto.

Tenía el rostro rojo y golpeaba el piso con el pie.

Cuando ella se levantó, Gabriel también lo hizo.

Se acomodó el saco y quedó frente a Ernesto.

Gabriel medía casi un metro noventa.

Ernesto apenas llegaba a un metro setenta y cinco, así que tuvo que alzar la cabeza.

Al sentir que perdía autoridad, se subió al sofá.

Desde allí recuperó altura y lo miró como un animal dispuesto a proteger a su única cría.

Gabriel alzó el rostro.

—Sé que no eduqué bien a mi hija y que ella lastimó a Camila. Haré todo lo posible por compensarla. Lo que siento por Camila es sincero.

Su voz fue estable.

—Mi esposa murió poco después del nacimiento de Valeria. En más de veinte años no he tenido aventuras ni relaciones irresponsables. Para mí, el amor siempre ha significado elegir a una persona para toda la vida. Si Camila acepta estar conmigo, jamás la traicionaré.

Sacó un informe médico.

—Estos son mis estudios recientes. Estoy sano en todos los aspectos.

Ernesto no quiso tomarlo.

Elena lo aceptó y comenzó a leer.

Gabriel sacó después otro documento.

—Mis padres fallecieron. Camila no tendrá que enfrentar conflictos con suegros ni vivir sometida a otra familia.

Elena abrió la carpeta.

Eran las actas de defunción de los padres de Gabriel.

Ernesto se inclinó para mirar.

Después, Gabriel mostró una copia del acta de matrimonio de Valeria y Mauricio.

—Yo soy el padre de Valeria. Si Camila se casa conmigo, su exmarido tendrá que tratarla como suegra y mi hija deberá reconocerla como madrastra. Camila tendrá un lugar superior al de ambos en cada reunión familiar.

Su tono siguió siendo tranquilo.

—Mauricio y Valeria deberán saludarla con respeto, sentarse frente a ella y darle el lugar que le corresponde en cada celebración. No tienen que preocuparse por que Camila vuelva a sufrir en esa familia.

Lucía no pudo ocultar la sonrisa.

Camila respiró hondo.

Su exmarido y la antigua amante obligados a tratarla como suegra y madrastra…

Aquello parecía la escena más satisfactoria de una novela de venganza.

Solo imaginarlo resultaba maravilloso.

Ernesto y Elena intercambiaron una mirada.

La rabia que les oprimía el pecho disminuyó un poco.

Gabriel era un verdadero hombre de negocios.

Había encontrado con precisión el argumento capaz de tocar el punto más sensible.

Aun así, Ernesto mantuvo una expresión fría.

—Señor Beltrán, esas son palabras. ¿Cómo puedo saber que tratará bien a mi hija cuando la lleve a su casa?

—Comprendo su preocupación.

Gabriel sacó el teléfono y marcó.

Alguien contestó al primer timbrazo.

—Señor Beltrán, todo está preparado.

—Suban todo.

1
Graciela Mauchiere
va safar valeria...ya puso los ojos en otra
Irene Passeri
muy divertida...👏👏👏😂😂😂😂
Lupita Espinoza Castro
Gracias escritora
sonya martz
me dió pena ajena Teresa jajaja pobre ilusa /Chuckle//Chuckle//Chuckle//Chuckle//Chuckle//Chuckle/
sonya martz
bah! pobre iluso
Gladis Erazo
exelente
Graciela Mauchiere
dios mio ni las hienas son asi
sonya martz
ya me cayó el veinte, ese niño ni siquiera es de Mauricio, jajajaja ya me imagino a la suegrita cuando se entere /Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
sonya martz
Lucia es una muy buena amiga
Gladis Erazo
esos antojos es porq esta embarazada
sonya martz
éste sí que es un poco hombre, cómo va a creer que iba a reaccionar de esa manera 🤔
Edith Zenteno
ojalá lo que dijo Gabriel se haga realidad y Camila este embarazada y así Mauricio le entre la duda de su paternidad,porque en 7 años Ella no salió embarazada y Valeria si ,muy raro
Maria Antonieta Benitez Raygoza
me gustó mucho la historia...Camila y Gabriel vivieron su amor después de tanto sufrimiento ...el proceder de Valeria me sorprendió después de recibir tanto amor de su padre lo traicionó se contagió del proceder de Teresa y Mauricio...el amor de Federico por Lucia es controlador y ella no es dejada
Graciela Mauchiere
no se pued3 con lucia es una genio🤣🤣🤣🤣🤣
Cristina Rodríguez
excelente novela.. pero esa suegra es perversa.. que termine bien mal. sola vieja y limpieza.. que más jajaja
sonya martz
que descarada Valeria 😠
DYNAMIGTH.2
me encantó el desarrollo de los personajes.
DYNAMIGTH.2
me encantó el desarrollo de los personajes.
Graciela Mauchiere
autora una sugerencia....
..ud escrbe muy bien...por q no publica al final de los cap. lo q ha escrito como otras au🤭toras....gracias
Graciela Mauchiere
este capitulo me encanto jajajjjj
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