Arabella murió quemando el manicomio donde la tenían encerrada y despertó en el cuerpo de una damisela que intentó envenenarse para no casarse con el temible Duque de Eisen.
Ahora, entre un matrimonio explosivo, una guerra en puerta y su obsesión con el fuego, Arabella demostrará que con ella nadie juega... o terminará ardiendo.
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Capitulo:04
Arabella:
El sol de la mañana entra por la gran ventana de la habitación y en estos momentos me encuentro mirándome al espejo y deleitandome en la hermosa belleza que poseo.
Paso mis dedos por la piel de mi brazo y es tan suave como la porcelana, miro mi cabello y jamás en mi vida había visto un cabello blanco tan suave, sedoso y brillante.
—Te miras demasiado dulce para mí gusto Arabella.
Digo mientras observo esos ojos azules tan claros a través del espejo y luego mi mirada se dirige a mi vestido. Es un rosa pastel con detalles blancos... Muy aniñada igual, pero es lo que hay.
Con un suspiro llevo mi mano a mi mentón pensando y tratando de recordar cuando le dan el veneno a mi esposo, pero de seguro es cuando salió de la habitación la noche de bodas... Tuvo que haber sido en ese lapso de tiempo.
En ese instante la puerta de la habitación es abierta y mi guapo esposo entra ya listo con su armadura... Vaya que es hermoso ese pelirojo.
—Sigo creyendo que no es buena idea marchar a esa batalla, creo que lo mejor es que permanezcas...
Alzo las manos para que haga silencio y él me mira frunciendo el ceño.
—No te confundas querido, vuelvo y te recuerdo que la verdadera Arabella no está en este cuerpo.
Él alza las cejas y con una sonrisa toma asiento en el sillón y abre los brazos.
—Y otra vez con eso... Bien, supongo que te creo... ¿Quién eres realmente?
Arrugo el ceño porque no me gusta su tono, pero le resto importancia.
—Ahora eso no importa, solo tengo para decirte que cuides lo que vayas a comer o beber.
—¿Por qué?
Pregunta con intriga en sus ojos y sonrío.
—Te van a envenenar y no pienso quedarme viuda... Aunque pensándolo bien sería una gran ventaja... Me convertiría en la viuda duquesa de Eisen y si en mi vientre llevo a tu hijo sería muy grandioso.
Mi sonrisa se ensancha mirando al duque.
—Ven, vamos a procrear tu hijo, tienes que echarmelo en el fondo para que quede seguro.
Me acerco al duque, pero este se levanta rápido con los ojos bien abiertos.
—Te has vuelto completamente loca.
—Y me encanta estarlo, mi amor.
Le respondo con una risa traviesa, sin perder el paso firme hacia él.
El duque da un paso atrás, ajustándose el cinturón de la espada con una mano mientras me mira como si fuera un explosivo a punto de estallar.
El contraste entre este vestido rosa de muñeca y la demencia en mis ojos debe ser una vista maravillosa... Cómo desearía mirarme.
—Primero insinuas que hay un traidor en mis tropas intentando envenenarme y al segundo me pides que te deje un heredero. ¿Escuchas lo que dices? ¿Estás bien de la mente?
—Solo cuando veo cosas arder me siento bien.
Le guiño un ojo deteniéndome a un centímetro de su armadura de acero frío.
—Y ahora mismo, lo único que quiero es ver arder a los infelices que creen que pueden tocar a mi juguete recién entrenado por mí.
Me acerco a la mesa donde descansa una copa de vino servida desde temprano por el servicio del castillo y levanto el cristal olfateo el líquido y suelto un chasquido de disgusto.
Sin dudarlo un segundo, la tiro al suelo... El cristal se rompe en mil pedazos y el vino purpúreo mancha la alfombra.
—A esto me refiero con cuidar lo que bebes, querido.
Digo señalando el desastre con la punta de mi zapato.
—Si no fuera por mi interrupción anoche, habrías bebido esto antes de subir al caballo.
El rostro de Kaelan cambia de golpe y la burla en sus ojos desaparece para dar paso a la mirada afilada del comandante.
Se inclina, toca apenas una gota del líquido disperso y luego observa la copa rota.
—El servicio personal solo responde a mi guardia de confianza...
Murmura entre dientes, con la mandíbula tensa.
—Tu "guardia de confianza" tiene un precio, duque. O un enemigo pagando muy bien.
Camino hacia la puerta acomodándome el tonto vestido rosa.
—Así que muévete esposo, si vamos a ir a la frontera, quiero ver a quién le voy a prender fuego primero por intentar arruinar mi entretenimiento.
Kaelan se queda un segundo en silencio, procesando la escena antes de dejar escapar una sonrisa oscura y peligrosa.
—Señora Eisen... Creo que empieza a gustarme su forma y su locura
los dos son igual de locos y calientes posesivos me encanta
🤣😍😍😍😍
Con eso confirma la lealtad de su esposa 😅