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¿23 Preguntas ?

¿23 Preguntas ?

Status: Terminada
Genre:Omegaverse / Mafia / Romance / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Elizabeth Moore

Entre secretos prohibidos y un vínculo imposible, ¿será el amor su única salida… o la razón de su caída eterna?

NovelToon tiene autorización de Elizabeth Moore para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Las Preguntas Equivocadas

Ian Vance no apartó la mirada de Caleb.

Dentro del automóvil policial, el silencio se volvió casi tangible, pesado, como si el aire se hubiera densificado entre ambos y cada respiración tuviera un significado oculto.

Afuera, la vida universitaria continuaba con absoluta normalidad: estudiantes caminaban entre los jardines con mochilas cargadas, algunos reían mientras otros se apresuraban hacia sus clases sin imaginar que, detrás de aquellos vidrios polarizados, dos personas estaban midiendo cuidadosamente cada una de sus palabras como si fueran piezas de un juego invisible que ninguno de los dos terminaba de comprender del todo.

El detective cerró lentamente la libreta que tenía en sus manos. El sonido del papel al cerrarse fue seco, definitivo, como si marcara una línea invisible entre lo que había observado y lo que aún no podía explicar.

—He interrogado a muchas personas durante mi carrera —dijo con voz firme, sin apartar los ojos de Caleb—. Algunas mentían por miedo. Otras por proteger a alguien. Pero tú...

Hizo una breve pausa, como si eligiera con cuidado la siguiente palabra.

—...tú pareces responder solo aquello que quieres que los demás sepan.

Caleb sostuvo su mirada sin pestañear. Su expresión volvió a ser la de un joven universitario tranquilo, casi inocente, con una serenidad que no encajaba del todo con la tensión del momento. No había nerviosismo en su postura, ni señales de incomodidad. Solo una calma medida, demasiado controlada para alguien de su edad.

—Quizá porque todos hacen las preguntas equivocadas —respondió finalmente.

Ian apoyó un brazo sobre el volante, observándolo con mayor atención. Había algo en ese chico que no encajaba con los perfiles habituales que había aprendido a leer durante años. No era arrogancia evidente, ni culpa, ni simple inocencia. Era algo más difícil de encasillar. Como si Caleb siempre estuviera un paso fuera del marco donde los demás intentaban colocarlo.

—Entonces ayúdame a hacer la correcta —dijo Ian con un tono más bajo, pero aún firme.

Caleb sonrió apenas unos milímetros. No era una sonrisa completa, sino una insinuación de ella, como si no quisiera regalar demasiado de sí mismo en ese gesto.

—No, detective —respondió con suavidad—. Las respuestas que uno obtiene dependen de lo que está dispuesto a descubrir.

En ese instante, el teléfono de Ian vibró sobre el tablero del automóvil. El sonido rompió la tensión como una interferencia repentina. La pantalla iluminada mostraba un mensaje urgente de la central.

«Se encontraron nuevas grabaciones del estacionamiento. Regrese inmediatamente.»

Ian frunció el ceño.

Las cámaras habían quedado prácticamente inutilizadas durante el incidente. Los informes preliminares hablaban de fallos técnicos, interferencias imposibles de justificar con lógica simple. Si existían nuevas imágenes, eso podía cambiar por completo la investigación y abrir una línea completamente distinta de lo ocurrido en el campus.

Guardó el teléfono sin apartar la vista de Caleb, como si temiera perder algún detalle importante de su expresión.

—Por ahora puedes irte —dijo finalmente—, pero no salgas de la ciudad. Es posible que necesite volver a hablar contigo.

Caleb asintió con una educación impecable, sin mostrar resistencia ni incomodidad.

—Estaré donde siempre, detective.

Abrió la puerta del vehículo y descendió con tranquilidad. El sonido de la puerta cerrándose fue suave, casi discreto. La brisa movió ligeramente su suéter blanco mientras caminaba por el sendero principal del campus, integrándose entre los estudiantes como si no acabara de salir de un interrogatorio policial, sino de una conversación común.

Ian permaneció observándolo hasta que desapareció entre los edificios de la universidad. Durante varios segundos no arrancó el vehículo. Solo se quedó allí, con la mirada fija en el punto donde Caleb había desaparecido, sintiendo una incomodidad difícil de nombrar.

Había algo que no lograba explicar.

No eran las pruebas.

No eran los informes.

Era su intuición.

Una sensación persistente, casi instintiva, como si acabara de dejar marchar a alguien que no solo estaba involucrado en el caso… sino alguien que, de una u otra forma, terminaría cambiándolo todo.

Mientras tanto, Caleb siguió caminando con el mismo paso sereno entre los pasillos del campus, rodeado de voces, pasos y vida cotidiana.

Solo cuando estuvo completamente solo, al cruzar un tramo menos transitado entre los edificios, una leve sonrisa apareció en su rostro.

No era visible para nadie más.

No era para nadie más.

Con voz baja, casi como un susurro dirigido al viento, pronunció:

—Pregunta número tres...

Hizo una pausa breve, como si escuchara una respuesta que nadie más podía oír.

—¿Cuánto tiempo más podrán seguir creyendo que conocen la verdad... antes de descubrir que apenas han visto el comienzo?

Caleb continuó caminando sin detenerse, perdiéndose entre los estudiantes como una sombra perfectamente integrada al mundo visible.

Continuará…

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beba hernandez
Diferente a cualquier otra que he leído, por el momento me tiene muy intrigada y no puedo dejar de leer 😯😯
Elizabeth Moore: En serio?... Muchas gracias beba no sabes lo feliz que me hacé
total 1 replies
Lore Alegre
jajaja
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