Valeria Salcedo murió traicionada por su esposo y por la mujer que llamaba hermana. Le quitaron su empresa, su familia, su dignidad y, al final, la vida.
Pero despertó de nuevo.
Esta vez volvió al día en que todo empezó: la mañana después de su boda, justo cuando estaban por acusarla de haber engañado a su marido. Solo que ahora Valeria ya sabe quiénes son sus enemigos, qué quieren quitarle y cuánto están dispuestos a destruirla.
Para sobrevivir, necesita poder. Y el poder tiene nombre: Santiago Alcázar, el hombre más temido del mundo empresarial mexicano.
Él no confía en ella. Ella tampoco piensa enamorarse de él.
Su matrimonio empieza como un trato: ella usará su apellido para vengarse, él usará sus secretos para encontrar la verdad de una mujer que nunca pudo olvidar.
Pero entre besos, amenazas, celos y enemigos que no dejan de aparecer, Valeria descubrirá que renacer no solo significa ajustar cuentas.
También puede significar aprender a elegir, por primera vez, a quién dejar entrar en su vida.
NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 4
Capítulo 4
—Valeria, en tu noche de bodas corriste rumores con otro hombre. Por amor me quedé callado, aguanté la humillación, ¿y ahora quieres divorciarte de mí? ¿Qué hice mal? ¿Por qué me tratas así?
Damián se puso la máscara de víctima perfecta. Los invitados empezaron a murmurar.
Valeria levantó la barbilla.
—Dices que corrí rumores con otro hombre después de mi boda. Entonces dime, ¿dónde estabas tú esa noche?
—No pude soportar tu traición. Me fui para no verte.
—¿Ah, sí? ¿Y dónde están las pruebas de mi traición? Si de verdad podías demostrar que te engañé, ¿por qué no me pediste el divorcio de inmediato? ¿Por qué me acusas delante de todos justo cuando quieres que te transfiera mis acciones? Llevas años viviendo de mí. ¿Todavía no te llenas?
La palabra mantenido le pegó a Damián en el orgullo.
Antes de que pudiera responder, Valeria siguió:
—Si no fuera por la familia Salcedo, tú no serías nadie. Los Fuentes crecieron gracias a nosotros, y ahora no solo aplastas a mi familia, también quieres echarme a patadas. ¿De verdad crees que soy alguien a quien puedes pisotear?
—Tú...
Valeria le dio otra bofetada frente a todos.
Damián se quedó helado.
Esa mujer acababa de pegarle otra vez.
—Valeria, tú...
—Cierra la boca, desgraciado. El infiel no soy yo, eres tú. Y tu mujer afuera es...
Antes de que pudiera decir el nombre de Camila, la pantalla del salón se encendió.
La gente soltó gritos.
En el video, Damián estaba sin camisa, besando a una mujer voluptuosa.
No era Camila.
Valeria casi se rió.
Así que también tenía más mujeres.
En su vida anterior había estado ciega al amar a ese animal.
Pero ¿de dónde salió ese video?
¿Santiago?
La conversación del video llenó el salón.
—Damián, hoy es tu noche de bodas. Dejaste a tu esposa por mí. ¿No se va a enojar?
—Ni menciones a esa perra. Se hace la decente y ni siquiera me deja tocarla. Si no fuera por sus acciones, jamás me habría casado con ella. Cuando las tenga, la tiro. A mí me gustan mujeres como tú.
El video siguió subiendo de tono.
—No es cierto. ¡No es cierto! —Damián entró en pánico.
Valeria tomó una botella de vino de la mesa y se la reventó en la cabeza.
El líquido rojo se mezcló con la sangre.
—Damián, yo te traté con sinceridad y tú me hiciste esto. Me acusaste, me engañaste y encima querías morderme primero. Eres una basura. Te voy a matar.
Valeria le lanzó todo lo que encontró cerca.
Copas, platos, documentos.
Damián, tirado como un perro, solo pudo gritar y cubrirse.
Después de un rato, Valeria se quedó sin fuerza. Sacó el documento.
—No registramos el matrimonio civil, así que no tengo que perder tiempo en el juzgado. Pero todo lo que es mío me lo devuelves. Damián Fuentes, te largas sin nada.
—¿El señor Alcázar? ¿Él te está ayudando?
Damián habló desde el suelo, con la cara llena de sangre.
Valeria se agachó.
—Sin pruebas, eso es difamación. Tú sabes mejor que nadie lo que pasa cuando difamas a Santiago Alcázar. Y tranquilo, no voy a dejar que mueras. Voy a quebrar a la familia Fuentes. Haré que se arrodillen ante mí, vivos, pero deseando no estarlo.
Ojo por ojo.
Todo lo que Damián le hizo a la familia Salcedo en la vida anterior, ella lo devolvería mil veces.
—Valeria, quizá hay un malentendido...
Valeria le agarró el cabello y le golpeó la cabeza contra el piso dos veces.
—Despierta. Entre nosotros no hay malentendidos. No voy a perdonar a un infiel. Firma, o las consecuencias te van a quedar grandes.
En un solo día esa mujer le había dado la vuelta a todo.
Detrás tenía que estar Santiago Alcázar.
¿De verdad ya se habían metido juntos?
Damián tragó odio.
Mientras hubiera vida, habría revancha.
Tomó la pluma y firmó.
Por fin, lo suyo volvía a sus manos.
Valeria se levantó y clavó el tacón sobre los dedos de Damián.
El grito de él atravesó el salón.
Ella ni se inmutó.
—Me deshago de Damián Fuentes. Desde hoy, los Salcedo y los Fuentes somos enemigos. Espero que todos hayan visto bien qué clase de hombre es.
Presionó con más fuerza.
Algo crujió bajo el tacón.
—Esto apenas empieza.
Le dio una patada en el abdomen y salió con paso firme.
Todos se quedaron mudos.
Valeria Salcedo había sido demasiado feroz.
Damián tardó varios minutos en levantarse. Estaba empapado en sangre, rodeado de miradas burlonas.
Ese día perdió toda la cara.
—Perra, espera. Te voy a matar.
La humillación de esa noche se la cobraría.
Pero ¿desde cuándo Valeria estaba con Santiago? ¿Cómo se volvió tan peligrosa en un solo día?
¿Había alguien más detrás de ella?
Damián arrastró la pierna herida y se fue. Iba a investigarlo todo.
Valeria buscó cerca del lugar hasta encontrar una camioneta en una esquina discreta.
Se acercó.
La puerta se abrió de golpe y alguien la jaló hacia adentro.
—Yo...
El aliento familiar de un hombre la envolvió.
Santiago Alcázar sonrió junto a su nariz.
—¿Cómo piensas agradecerme este favor?
Así que sí fue él.
—Lo que quiera. Si lo tengo, es suyo.
Era la mayor sinceridad que podía ofrecer.
Santiago le acomodó un mechón detrás de la oreja.
—Tienes pésimo gusto para escoger hombres.
—Antes estaba ciega. Ahora escogí al señor Alcázar. Un hombre entre hombres. Nadie se le compara.
No perdió oportunidad de halagarlo.
Santiago le tomó la barbilla y, de pronto, mordió sus labios con fuerza.
—Ah...
Dolió.
¿Ese hombre era perro?
—¿Vas a depender siempre de un hombre?
Sus dedos bajaron hasta la clavícula de Valeria.
—¿Qué?
—Dependiste de ese desgraciado y por eso le diste todo. Ahora dependes de mí para recuperarlo. ¿Y después? ¿Dónde estás tú?
Valeria lo miró a los ojos.
—En el futuro voy a depender de mí misma.
Pero si abrazarse a su pierna podía mantenerla viva, claro que iba a abrazarse con fuerza. No quería morir. No podía morir.
—Muy ambiciosa. Entonces, si vas a depender de ti misma, olvidemos lo del matrimonio.
—¿Va a romper el compromiso? ¿Me acaba de dejar?
Santiago sonrió.
—Tu propuesta me puso contra la pared. Para mí fue una amenaza.
Valeria se apartó de él, respiró hondo y sostuvo su mirada.
—Señor Alcázar, voy a hacer que vea lo buena que soy. Voy a hacer que quiera casarse conmigo. Voy a conseguirlo.
Santiago frunció el ceño.
—Valeria, ¿eres traficante de personas o qué?
y ahí se dan cuenta que es una sustituta y arde Troya ella merece a alguien que la quiera a ella no a un recuerdo