una guerra entre el bien y el mal....
un amor que intentará desafiar todo o morirá...
traiciones, amistades, pero por sobre todas las cosas ellos, amándose cuando deberían haberse matado el uno al otro.
la luz no acepta la oscuridad y la oscuridad aborrece la luz.
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capitulo 3
Deberían haberse dado cuenta que algo iba mal, quizás las señales eran sumamente obvias, pero en su caso ninguno lo vio venir. Franco fue el primero en darse cuenta de que no importaba cuanto durmiera, siempre se encontraba cansado y con eso se volvía mucho más irritable. Nahuel, por otro lado, no soportaba las miradas que según él los otros chicos le daban, lo cierto es que nadie lo miraba, pero había comenzado a estar perseguido de todo. Jerónimo y Abril habían discutido por la sal que tenía la comida y desde hacía dos días que no se hablaban y por último, Lorena había despertado con rasguños en sus brazos, al principio creyó que quizás estando dormida la había picado algún mosquito y ella se había rascado de más, pero cada noche que pasaba, más marcas se sumaban en sus brazos y en sus piernas.
Deberíamos volvernos, Franco está cada vez más insoportable- le dijo un día Lorena a Nahuel.
Quizás deberías dejarlo en paz- le grito Nahuel.
Todos en el campamento se había quedado anonadados por aquella reacción fuera de lo normal, no fue hasta que Abril volteó la cabeza a la carpa y noto que cuanto más discutían más fuerte era el brillo de aquella piedra.
Oigan chicos- dijo casi en un susurro, pero nadie le respondió -chicos- les grito y cuatro cabezas voltearon a verla.
Todos notaron de golpe a donde su mano apuntaba y a pasos lentos y cuidadosos se fueron acercando a la carpa, Lorena fue la que saco la piedra de la mochila y la sostuvo en el centro del círculo que todos habían hecho. Los cinco la miraban con atención, a pesar de que la luz era sumamente fuerte, ninguno de ellos cerró los ojos y fue en ese momento que descubrieron que algo iba muy mal.
De un momento a otro la carpa se transformó en una cueva sumamente oscura, donde la única luz era la de la piedra. Lorena la dejo caer al suelo asustada y recorrieron con la mirada todo el lugar. Las paredes chorreaban agua y estaban cubiertas de musgo, el olor que había allí adentro era como de cadáveres en descomposición, Abril y Nahuel no tardaron en vomitar todo lo que habían desayunado esa mañana. Jerónimo tomo la piedra y la uso como antorcha para poder encontrar una salida de aquel lúgubre lugar. Ni siquiera se escuchaba el aleteo de un murciélago, era como si la única vida que había allí era la de ellos y el musgo de la pared.
Comenzaron a caminar sin saber si se adentraban o si salían de allí, lo único que deseaban era encontrar una salida antes de volverse más locos de lo que ya estaban. La carpa y todas sus pertenencias habían quedado en el bosque y ellos ni siquiera sabían si aún se encontraban allí o estaban en otra dimensión.
Nahuel llevaba abrazada a Abril porque después de vomitar se había sentido muy débil para poder mantenerse de pie sola, Lorena repasaba mentalmente los mapas del bosque que había visto en la biblioteca, pero hasta donde recordaba en ninguno se mencionaba una cueva o algo como el estilo. Jerónimo y Franco discutían sobre cuál camino tomar cuando llegaron a una bifurcación igual de sombría que todo el resto del lugar.
Mira la piedra brilla más cuando apunto con ella a la derecha- dijo Jerónimo demostrando su teoría.
¿Y si es una trampa? No olvides que esa porquería es la que nos trajo aquí, debemos salir cuanto antes Jero- le retrucaba su amigo.
Si vamos por allí y la piedra deja de funcionar, nos quedaremos a oscuras- le dijo firmemente.
Y si seguimos ese camino y encontramos algo peor será tu culpa- le contesto él.
Ya basta los dos, ambos tienen razón, pero no tenemos las linternas, ni nada para iluminar si esa cosa deja de funcionar. Es como si algo quisiera que estuviésemos aquí- dijo Lorena llegando hasta ambos chicos.
Bien iremos por ese lugar, pero que quede claro que no quiero ir- respondió Franco enojado, adelantándose.
Continuaron caminando un largo rato más, no podrían precisar cuanto tiempo llevaban en aquel lugar, porque no había sol para poder predecir la hora y sus celulares habían quedado en la carpa, no tenían ni siquiera relojes en sus muñecas.
El aire se estaba volviendo cada vez más frío, ya no parecía que estuviese en su época favorita del año, los dientes de todos castañaban y la piel se les había puesto de gallina con la baja temperatura. Caminaron un poco más hasta que llegaron a unas escaleras que conducían hacia arriba, todos acordaron subirlas, creyendo que de esa manera se acercarían más a la superficie.
Al llegar al último escalón, Nahuel, que era quien iba a la cabeza, dejo salir un insulto casi gritando. Los chicos iban a preguntarle que había pasado que lo hizo gritar así, pero todos entendieron la frustración, cuando al mirar hacia adelante encontraron una habitación mucho más horrorosa que todo el lugar en sí.
Varios esqueletos decoraban las paredes del lugar y en el centro de la habitación había un pentagrama dibujado en el suelo, sobre el cual se levantaba un pilar con un libro al final de este.
Eso parece un grimorio- dijo casi en un susurro Abril.
¿Un qué?- pregunto Franco sin dejar de mirar el lugar.
Un grimorio es un libro de brujas o de demonios, no sé cómo explicarlo, pero es un libro maldito- dijo asustada.
Oh vamos no puedes creer esas tonterías- se rio Jerónimo y comenzó a acercarse al libro.
Jerónimo no jodas con esas cosas, mira todo este lugar parece una habitación salida de una película de terror. Te lo digo en serio, no te acerques- le grito Lorena desesperada.
Pero la curiosidad de Jerónimo era mucho más grande, así que a pasos decididos se fue acercando al centro de la estrella. Una vez que alcanzó el libro lo abrió lentamente y comenzó a pasar las hojas, lamentablemente una de ellas le corto el dedo dejando que una gota de sangre manche la hoja.
Jero por favor- le dijo Nahuel, quien ya comenzaba a sentir miedo.
Por alguna razón, Jerónimo decidió que era mejor hacer caso omiso a las advertencias, sin voltear a ver a sus amigos comenzó a leer en voz alta como si entendiera el idioma en el que aquel libro estaba escrito. De pronto la piedra se apagó, las puertas de la habitación se cerraron bruscamente y el caos se desató.
Nadie jamás volvió a ver a los chicos, nadie pensó que el apocalipsis se había desatado hasta que los vieron llegar. No hubo aviso, no hubo advertencia, la curiosidad de una persona condenó al resto del mundo, pero esto solamente era el comienzo.