Dos amigos, un destino marcado por la sangre y una búsqueda desesperada. Cuando su amiga de la infancia desaparece sin dejar rastro, Joan y Ralph deberán despertar el poder oculto de sus linajes. Desde las sombras de la Hermandad del AMO hasta los secretos prohibidos de civilizaciones ancestrales, descubrirán que la realidad es solo un velo... y que para rescatar a quien aman, primero deben aceptar quiénes son en realidad.
En el juego del AMO, la lealtad es un mito y la sangre es la única moneda. ¿Estás listo para cruzar el umbral?
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CAPÍTULO 4: LAZOS DE SANGRE
Al abrir se encontró con una joven de apariencia dulce y frágil, cuyos ojos cafés le miraban fijamente. Sintió una extraña sensación de familiaridad. La chica al verle hizo un amago de timidez, pero pronto encontró el valor para hablar.
- Hola... ¿es aquí donde vive Takeshi Ralph Nakashaki Callaghan? – dijo tímida y con un papel en la mano.
- Soy yo, ¿en qué puedo servirla? - le preguntó simpático, luego alzó la mirada y recorrió de un vistazo la calle. Pues temía que fuera una trampa.
- Pues... – sonrió tímidamente bajando la mirada - ... quisiera hablar contigo de algo que te concierne …. y también me gustaría hablar con otro chico, Joan Degoh O’connor. - entonces Ralph se percató de que llevaba un papel con su nombre y el de su amigo con sus direcciones del puño y letra de su amiga de la infancia Sally.
- Estás de suerte, Joan está aquí... pasa por favor – Ralph amablemente le puso la mano en la cabeza invitándola a pasar, ella entró junto a él, cuando pasaron al salón Ralph hizo las presentaciones- ... Joan esta señorita quiere hablar con nosotros - con gesto caballeroso - toma asiento por favor.
Tomó asiento en el sillón de orejas que estaba enfrente al de Joan y tras acomodarse, respiró hondo dejando entrever que estaba nerviosa. Antes de hablar miró a su alrededor viendo un salón lleno de recuerdos. Volvió a mirar firme a los dos amigos.
- Antes de presentarme me gustaría haceros un par de preguntas... si no es mucho pedir.
- En absoluto...- contestó Joan- pregunta lo que quieras.
- Adelante... seremos lo más sinceros posible.
- Tengo entendido que conocéis a Sally Sullivan Jensey desde que tenéis uso de razón, que crecisteis juntos. Mi pregunta es ¿qué anécdota de la infancia es la que más recordáis con ella? Imagino que tendréis muchas, pero hay una que sobresale de todas ¿cuál es?
- La que más recuerdo – empezó Ralph-... una vez en el río Rockwall, estábamos pescando, ella vio un pez enorme se adentró para cogerlo y se resbaló en el agua. Fue arrastrada por la corriente, Joan y yo fuimos tras ella, pero al final nos tuvieron que sacar del agua nuestros padres- soltó una alegre carcajada Ralph.
- Lo gracioso de ese día es que luego nos culpó a nosotros de que la incitamos a meterse más adentro del río para pescar el pez grande, cuando la que lo hizo por su propio pie fue ella, menudas represalias tuvimos ambos por eso. Lo bueno es que ella después confesó y nos pidió perdón a los dos. - continuó Joan.
- ¿Qué clase de represalias?
- Mi padre – contestó Joan en ese momento- me ordenó cuidar bien de Sally una semana, como si fuese una princesa con la finalidad de aprender a ser más responsable con mi hermana.
- A mí, mis padres me ordenaron ser el sirviente de ella, que cualquier deseo que tuviese fuese una orden para mí y a pesar del perdón y de decir la verdad nos tuvo a los dos de criados toda una semana.
- Es todo lo que quería oír, disculparme mis modales de no presentarme hasta asegurarme de que realmente fuerais sus hermanos del alma. Mi nombre es Annie Sullivan Martins - pero su presentación quedó interrumpida por la sorpresa de los chicos que se miraron sorprendidos.
- ¿¡Annie!?- exclamaron a la vez mientras miraban atónitos.
- ¿Eres la pequeña hija de Tío George? - le preguntó sorprendido Joan. Annie quedó todavía más sorprendida, pues no esperaba que todavía guardaran tan buenos recuerdos de su padre ni que supieran de su existencia.
- Sí, la misma.
- ¿Qué es lo que te trae aquí Annie? - le preguntó esta vez Ralph.
- Hablar de Sally, hay algo que me preocupa de ella. La conocí hará cosa de cinco años, vino a San Francisco para prepararse los exámenes de entrada a la universidad de Medicina. Entre Sally y yo hay una buena amistad que nos ha hecho convertirnos en buenas hermanas, tras su marcha a Los Ángeles para iniciar sus estudios universitarios, solíamos hablar muy de vez en cuando para mantener el contacto, yo la visitaba y ella a mí, pero hará cosa de un mes que apenas encontrábamos tiempo para hablar, pero hace exactamente una semana que me envió este mensaje.
Se levantó y les puso el chat, ambos leyeron con atención el mensaje sin perder detalle de cada palabra. Joan fue el que más atención puso al leer el mensaje porque estaba más acostumbrado a leer mensajes con doble intención. Ambos amigos sintieron un escalofrío que les heló la sangre.
"Necesito que me eches un cable"
- ¿Sabes si tuvo algún problema con alguien? ¿O estaba metida en algo poco noble? - le preguntó Joan.
- No, pero me duele que si así fuera que no hubiera confiado en mí... yo no pensaba que este mensaje fuera una petición de ayuda hasta que mi propio padre me comentó si había hablado con ella porque llevaba días sin poder comunicarse con ella.
- ¿Pero da señales el móvil cuando la llamas? - fue la pregunta de Takeshi Ralph ante tal confirmación.
- No- sollozó con angustias - al día siguiente de recibir el mensaje la llamé varias veces y en ninguna obtuve respuesta satisfactoria, no había señal.
- ¿Conoces a alguien que supiera los últimos movimientos de Sally?
- No estoy segura, pero alguna vez me habló de una amiga llamada Vicky. Compartía piso con ella.
- ¿Tienes su teléfono o el de alguna otra compañera que nos pueda llevar hasta ella?
- No, ojalá fuera así. - dijo derramando una cristalina lágrima. – solo la dirección del piso en el que reside con otras compañeras de universidad.
- No sufras, vamos a encontrar a Sally esté donde esté, sana. - dijo con determinación Joan. Luego tomó del brazo a Ralph y se lo llevó un par de metros lejos de Annie para que no los escuchara.
- Ralph, ha llegado la hora de activar la promesa que nos hicimos con la hermandad.
- Estoy preparado Joan.