“Salvé al alfa más peligroso del reino…
y ahora dice que soy suyo.”
Aren Solaris es un omega sanador que nunca creyó en el amor.
Pero todo cambia cuando salva a un hombre que no debía sobrevivir.
Darian Valerius.
El alfa más temido del reino.
Frío. Poderoso. Peligroso.
Y ahora completamente interesado en el omega que lo salvó.
Pero Aren no es un omega común.
Su presencia calma incluso a los alfas más salvajes…
y hay quienes están dispuestos a capturarlo a cualquier precio.
Porque algo antiguo está despertando.
Un destino que une a la vida… y la muerte.
Y Darian ha tomado una decisión peligrosa:
Proteger a ese omega.
Porque si alguien intenta llevárselo…
tendrá que enfrentarse primero con el alfa más peligroso del reino.
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Capítulo 4 Sombras dentro del palacio
La noche había caído completamente sobre el palacio imperial.
Las antorchas iluminaban los largos pasillos de piedra, proyectando sombras que parecían moverse lentamente sobre las paredes.
El aire estaba cargado de tensión.
Después del interrogatorio, los guardias habían duplicado la vigilancia.
Nadie en el palacio ignoraba que algo estaba ocurriendo.
Algo peligroso.
Y en el centro de todo estaba un omega que, hasta ese mismo día, había sido solo el sanador del palacio.
Aren Solaris caminaba por el corredor principal con pasos tranquilos.
A su lado, Darian Valerius avanzaba con la misma calma, aunque su mirada analizaba cada rincón.
Detrás de ellos caminaban dos guardias.
El silencio era incómodo.
Finalmente, el beta asistente de Aren habló.
—Esto no tiene sentido.
Aren no respondió.
El beta continuó.
—¿Por qué alguien enviaría asesinos para capturar a un sanador?
Darian respondió antes que Aren.
—Porque ese sanador es más importante de lo que parece.
El beta lo miró nervioso.
—¿Qué quiere decir?
Darian miró a Aren.
—Eso es lo que estamos intentando descubrir.
Aren siguió caminando sin reaccionar.
—No hay nada que descubrir.
Darian levantó ligeramente una ceja.
—¿Estás seguro?
Aren se detuvo frente a la puerta de la enfermería.
—Sí.
Entró.
Darian lo siguió.
La habitación estaba iluminada por varias lámparas de aceite.
Los frascos de medicina brillaban tenuemente bajo la luz.
Aren comenzó a preparar nuevas mezclas.
Era su forma de pensar.
De ordenar ideas.
El sonido del mortero triturando hierbas llenó la habitación.
Darian lo observaba.
—Ese hombre tenía miedo.
Aren respondió sin levantar la mirada.
—Sí.
—Pero no de mí.
—Lo noté.
Darian cruzó los brazos.
—Eso significa que quien lo envió es aún más peligroso.
El beta palideció.
—¿Más peligroso que usted?
Darian sonrió levemente.
—Eso parece.
Aren continuó trabajando.
—Eso no cambia nada.
Darian lo miró.
—¿Siempre reaccionas así?
—¿Así cómo?
—Como si todo fuera normal.
Aren levantó la mirada.
—Entrar en pánico no resuelve problemas.
Darian soltó una pequeña risa.
—Eso es cierto.
El beta murmuró:
—Pero tampoco está ayudando a mi tranquilidad.
Nadie respondió.
El silencio volvió.
Hasta que Darian habló otra vez.
—Hay algo más.
Aren levantó una ceja.
—¿Qué cosa?
—El prisionero dijo algo antes.
Aren lo miró fijamente.
—¿Qué dijo?
Darian respondió lentamente.
—Dijo que el sanador con aroma a girasoles finalmente había aparecido.
La habitación quedó en silencio.
El beta parpadeó.
—¿Eso significa algo?
Aren volvió a triturar hierbas.
—No.
Pero Darian no parecía convencido.
—Tu aroma es… inusual.
Aren levantó la mirada.
—¿Inusual?
—Sí.
Darian se acercó un poco.
—Los omegas normalmente tienen aromas dulces.
Aren respondió con calma.
—No todos.
Darian inclinó ligeramente la cabeza.
—El tuyo calma los instintos de un alfa.
El beta levantó la cabeza.
—¿Eso es posible?
Darian respondió sin apartar los ojos de Aren.
—No debería serlo.
Aren cerró el frasco que tenía en la mano.
—Tal vez simplemente no eres tan salvaje como crees.
Darian sonrió.
—Tal vez.
Pero algo en su mirada decía que no estaba convencido.
El silencio volvió a instalarse en la habitación.
Hasta que un golpe fuerte resonó en la puerta.
Todos se giraron.
Un guardia entró apresuradamente.
—¡Comandante Valerius!
Darian levantó la mirada.
—Habla.
—Encontramos otro intruso.
La habitación se tensó inmediatamente.
—¿Dónde?
—En los jardines del ala oeste.
Aren dejó el mortero sobre la mesa.
—¿Heridos?
—Dos guardias.
Aren tomó inmediatamente una bolsa médica.
—Llévame con ellos.
El guardia dudó.
—Pero…
Darian habló.
—Déjalo.
Aren salió rápidamente.
Darian lo siguió.
Los pasillos estaban llenos de soldados ahora.
Cuando llegaron a los jardines, dos guardias heridos estaban sentados contra una pared de piedra.
Aren se arrodilló frente al primero.
—Déjame ver.
El soldado respiraba con dificultad.
—Nos atacaron desde las sombras.
Aren examinó la herida.
—No es profunda.
Comenzó a limpiar la sangre.
Darian observaba la escena.
Incluso en medio del caos, Aren trabajaba con la misma calma de siempre.
Era impresionante.
El segundo guardia habló.
—Uno de ellos escapó.
Darian frunció el ceño.
—¿Cuántos eran?
—Tres.
Aren terminó el vendaje.
—Necesita descansar.
Darian se giró hacia los soldados cercanos.
—Busquen en todo el palacio.
—¡Sí, señor!
Los soldados se dispersaron.
Aren se puso de pie.
—¿Por qué siguen viniendo?
Darian respondió con voz baja.
—Porque alguien quiere atraparte.
Aren lo miró.
—¿Por qué?
Darian negó lentamente.
—Todavía no lo sé.
Pero antes de que pudieran decir algo más…
Uno de los guardias gritó desde el otro extremo del jardín.
—¡Aquí!
Todos se giraron.
Un cuerpo yacía en el suelo.
Uno de los intrusos.
Darian se acercó.
El hombre estaba muerto.
Pero en su mano tenía algo.
Un pequeño objeto metálico.
Darian lo tomó.
Era un emblema.
Un símbolo grabado en plata.
Darian lo observó con atención.
Su expresión cambió ligeramente.
Aren lo notó.
—¿Qué es?
Darian respondió con voz baja.
—Problemas.
Aren levantó una ceja.
—¿Por qué?
Darian sostuvo el objeto entre sus dedos.
—Porque este símbolo pertenece a una organización que no debería estar involucrada en esto.
El beta preguntó nervioso:
—¿Cuál organización?
Darian respondió lentamente.
—Los Custodios.
El silencio cayó sobre el jardín.
El beta palideció.
—Eso es imposible.
Aren miró el emblema.
—Nunca escuché ese nombre.
Darian lo miró.
—Porque no deberías haberlo escuchado.
El viento nocturno movía los girasoles del jardín.
Y por primera vez desde que todo comenzó…
Darian parecía realmente preocupado.
Porque si los Custodios estaban involucrados…
Entonces Aren Solaris no era solo un sanador.
Era algo mucho más peligroso.
Y alguien…
En algún lugar del reino…
Había decidido que ya era hora de reclamarlo
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Los Custodios finalmente aparecieron…
¿Quién creen que es realmente Aren Solaris?
¡Los leo en comentarios!
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