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El Novio Del Don

El Novio Del Don

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Mafia / Juego de roles / Completas
Popularitas:17
Nilai: 5
nombre de autor: Syl Gonsalves

Para asumir el mando de la mafia, Alessandro debe estar casado.
Implacable y hecho para la violencia, el príncipe de la mafia de Monreale nunca mostró bondad. Hasta que su camino se cruza con el de un joven llamado Nicolò, que despierta en él una obsesión peligrosa.
Y al descubrir las marcas dejadas por años de abuso y crueldad familiar, algo cambia en él. Aunque su instinto de posesión ya lo hace ver a ese extraño joven como su propiedad, se atreve a plantearse un desafío:
Antes de revelar la verdad y llevarlo al altar, quiere que Nicolò se enamore de él.

—Tu cuerpo ya me pertenece, aunque no lo sepas, pero también quiero tu corazón. —A. Morreale

NovelToon tiene autorización de Syl Gonsalves para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

Alessandro no estaba de humor para continuar con los cobros ese día y decidió dejar las dos últimas direcciones para el día siguiente y se fue a un b0rd3l, que, al igual que todas las demás casas de entretenimiento, era suyo.

Al día siguiente, muy temprano, reunió a sus hombres y fueron a hacer los cobros que no había hecho el día anterior. En el primer lugar, recibió gran parte de la deuda y entonces Alessandro, Marco y algunos hombres en dos coches siguieron hacia la última dirección de la lista de ajustes. Cuando se acercaban a la residencia, la puerta de entrada se abrió y para sorpresa de Alessandro, el chico que había visto el día anterior salió por ella.

—¡Qué interesante!

El muchacho siguió hacia el otro lado, tal vez sin darse cuenta de los coches que se acercaban a su residencia.

—Síguelo, Marco, quiero saber todo sobre mi prometido. Por cierto, ¿de quién es la deuda?

Marco miró en las anotaciones.

—Vicenzo Bianchi, probablemente, tu suegro — dijo Marco, dando una sonrisa llena de malicia al amigo.

Alessandro miró el tamaño de la deuda y sus ojos se salieron de sus órbitas.

—¿Y él debe todo eso?

—En realidad, un poco más... Pero él ha estado haciendo algunos servicios para nosotros.

Alessandro silbó y una sonrisa cruzó sus labios.

—Descubre el máximo de información sobre ellos y, principalmente, sobre mi prometido. Creo que voy a querer hacer una prueba de manejo con él, solo para saber si no me voy a arrepentir después del matrimonio.

—Como si tú no fueras a buscar en otros lugares lo que no ganes en casa.

—¿Y quién dijo que no voy a ganar? Pero, puedo no agradarme mucho... Ahora ve tras él.

Marco asintió y Alessandro bajó del coche. Mientras Marco seguía de cerca a Nicolò, Alessandro y sus hombres se acercaban a la casa.

—¿Señor Alessandro? — balbuceó Vicenzo al abrir la puerta y dar de cara con el príncipe de la mafia.

—¡Buongiorno, Vicenzo! ¿Tienes el dinero para pagarme? — preguntó ya entrando en la casa sin que el otro invitara. Dos de sus hombres lo acompañaban.

Alessandro miró de arriba abajo la casa y observó que tenía muchos retratos de familia, pero en casi todos ellos faltaba una persona y en los que él estaba presente, estaba siempre al margen, 3xcluíd0.

Mientras él analizaba mejor un retrato, una mujer y un muchacho, aparecieron y él dedujo que eran la madre y el hermano del muchacho. Sin embargo, mirando de cerca, vio que él no se parecía en nada a aquella mujer, tal vez ella fuera madrastra de él.

Su mirada perspicaz observó atentamente a aquellos dos y algo le pareció errado.

—Vicenzo, querido, ¿quiénes son esas personas?

"¡Vaya, ella no sabe quién soy! Necesito aparecer más o voy a ser dueño de un imperio y nadie me va a conocer."

—Ese es el señor Alessandro Morreale, Tereza.

La mujer llevó las manos hasta la boca.

—Mil perdones, señor. Estoy sin mis gafas y no veo bien — mintió ella.

"Pero qué mentirosa", pensó Alessandro, diciendo en seguida que entendía.

—¿Solo están ustedes en casa?

—Sí señor — respondió prontamente ella, completando en seguida: — ¿Acepta un café? ¿Té?

—Claro.

Rápidamente ella se dirigió para la cocina.

—¿Tú eres quién? — preguntó dirigiéndose al otro muchacho.

—Matteo, señor. Soy hijo de ellos. — dijo extendiendo la mano para Alessandro. Alessandro apretó la mano de él y percibió que estaba levemente trémula.

"Qué flojo", pensó Alessandro.

—¿Cuántos años tienes?

Matteo no estaba entendiendo muy bien el interés en él, pero achó mejor responder.

—Veintiséis años.

—¿Y tu hermano?

Alessandro percibió que el otro quedó incomodado al oír la palabra hermano.

—¿Qué tiene aquel inútil? Disculpa, ¿qué tiene él?

"Interesante, no le gusta el hermano."

—¿Cuántos años tiene él?

—Diecisiete.

"Pero qué mierd4, es menor de edad aún. No hace mal, voy a esperar que él haga dieciocho y todo cierto. Y soy la p0rr4 del príncipe, futuro Don de la mafia Monreale, nadie va a enfrentarme por yo casarme con alguien menor de edad. En las otras facciones la edad puede ser aún menor. Por otro lado, no quiero ser conocido como un Don p3d0f1l0, son abominables... También, quién mandó llamar la atención de quien no debía...", pensaba mientras miraba uno de los raros retratos con Nicolò, que más parecía un empleo de la casa que integrante de la familia.

Él fue interrumpido de sus pensamientos, cuando Vicenzo volvió más blanco que una hoja de papel, en las manos trémulas traía un sobre y algunos collares.

—Es todo lo que puedo dar hoy.

Alessandro miró el contenido del sobre y las piezas y gargajeando las arrojó al suelo.

—¿Me estás achando con cara de payaso? Eso no cubre ni un por ciento de lo que debes.

Alessandro sacó la 4rm4 y apuntó para Vicenzo. Tereza, que volvía de la cocina con una bandeja con café y bollitos, dejó todo caer en el suelo.

—Señor, ¿tiene que haber alguna cosa que podamos hacer? Tal vez un poco más de plazo...

Lloriqueaba el hombre.

Un mensaje hizo vibrar el celular de Alessandro, él sabía que era Marco y debía tener novedades. Aún con la 4rm4 en ristre, él leyó el mensaje que decía: Nicolò Bernardi Bianchi, diecisiete años, hijo biológico de Vicenzo Bianchi y Vittoria Bernardi, que falleció un poco después que dio a luz. Ella era amante de Vicenzo.

Alessandro guardó el celular y bajó la 4rm4.

—Todo bien. Hay una cosa que voy a tomar en cambio de la deuda.

Los tres parecieron respirar más aliviados. Alessandro mandó a Tereza y Mateo retirarse para la cocina y designó uno de sus hombres para garantizar que no fueran a escuchar la conversación que él tendría con Vicenzo.

Los dos fueron hasta una parte de la casa más alejado.

—¿Tienes otro hijo?

Vicenzo asintió.

—Pero él no es hijo de tu esposa, ¿cierto?

El hombre asintió una vez más.

—Me gustó de él, ¿sabes? Y quiero que él sea mío. Entonces, yo perdono toda tu deuda y en cambio tú me lo das.

—Yo no estoy entendiendo, señor...

—Está sí. Y, está en la cara que vas a aceptar, porque por lo que yo percibí nadie se importa con él, entonces estoy haciéndote tres favores: ahorrando tu vida, perdonando tu deuda y librándote de tu error encarnado.

—¿Qué quieres que yo haga?

—¿Entonces aceptas que él será mío?

Vicenzo aceptó.

—No cuentes nada sobre nuestro acuerdo, ni para su esposa e hijo y, principalmente, para Nicolò.

—¿Cómo sabes el nombre de él?

Alessandro sonrió

—Hasta parece que olvidaste con quién estás hablando. Si incumples cualquier parte del acuerdo, vuelvo aquí y m4t0 a todos.

Sin decir más nada, Alessandro y sus hombres se retiraron de la casa. Tereza y Matteo intentaron de todas las formas descubrir lo que había hecho Alessandro perdonar la deuda, pero todo lo que el hombre respondió fue:

—En la hora cierta van a saber. Ahora me dejen en paz. Y, ¿Nicolò ya volvió?

—Aún no, padre.

—Así que él llegue, manda a él ir a trabajar en las jaleas, que recibí un encargo de cien frascos. Avísale que si no están prontas las cien jaleas o tenga cualquier problema él ya sabe lo que va a acontecer.

Ellos producían jaleas artesanales y la gran mayoría del servicio pesado y cansativo era ejecutado por Nicolò. En verdad, todo tipo de servicio de la casa y de la producción de jaleas era de responsabilidad de Nicolò, desde que él tenía edad suficiente para sujetar una escoba y mover las ollas.

—Y, ¿vas dónde, querido? — preguntó Tereza, viendo al marido juntando las economías que Alessandro rehusó y colocando en el bolsillo del casaco.

—Voy a hacer una apuesta, creo que hoy es mi día de suerte — respondió, dando la espalda para la mujer y saliendo.

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