Davina Guedes sueña con trabajar en la Inmobiliaria Hawser , sin saber que al lograrlo , despertaría la pasion y al obsesión de su dueño , el empresario Danilo Hawser.
NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 4
Eran las once de la noche. El silencio en el pequeño apartamento de Estácio solo era interrumpido por el zumbido de un ventilador viejo. Davina estaba acostada, mirando las sombras del techo, tratando de procesar la derrota, cuando su teléfono vibró sobre la mesita de noche.
Pensó que sería una alerta de noticias o un mensaje de su madre desde la habitación de al lado. Pero el asunto del correo electrónico hizo que se sentara de golpe, con el corazón martilleando contra sus costillas:
De: Presidencia - Inmobiliaria Hawser
Para: Davina Guedes
Asunto: Entrevista Personal - Oficina del CEO
*"Estimada Srta. Guedes, tras revisar el registro de su entrevista de hoy, el Sr. Danilo Hawser desea mantener una breve reunión con usted mañana a las 08:00 AM en la planta 50. Por favor, confirme su asistencia respondiendo a este correo. Atentamente, Secretaría de Presidencia."*
Davina leyó el mensaje tres, cuatro, cinco veces. ¿Danilo Hawser? ¿El hombre que aparecía en las portadas de las revistas de negocios? ¿El dueño de la mitad de los rascacielos de la costa? No tenía sentido. Pero el dominio del correo era auténtico.
—¡Mamá! ¡Mamá, despierta! —gritó Davina, corriendo a la habitación de Deliya.
Cuando Deliya leyó el correo, sus ojos se llenaron de lágrimas de nuevo, pero esta vez eran de un orgullo electrizante.
—Te lo dije, hija. Te lo dije. Los espejos se rompen, pero la verdad siempre sale a la luz.
A la mañana siguiente, Davina no sentía miedo. Sentía una furia serena. Se puso el mismo traje marengo, pero esta vez caminó por el vestíbulo de la inmobiliaria como si fuera la dueña del mármol. Al llegar al mostrador, la secretaria de ayer la miró con la misma indiferencia.
—Tengo una cita en la planta 50 —dijo Davina, entregando su identificación.
La secretaria palideció. La planta 50 era territorio sagrado; ni siquiera los gerentes senior subían allí sin una escolta. Tras una llamada rápida, su tono cambió drásticamente.
—Suba de inmediato, Srta. Guedes. El ascensor privado ya está habilitado para usted.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron en el piso 50, el mundo de Teresa Fontes pareció una oficina de correos de barrio en comparación. Aquí no había cubículos, solo ventanales que mostraban la inmensidad del Atlántico y el Pan de Azúcar.
Sentado tras un escritorio de madera oscura que parecía una obra de arte, estaba Danilo Hawser. Era un hombre de unos treinta y cinco años, con un traje perfectamente entallado y una mirada que parecía atravesar el acero. No parecía un hombre interesado en la "sofisticación" superficial, sino en los resultados.
—Siéntese, Srta. Guedes —dijo Danilo. Su voz era profunda y tranquila—. Estaba revisando algunas grabaciones de control de calidad de las cámaras de las salas de entrevista. Me gusta saber cómo trata mi personal a los nuevos talentos.
Davina se sentó, manteniendo la mirada.
—Entonces habrá visto que la señora Fontes no estaba muy impresionada con mi código postal.
Danilo esbozó una sonrisa casi imperceptible.
—Vi a una mujer intentando proteger su pequeño reino de alguien que hablaba con más verdad que ella. Teresa busca empleados que no la amenacen. Yo, por el contrario, busco gente que sea capaz de decirme en la cara que mis asistentes "podrían ser maniquíes" si no tienen hambre de éxito.
Hizo una pausa, entrelazando los dedos sobre el escritorio.
—Usted tiene algo que no se enseña en las universidades de la zona sur, Davina. Se llama *resiliencia*. Y en este mercado, eso vale más que un apellido famoso.
—¿Por qué me ha llamado realmente, Sr. Hawser? —preguntó ella, sin rodeos.
—Porque necesito a alguien que no tenga miedo de los muros de cristal. Alguien que conozca la calle y que sepa lo que cuesta cada centavo, para que pueda defender mis intereses con esa misma garra. Teresa quería que se fuera a su casa. Yo quiero que sea mi Asistente Ejecutiva de Proyectos Especiales. Reportará directamente a mí.
Davina sintió un escalofrío. El puesto era infinitamente superior al que había solicitado.
—¿Y qué pasa con la señora Fontes? —preguntó con una chispa de picardía.
Danilo se reclinó en su silla, sus ojos brillando con frialdad empresarial.
—La señora Fontes va a descubrir hoy que el "perfil" de esta empresa acaba de cambiar drásticamente. De hecho, su primera tarea será bajar al piso 42 y recoger los expedientes que ella le negó ayer. Quiero ver su cara cuando vea quién es su nueva superior en la cadena de mando de proyectos…