Morí atragantado con un hotdog y reencarné en mi novela BL favorita.
¿Suena épico? No lo es, porque ahora soy el extra que muere en el capítulo 3.
Mi plan: pasar desapercibido y sobrevivir.
La realidad: el villano frío y temido del imperio se enamoró de mí.
Entre malentendidos, romance accidental y un destino que se salió del guion,
haré lo imposible por no morir otra vez…
aunque eso signifique robarle el corazón al villano.
✨ BL + comedia + reencarnación
✨ Villano obsesivo x extra caótico
✨ Final feliz (si no muero antes)
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Capítulo 4: Convivencia Forzada con el Villano
(Manual para No Morir de Vergüenza)
Desperté con la incómoda sensación de estar en una cama que no me pertenecía.
Demasiado grande.
Demasiado blanda.
Demasiado… lujosa para un extra que, en la versión original del universo, ya debería estar muerto.
Tardé unos segundos en recordar dónde estaba. La habitación amplia, las cortinas pesadas, el olor tenue a madera pulida y a algo más oscuro… Lucien. Mansión Blackthorne. El día en que no me morí.
—Ok, Tomás —susurré—. Sobreviviste al capítulo 3. Logro desbloqueado.
Intenté incorporarme y, para mi sorpresa, no sentí el mareo brutal del día anterior. Seguía débil, pero vivo. Eso ya era una mejora considerable en comparación con mi destino original.
Alguien golpeó la puerta.
—Pasa —dije, sintiéndome raro dando permiso en una habitación que claramente no era mía.
Entró una sirvienta con una bandeja de comida. Pan caliente, un cuenco de sopa espesa, fruta cortada. Mi estómago rugió de inmediato, traicionándome sin pudor.
—Lord Blackthorne ordenó que comieras —dijo ella, dejándolo todo en la mesita—. Y que no te levantaras hasta terminar.
—¿No levantarme? —repetí.
—Sus palabras exactas: “Si se mueve sin permiso, me avisan.”
Tragué saliva.
—Qué considerado —murmuré—. Un secuestro con catering.
Comí despacio, intentando no parecer un náufrago rescatado. Cada bocado me hacía sentir más presente en mi propio cuerpo. Tal vez la desnutrición de Elian no se arreglaba en un día, pero al menos no estaba al borde del colapso.
Cuando terminé, me atreví a asomarme por la ventana. Desde ahí se veía parte del patio interior: soldados entrenando, sirvientes yendo y viniendo, y… Lucien Blackthorne hablando con alguien.
Mi corazón dio un pequeño salto traicionero.
Aurelian Solberg estaba frente a él.
El protagonista original y el villano, uno frente al otro, con la tensión política flotando entre ambos como una nube invisible. En la novela, esa escena era el inicio formal de su rivalidad.
Y yo estaba mirando todo desde una ventana, comiendo pan como espectador clandestino.
—No te metas en la trama —me recordé—. Eres un extra vivo. Disfruta el privilegio.
Demasiado tarde.
Un golpe suave en la puerta me sacó de mi monólogo interno.
—Elian —dijo una voz grave.
Lucien.
Me giré tan rápido que casi me mareé otra vez.
—¿S-sí?
Lucien entró a la habitación sin pedir permiso, como si el espacio le perteneciera (porque, de hecho, le pertenecía). Me observó con detenimiento.
—¿Comiste?
—Sí, señor. Todo.
—Bien.
Silencio incómodo.
Lucien se quedó de pie cerca de la cama, con los brazos cruzados. Yo no sabía si debía inclinar la cabeza, levantarme, saludar, hacer una reverencia o desaparecer mágicamente.
—El médico dice que debes quedarte aquí hoy —dijo—. No trabajarás.
—¿No trabajar? —repetí—. Pero yo…
—No quiero que te desmayes otra vez en mis pasillos.
Ah. De nuevo esa frase.
—Entendido —asentí—. Prometo no colapsar dramáticamente frente a usted.
Lucien frunció el ceño.
—Deja de hablar así.
—¿Así cómo?
—Como si tu vida fuera un chiste.
La frase me descolocó.
Me quedé en silencio unos segundos antes de responder.
—Es que… a veces es más fácil reírse que pensar en lo frágil que es todo.
Lucien no dijo nada, pero su mirada se suavizó apenas un grado. Apenas.
—Vas a quedarte en esta habitación hasta recuperarte —continuó—. Quiero verte de pie, no arrastrándote por los pasillos.
—Gracias —dije, genuinamente.
Lucien pareció incómodo con la palabra. Se giró para irse… y luego se detuvo.
—Aurelian preguntó por ti.
Mi corazón dio un salto alarmado.
—¿Por mí? ¿Por qué?
—Dijo que te vio casi caer ayer. Quería saber si estabas bien.
Genial. Protagonista original desbloqueado: interés en el extra irrelevante.
—Dígale que estoy vivo —respondí—. Eso suele tranquilizar a la gente.
Lucien me miró con una expresión extraña.
—Eso ya lo noté yo.
Cuando se fue, me dejé caer contra las almohadas, mirando el techo.
—Perfecto —murmuré—. Ahora el villano me cuida y el protagonista se preocupa. ¿Qué sigue? ¿Que el universo me nombre protagonista honorario?
Como si el mundo quisiera responderme, la puerta se abrió de nuevo.
Esta vez, Aurelian Solberg asomó la cabeza con una sonrisa amable.
—Hola —dijo—. Perdón por molestar. Solo quería saber cómo estabas.
Mi cerebro gritó: NO INTERACTÚES CON EL PROTAGONISTA.
Mi boca respondió:
—Vivo y comiendo. Dos grandes avances para mí.
Aurelian rió suavemente.
—Me alegra oír eso. Ten cuidado, ¿sí? No todos los días alguien sobrevive a desmayarse en la mansión Blackthorne.
—Lo tendré en cuenta —respondí—. Haré de la supervivencia un hábito.
Desde el pasillo, sentí una mirada pesada.
Lucien Blackthorne estaba observándonos.
Y, por alguna razón que no supe explicar, la forma en que Aurelian me sonreía no le gustó en absoluto.
🎵🎶Fondo, fondo, fondo🎶🎵🤣😆😈😆🤣😉