El amor es un suspiro mortal; la obsesión es un hambre eterna.”
Francois es un joven florista cuya vida es un jardín de luz y serenidad. Su mundo gira en torno a Margaret, su prometida, una mujer cuya calidez es el único refugio que necesita. Pero la felicidad de los mortales siempre atrae a las sombras, y para Demon, un vampiro antiguo que ha olvidado lo que significa sentir, Francois no es solo una presa: es una obsesión.
Demon no busca simplemente la sangre de Francois; desea corromper su pureza, quebrar su voluntad y poseerlo como la joya más preciada de su colección macabra. Consumido por unos celos patológicos hacia Margaret, el vampiro inicia un asfixiante juego de manipulación psicológica. A través de visiones aterradoras, regalos envenenados y la seducción del poder prohibido, Demon comienza a aislar a Francois de la realidad, sembrando la desconfianza y la paranoia en la pareja.
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Capítulo 23: La Legión de los Lirios de Hueso
El cementerio de San Jude se había transformado en un altar de pesadilla. El aire, saturado por la necronebulosa que emanaba del Libro de la Muerte, impedía que la luz de la luna tocara el suelo. Clara Miller sentía cómo la frialdad de la tumba ascendía por sus piernas, convirtiendo su sangre en un lodo espeso y plateado. Malphas reía, una carcajada seca que sonaba como el crujir de hojas muertas, mientras Demon, esa amalgama de humo y osamenta, se deleitaba con el sufrimiento de la mujer que una vez lo redujo a nada.
—¡Mírate! —bramó el brujo Malphas, alzando el libro—. El amor de tu padre es una brizna de paja ante el incendio de la muerte. ¡Ríndete a la entropía, Clara!
Pero Clara no apartó la mano del lirio blanco que había brotado de la tumba de Francois. Aquella pequeña flor no era solo una planta; era un conducto, una anomalía de pureza en un mar de corrupción. Al tocarla, Clara no solo sintió el frío de la muerte, sino el Eco de la Conservación. Entendió que si Malphas podía animar la carne muerta para la destrucción, ella, como heredera del linaje de los Miller, podía reclamar esos mismos restos para la protección.
El Despertar de la Nigromancia Blanca
—Yo no sirvo a la muerte —susurró Clara, y sus ojos plateados emitieron un destello que hizo que las sombras de Demon retrocedieran—. Pero sé cómo ordenar a los que descansan que protejan su hogar.
Clara cerró los puños, rompiendo los zarcillos necróticos que Malphas había lanzado sobre ella. No recuperó su fuego de híbrida; en su lugar, despertó algo nuevo: la Autoridad del Reposo. Extendió sus manos hacia el suelo del cementerio, no con odio, sino con una plegaria silenciosa.
De la tierra no surgieron cadáveres hambrientos. De los osarios y las tumbas familiares, empezaron a emerger esqueletos envueltos en enredaderas de color blanco marfil. Sus huesos estaban reforzados por fibras vegetales endurecidas, y donde deberían estar sus ojos, brillaban pequeñas flores de acónito.
Eran los Lirios de Hueso.
—¡Imposible! —chilló Malphas, retrocediendo hacia el altar—. ¡Nadie puede arrebatarle el control al Libro de la Muerte!
—Tú usas el libro para esclavizarlos —dijo Clara, levantándose con una elegancia espectral—. Yo les doy una última misión: defender el jardín que amaron en vida.
La Batalla de los Dos Reinos
El cementerio estalló en una guerra de ultratumba. Los guerreros de sombra de Demon, etéreos y violentos, se lanzaron contra los Lirios de Hueso de Clara. Era un choque de voluntades: la entropía contra la memoria persistente. Los Lirios de Hueso no sentían miedo; sus escudos de raíces entrelazadas absorbían la energía oscura de las sombras, purificándola y devolviéndola a la tierra.
Varg, herido y exhausto, observaba la escena desde la periferia. Comprendió que su fuerza física ya no era suficiente. Clara se estaba convirtiendo en algo que él no podía seguir, una entidad que habitaba la frontera entre los mundos.
—¡Clara! —gritó Varg—. ¡No dejes que el libro te consuma! ¡Si te quedas demasiado tiempo en esa frecuencia, no podrás volver a ser humana!
—¡Vete, Varg! —respondió ella sin mirarlo—. Busca la grieta. Encuentra a Julianis. Si él tiene la clave para sellar a Demon, tráela. ¡Yo mantendré la línea aquí!
Varg, confiando en el instinto que los había mantenido vivos durante cinco volúmenes, se giró y corrió hacia el centro de la ciudad, donde la distorsión espacial era más fuerte. Debía entrar en el Abismo de las Sombras mientras Clara contenía a la legión del brujo.
El Viaje al Vórtice
San Jude era ahora un laberinto de pesadilla. Los edificios parecían derretirse bajo la influencia de la neblina esmeralda. Varg llegó al lugar donde antes estaba la gran mansión de Demon, el epicentro de todas las tragedias familiares. Allí, un remolino de oscuridad líquida giraba incesantemente.
Sin dudarlo, Varg se lanzó al vacío.
El Abismo no era como lo recordaba del volumen anterior. Estaba agitado, furioso. Al fondo, encadenado por grilletes de luz blanca (el residuo del poder que Clara sacrificó), se encontraba el espíritu de Julianis. El Antiguo se veía demacrado, su esencia devorada por el vacío que él mismo intentó controlar.
—¿Has venido a burlarte de mi caída, lobo? —preguntó Julianis con una voz que era apenas un susurro de estática.
—He venido a por la Cadena de los Antiguos —dijo Varg, transformándose parcialmente para resistir la presión del Abismo—. Tu sirviente Malphas ha revivido a Demon. Están destruyendo San Jude con el Libro de la Muerte.
Julianis soltó una risa amarga.
—Malphas... siempre fue un ambicioso. Pero no entiende que Demon no es una herramienta. Demon es un parásito existencial. Si el libro lo alimenta lo suficiente, no habrá mundo que gobernar, solo un vacío infinito.
—¡Ayúdame a detenerlo! —exigió Varg.
—No puedo salir de aquí, Varg. Pero puedo darte el Clavo de Plata de la Verdad. Es lo único que puede fijar a un muerto viviente a su tumba permanentemente. Pero el precio es alto: quien lo use, debe entregar una parte de su propia fuerza vital para sellar el pacto.
El Duelo en el Cementerio
De vuelta en el cementerio, Clara estaba perdiendo terreno. Malphas había comenzado a recitar un salmo de sacrificio, usando el Libro de la Muerte para drenar la energía de los ciudadanos de San Jude a distancia. Demon, fortalecido por este banquete de almas, creció en tamaño, convirtiéndose en un coloso de sombra de seis metros de altura.
—Clara... —rugió Demon, su voz rompiendo las lápidas cercanas—. Tu padre... está mirando... desde el otro lado... y ve cómo te marchitas...
—Mi padre me enseñó que una flor que nace en la adversidad es la más rara y hermosa de todas —respondió Clara, aunque sus manos temblaban.
La entidad de Demon lanzó un golpe demoledor que pulverizó a una docena de Lirios de Hueso. Clara cayó de rodillas, el Libro de la Muerte brillando con una intensidad que amenazaba con cegarla. Malphas se acercó a ella, con la daga de hueso en alto.
—Tu sangre sellará el libro para siempre —dijo el brujo—. Serás el último lirio en marchitarse.
El Retorno del Lobo
Justo cuando la daga de Malphas descendía, una sombra veloz impactó contra él. Varg había regresado, emergiendo de la grieta con el Clavo de Plata brillando en su mano derecha. Su pelaje estaba erizado y sus ojos inyectados en sangre por el esfuerzo de cruzar las dimensiones.
—¡Clara, el clavo! ¡Tengo que clavarlo en el corazón de la sombra! —gritó Varg.
Pero Demon era demasiado fuerte. Con un movimiento de sus garras de humo, lanzó a Varg contra un mausoleo. El Clavo de Plata salió volando, aterrizando cerca del Libro de la Muerte.
Clara comprendió que Malphas no era el verdadero peligro; el libro era el motor, y Demon era el conductor. Se arrastró hacia el clavo, pero Malphas la pateó en el costado, recuperando el libro.
—¡Es tarde! —gritó el brujo—. ¡La puerta está abierta!
El Sacrificio de la Jardinera de Huesos
Clara miró a Malphas, luego a Demon, y finalmente a la tumba de sus padres. Recordó la lección del Volumen 3: para salvar el jardín, a veces hay que podar hasta la raíz.
No tomó el clavo. Tomó el Libro de la Muerte.
Al tocar el objeto necrótico con su autoridad de "nigromante blanca", el libro intentó devorarla. Pero Clara no luchó contra el libro. En su lugar, le dio lo que quería: un propósito humano.
—Yo te nombro —gritó Clara, su voz elevándose por encima del caos—. Ya no eres el Libro de la Muerte. Eres el Anuario de las Raíces. ¡Vuelve a la tierra de donde viniste y llévate a tus hijos contigo!
El libro comenzó a arder con un fuego blanco y negro. Malphas gritó cuando sus manos se fundieron con las tapas de cuero. Demon, al sentir que su fuente de energía se transformaba, empezó a disolverse.
—¡Nooooo! —el grito de Demon se desvaneció en un susurro de ceniza.
Clara usó sus últimas fuerzas para clavar el Clavo de Plata de Varg directamente en el centro del libro, fijándolo al suelo del cementerio de San Jude. La explosión de energía purificadora barrió el lugar, disolviendo a los no-muertos y enviando a Malphas al Abismo.
El Silencio de las Tumbas
Cuando el sol comenzó a salir, el cementerio recuperó su paz. El Libro de la Muerte estaba ahora enterrado bajo el Clavo de Plata, convertido en una piedra inerte de la que brotaban lirios reales y hermosos.
Varg caminó hacia Clara. Ella estaba sentada sobre la tumba de Francois, exhausta. Sus ojos ya no eran plateados, pero tampoco eran del café cálido de antes. Eran de un color gris pálido, como la niebla antes del amanecer.
—¿Estás bien? —preguntó Varg, ayudándola a levantarse.
—Estoy... aquí —respondió ella—. Pero el libro no se ha destruido, Varg. Solo está sellado. Mientras haya muerte en este mundo, Malphas y Demon intentarán volver.
—Entonces seguiremos vigilando —dijo Varg, mirando el horizonte—. San Jude ya no es una Ciudad Esmeralda. Es una Ciudad de Cristal, hermosa pero frágil.
Clara asintió. El Volumen 6 terminaba con una victoria amarga. Los muertos habían vuelto al reposo, pero Clara Miller sabía que ahora llevaba una parte de ese reposo en su propia alma. Ya no era solo una jardinera de la vida; era la Guardiana de los que Duermen.
En la florería, el letrero de "El Lirio de Francois" fue reconstruido. Pero en el escaparate, junto a los lirios blancos, Clara puso una pequeña rosa tallada en hueso. Un recordatorio de que en su jardín, hasta la muerte tiene un lugar para florecer.
ah y otra cosa que pasara cuando se le quite la obsesión y lo pruebe por que a parecer todo es un simple capricho el no esta enamorado de francois?!!!