Ella ha dedicado su vida a entrenar y aunque ahora reencarna en otra época no dejará sus sueños.
* Esta Novela es parte de un mundo mágico*
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Damian 1
El otoño comenzaba a teñir de dorado los bordes del campo de entrenamiento cuando ocurrió.
Aquella mañana el ambiente era distinto.
Más estudiantes de lo habitual se habían reunido alrededor del patio central. Incluso algunos de cursos superiores observaban desde las gradas de piedra. El murmullo era expectante.
Constance.. enmascarada, cabello azul oculto bajo tela oscura.. lo notó apenas puso un pie en la arena.
Entonces lo vio.
Un joven noble de cabello claro casi plateado y ojos del mismo tono, fríos y brillantes como acero pulido. Alto, de hombros amplios, movimientos seguros. No entrenaba como los demás.. generalmente combatía contra dos o tres estudiantes al mismo tiempo.
Y siempre destacaba.
Ese día, sin embargo, no llegó solo.
A su lado caminaba una mujer de belleza serena. Cabello rubio que caía en ondas suaves sobre sus hombros. Ojos azules luminosos. Vestía con elegancia sobria y sostenía con delicadeza su pequeño vientre apenas visible de embarazo.
El contraste entre la firmeza del hombre y la dulzura protectora de la mujer llamó la atención de todos.
Constance no sabía quiénes eran.
Hasta que escuchó los susurros.
—Es él.
—El hermano menor del conde Devlin.
—Dicen que es un prodigio.
Un nombre circuló entre murmullos reverentes..
Damian Devlin.
Hermano menor del conde Devlin. Miembro de una de las familias más influyentes de la zona.
Davies apareció junto al grupo con expresión neutral, aunque su mirada estaba alerta.
—Hoy habrá combates evaluativos libres.. Los que deseen desafiar o ser desafiados, adelante.
Damian se quitó el abrigo con naturalidad y lo entregó a la mujer rubia, quien le dedicó una sonrisa tranquila antes de sentarse.
Sus movimientos eran seguros. Elegantes. Pero no ostentosos.
Constance sintió algo familiar.
No arrogancia.
Confianza real.
Davies recorrió con la mirada a los presentes… y señaló.
—Enmascarado. Contra Devlin.
Un murmullo recorrió el patio.
Constance dio un paso al frente sin vacilar.
Damian la observó con curiosidad. No parecía molesto ni desdeñoso.
—¿El misterioso? —comentó con una media sonrisa.
Ella adoptó guardia.
No respondió.
—Comiencen —ordenó Davies.
El primer intercambio fue rápido.
Damian atacó con una combinación limpia, directa, midiendo distancia con precisión. No era fuerza bruta. Era técnica entrenada.
Constance bloqueó, giró y contraatacó con una patada baja dirigida a su muslo. Él retrocedió justo a tiempo.
Intercambio.
Desplazamiento.
Finta.
Golpe.
El sonido seco de los impactos controlados resonaba en la arena.
Era diferente.
A diferencia de los otros estudiantes, Damian no se desestabilizaba fácilmente. Leía movimientos con rapidez. Ajustaba su postura en segundos.
Constance sintió la emoción crecer en su pecho.
Por fin.
Un desafío real.
Davies cruzó los brazos desde el borde.
Evans observaba con atención clínica.
El combate se volvió más intenso.
Constance logró conectar un golpe lateral en el torso. Damian respondió con una barrida que casi la hace perder equilibrio. Ella rodó, se incorporó con agilidad y lanzó un ataque frontal que él desvió por centímetros.
Ninguno cedía.
El silencio se fue apoderando del patio.
Incluso la mujer rubia observaba con atención, una mano protectora sobre su vientre.
En un intercambio cerrado, ambos quedaron a escasos centímetros.
Ojos claros contra máscara oscura.
Respiraciones agitadas.
Davies levantó la mano.
—Pausa. Segunda ronda.
Los combatientes retrocedieron unos pasos.
Fue entonces cuando algo cambió.
Damian dejó caer levemente los hombros.
Y su mirada se endureció… pero no con agresividad.
Con condescendencia.
Se acercó a Constance unos pasos antes de que dieran la señal.
Y habló lo suficientemente bajo para que solo ella lo escuchara.
—No ataco mujeres.
El silencio fue inmediato.
No porque todos lo oyeran.
Sino porque la tensión cambió.
Constance se quedó quieta un segundo.
Solo uno.
En su interior, algo ardió.
No era vergüenza.
No era miedo.
Era ese viejo fuego que había sentido cada vez que alguien subestimaba su capacidad.
Enmascarada.
Invisible.
Y aún así, reducida a una categoría.
Sin advertencia.
Sin palabra.
En el siguiente movimiento, lanzó un golpe directo.
Seco.
Preciso.
Impactó en el rostro de Damian con técnica impecable.
No fue brutal.
No fue devastador.
Pero fue lo suficientemente contundente para quebrar su equilibrio y enviarlo al suelo.
El sonido del impacto contra la arena resonó claro.
Un murmullo recorrió a los espectadores.
Damian quedó tendido un segundo, más sorprendido que herido.
Su orgullo había recibido el verdadero golpe.
Constance retrocedió un paso.
No adoptó postura victoriosa.
No habló.
Solo se acomodó la máscara con calma.
Damian la miró desde el suelo, ojos claros encendidos ahora con algo distinto.
Respeto.
Davies rompió el silencio.
—El combate continúa solo si ambos están dispuestos.
Damian se incorporó lentamente, limpiándose el polvo del rostro.
Miró a Constance.
—Estoy dispuesto.
Pero Constance ya había decidido.
Había obtenido lo que necesitaba.
Giró sobre sus talones.
Y se marchó del campo sin decir una sola palabra.
El silencio la siguió unos pasos.
Detrás de la máscara, su expresión era fría.
Por dentro, sin embargo, maldecía al joven noble con intensidad.
[No ataco mujeres. Qué arrogancia. Qué absurdo.]
Si no quería atacar mujeres… entonces no debió entrar al campo de combate.
Mientras se alejaba, el viento agitó la tela oscura que ocultaba su cabello azul.
Y por primera vez desde que había llegado a la academia, comprendió algo nuevo.
No solo tendría que luchar contra oponentes.
Tendría que luchar contra prejuicios.
Y esa batalla… sería aún más difícil.