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Lo Nuestro No Estaba Permitido

Lo Nuestro No Estaba Permitido

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio arreglado
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Forzada a un matrimonio por conveniencia, Keyla encuentra en un amor prohibido y con el, la fuerza para romper las cadenas de una vida de mentira.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una luna de miel de locura.

La celebración terminó pasada la medianoche, cuando las risas ya sonaban forzadas y los invitados empezaban a despedirse uno a uno. Keyla sentía los pies adoloridos, el cuerpo cansado y el corazón completamente vacío. Sonreía por inercia, agradecía felicitaciones que no sentía y aceptaba abrazos que no le decían nada.

Andrés no volvió a acercarse a ella después de lo ocurrido en la habitación.

Cuando todo acabó, los padres de Andrés se acercaron con entusiasmo fingido.

—Mañana mismo parten a su luna de miel —dijo la madre de Andrés con una sonrisa perfecta—. Playas privadas, un hotel de lujo, todo está preparado para ustedes.

Keyla levantó la mirada, sorprendida.

—¿Luna de miel? —repitió.

—Por supuesto —intervino el padre—. Es tradición. Nuestro único hijo merece lo mejor.

Andrés asintió sin emoción.

—Gracias —dijo—. Nos encargaremos de todo.

Keyla entendió, sin que nadie lo dijera, que aquello tampoco era una invitación, sino otra imposición.

Al día siguiente, viajaron.

El avión privado los llevó a un destino paradisíaco: mar turquesa, arena blanca, palmeras interminables y un hotel tan lujoso que parecía sacado de una revista. Suites enormes, balcones frente al océano, piscinas infinitas y empleados atentos a cada paso.

Pero nada de eso importaba.

Para Keyla, la luna de miel se convirtió en una tortura silenciosa.

Andrés no fingía. No la tocaba, no la miraba, no intentaba siquiera mantener las apariencias cuando estaban solos. Y como si eso no fuera suficiente, llevó a Darío con él, alojándolo en una habitación contigua, entrando y saliendo sin ningún tipo de pudor.

—¿Ni siquiera vas a disimular? —le preguntó Keyla la primera noche, conteniendo la rabia.

—No vine aquí para fingir contigo —respondió Andrés mientras se servía una copa—. Si no te gusta, no mires.

—Eres cruel —susurró ella.

—Soy honesto —corrigió él—. Algo que nadie fue contigo antes.

Keyla pasó los días sola. Caminaba por la playa, se sentaba frente al mar, observaba parejas felices que se tomaban de la mano. Cada escena le recordaba lo que nunca tendría.

Una tarde, decidió sentarse en el bar del hotel. Necesitaba olvidar, aunque fuera por unas horas.

—¿Qué va a beber? —preguntó el barman.

—Lo que sea fuerte —respondió ella.

Copa tras copa, el nudo en su pecho empezó a aflojarse. Fue entonces cuando lo vio.

Era alto, de piel bronceada, cuerpo musculoso y una presencia que no pasaba desapercibida. Tenía el cabello oscuro, la mirada intensa y una calma que contrastaba con el bullicio del lugar. Vestía de manera sencilla, pero elegante.

—¿Está ocupada esta silla? —preguntó él, señalando el asiento a su lado.

Keyla dudó un segundo.

—No —respondió.

—Soy Ulises. Dijo él.

—Keyla.

—¿Vacaciones? —preguntó él con una sonrisa leve.

Keyla soltó una risa amarga.

—Algo así.

Ulises no insistió. No hizo preguntas incómodas. Solo conversó. Sobre el mar, los viajes, la vida. Keyla se sintió extrañamente cómoda. Él no presumía, no hablaba de dinero, no intentaba impresionarla.

—Aquí nadie sabe quién soy —le confesó—. Y así me gusta.

Keyla levantó su copa.

—Entonces brindemos por el anonimato.

—Y por olvidar —añadió él.

La noche avanzó entre risas suaves y miradas largas. El alcohol nubló el juicio de Keyla, adormeció su culpa, silenció su conciencia.

No supo exactamente cómo ocurrió.

Solo recordó la sensación de no sentirse sola por primera vez desde la boda. Recordó la calidez de unos brazos que no la rechazaban, un beso que no era fingido, un momento en el que dejó de ser la esposa de nadie.

La mañana llegó demasiado pronto.

Keyla despertó sobresaltada, con la luz del sol entrando por la ventana. El corazón le latía con fuerza, la cabeza le daba vueltas. Se incorporó lentamente… y entonces lo vio.

Ulises dormía a su lado.

La realidad cayó como un balde de agua fría.

—Dios mío… —susurró.

Se llevó una mano a la boca. La cabeza le dolía, el pecho le ardía.

—¿Qué hice? —se preguntó.

Se levantó con cuidado, recogió su vestido, sus zapatos, sus cosas. No quería explicaciones, no quería mirarlo a los ojos. Para ella, aquello había sido un error… uno muy grande.

Sin decir una palabra, salió de la habitación.

Horas después, Ulises despertó. Al notar la cama vacía, frunció el ceño. Se levantó, buscó en el baño, en el balcón.

Nada.

—Genial… —murmuró.

No tardó en encontrarla. Keyla estaba en la recepción, intentando pedir un taxi.

—¿Así que esa es tu forma de irte? —dijo Ulises detrás de ella.

Keyla se giró de inmediato.

—Ulises, yo…

—¿Ni una nota? ¿Ni una explicación? —la interrumpió—. ¿Qué eres, una turista que colecciona errores?

Keyla sintió cómo la vergüenza le subía al rostro.

—Fue un error —dijo—. Lo siento.

Ulises soltó una risa amarga.

—Curioso —dijo—. Te escuché anoche quejarte de la traición de tu esposo… y mírate ahora.

Keyla apretó los labios.

—No es lo mismo.

—¿No? —replicó—. Te pasaste la noche conmigo y ahora huyes como si yo fuera el problema.

—No me conoces —respondió ella con firmeza—. No sabes por lo que estoy pasando.

—Sé lo suficiente —dijo él con dureza—. Eres igual que todas.

Aquellas palabras dolieron más de lo que Keyla esperaba.

—No soy una cualquiera —dijo con la voz quebrada—. Estoy atrapada en un matrimonio que no elegí.

Ulises la miró fijamente.

—Y aun así, hiciste tu elección anoche.

Keyla sintió que las lágrimas amenazaban con salir.

—No fue por venganza —susurró—. Fue por soledad.

Ulises guardó silencio unos segundos.

—No vuelvas a hacerlo —dijo finalmente—. No conmigo.

Keyla bajó la mirada.

—No era mi intención herirte.

—Ya lo hiciste —respondió él, dándose la vuelta.

Keyla lo vio alejarse, con el corazón hecho pedazos. No sabía que aquel hombre volvería a cruzarse en su vida… ni que ese encuentro marcaría el inicio de algo mucho más profundo y doloroso.

Regresó a su habitación con la certeza de que había cometido un error…

pero también con la sensación de que, por una noche, había sido libre.

1
Alicia Lagos
genial
Alicia Lagos
linda novela no tardes tanto en subir más capítulos porfa
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