Eleonor Baxter aprendió desde pequeña a ser perfecta.
Amable, inteligente y elegante, creció entre apellidos influyentes y cenas compartidas con familias amigas. Desde adolescente, Alex King fue parte de su vida… y también de sus sueños. Mucho antes del matrimonio, Eleonor ya lo amaba en silencio.
A los veintisiete años dirige SweetBaby, la empresa cosmética heredada de su familia, y sostiene un matrimonio que nunca se construyó sobre las promesas que ella imaginó. Casada desde hace tres años con Alex —uno de los cirujanos cardíacos más prestigiosos del país y dueño de una red de hospitales—, Eleonor aprendió que conocer a alguien desde siempre no garantiza ser elegida.
Durante años intentó ser paciente, comprensiva, invisible. Alex, marcado por la vergüenza de un matrimonio arreglado y consumido por el trabajo, dejó que la distancia creciera hasta volverse insoportable.
Cansada de sentirse desplazada, Eleonor toma una decisión que lo cambia todo.
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Capitulo 15
Nota del autor:
les dejo un capitulo mas , mañana vemos jajajaja .
Mañana se terminan mis vacaciones, asi que creo que subire un capitulo por dia .
besos queridos lectores.
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Cuando Eleonor regresó al comedor, el murmullo se apagó de golpe.
Su postura era impecable, la espalda recta, el mentón en alto. Solo quien la conociera bien podría notar que algo en ella estaba roto. Alex entró detrás, unos pasos más tarde. Ya no la tocó. Ya no supo cómo.
Margaret fue la primera en mirarlos. Dejó la servilleta sobre la mesa con lentitud.
—¿Están bien? —preguntó, intentando sonar natural.
Eleonor asintió apenas y se sentó sin esperar que Alex le acomodara la silla. Ese gesto, mínimo, no pasó desapercibido. Alex se sentó a su lado, rígido, con las manos entrelazadas sobre las piernas.
El chef retomó el servicio. Los cubiertos volvieron a sonar, pero desacompasados, nerviosos. Nadie hablaba realmente; todos evitaban mirarse.
Leon observaba a su hija en silencio. La veía distinta. No distante: decidida.
Fue entonces cuando Margaret, intentando llenar el vacío, sonrió con dulzura.
—Me alegra verlos juntos —dijo—. Últimamente estaban tan ocupados que pensé que se estaban alejando un poco… pero bueno, así son los matrimonios, ¿no? Etapas.
El comentario cayó pesado.
Eleonor levantó la vista con calma. Bebió un sorbo de agua. Apoyó el vaso con cuidado, como si ese gesto le diera tiempo para afirmarse.
—No —dijo finalmente—. No es una etapa.
Alex giró el rostro hacia ella. El corazón le golpeó en el pecho.
—Ele… —susurró, casi sin voz.
Ella no lo miró.
—Tomé una decisión —continuó Eleonor, con una serenidad que heló la mesa—. Y creo que corresponde decirla aquí, para que no haya malentendidos.
Margaret dejó los cubiertos. La madre de Eleonor frunció el ceño, inquieta.
—¿Qué decisión, hija? —preguntó Margaret, ya con un hilo de preocupación en la voz.
Eleonor respiró hondo.
—Quiero divorciarme.
El silencio fue inmediato. Pesado. Irrespirable.
Margaret dejó los cubiertos lentamente, como si el ruido pudiera romper algo más.
—¿Cómo… divorciarse? —murmuró—. Pero… ustedes se aman.... no?.
Alex no dijo nada. No la contradijo. No la sostuvo. Bajó la mirada.
Helena fue la única que reaccionó enseguida. Miró a su hija con los ojos brillosos, cargados de una tristeza que no era sorpresa, sino decepción.
—Hija… —dijo con la voz baja—. Pensé que no lo decías en serio.
Hizo una pausa, tragando saliva.
—Pensé que todavía lo ibas a pensar.
Eleonor sostuvo la mirada de su madre. No había reproche en sus ojos, solo cansancio.
—no tengo nada que pensar.
Leon apoyó los antebrazos sobre la mesa.
—Eleonor no habla sin pensar —dijo con firmeza—. Si llegó a decirlo acá, es porque ya tomó la decisión.
El padre de Alex carraspeó, incómodo.
—Los matrimonios tienen crisis —intervino—. No se rompen así como así.
Eleonor giró apenas el rostro hacia él.
—No se rompió de golpe —respondió— esta yo sola en ese matrominio.
Margaret negó con la cabeza, afectada.
—Alex, decí algo —pidió—. Esto no puede ser solo decisión de ella.
Alex levantó la vista. Sus ojos estaban rojos, perdidos.
—Yo no quiero divorciarme —dijo—
Eleonor lo miró por primera vez desde que había hablado.
—Nunca quisiste muchas cosas —respondió—como este matrimonio.
Helena apretó la servilleta entre los dedos.
—Eleonor… —intentó— no puedes tirar asi tres años
Se puso de pie. El gesto fue calmo, definitivo.
—Perdón —añadió—. No puedo seguir sentada fingiendo que esto es una cena familiar.
-lamento arruinar su cena.
Tomó su cartera.
Alex no la detuvo.
Y esa fue, quizá, la confirmación más dolorosa de todas.
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Eleonor salió de la casa sin apurarse, pero sin mirar atrás.
El aire frío de la noche le golpeó el rostro apenas cruzó la puerta. Caminó hasta la vereda y recién ahí dejó escapar el aire que había estado conteniendo desde hacía horas. Le temblaban las manos. Se abrazó a sí misma por un segundo, como si necesitara comprobar que todavía estaba entera.
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En el comedor, el silencio seguía intacto.
Alex permanecía sentado, inmóvil, con la mirada perdida en el plato que no había tocado. Margaret fue la primera en reaccionar. Se levantó despacio y cerró la puerta por donde Eleonor había salido, como si ese gesto pudiera contener el daño.
—¿Por qué no la detuviste? —preguntó, sin elevar la voz.
Alex no respondió.
El padre de Alex apoyó ambas manos sobre la mesa.
—No te preguntó si querías seguir —continuó Margaret—. Te estaba pidiendo que sintieras.
Alex apretó la mandíbula.
—Yo la quiero —dijo, casi a la defensiva.
—No alcanza —intervino su padre.
Alex levantó la vista, herido.
—Ustedes no saben cómo soy yo.
Margaret negó con la cabeza, con los ojos húmedos.
—Sí lo sé —dijo—. Y por eso me duele.
Hizo una pausa.
—Nunca le dijiste que la amabas, ¿verdad?
Alex tragó saliva. No contestó.
—Eso también es una respuesta —añadió ella, con tristeza—.
Leon observaba la escena en silencio. Finalmente habló:
—Ella te amó durante años esperando algo que nunca llegó.
Alex se pasó una mano por el rostro.
Leon volvio a hablar.
-siempre las castigaste de alguna manera porque acepto casarse.
El padre de Alex suspiró, cansado.
—No la perdiste hoy —dijo—. La perdiste cada vez que no estuviste. Cada vez que miró sola un logro. Cada vez que esperó una palabra que no llegó.
Alex cerró los ojos.
—No pensé que se iba a ir —susurró.
Margaret lo miró con una mezcla de amor y decepción.
—Eso es lo más triste —dijo—. Que nunca pensaste en ella hasta que te quedaste solo.
Alex bajó la cabeza.
Y por primera vez, el silencio no fue refugio…
Margaret mira a su amiga Helena y dijo:
-perdon amiga, lamento esto.
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Eleonor llegó a su departamento cuando la ciudad ya estaba en silencio.
Dejó las llaves sobre la mesa de la entrada y se quedó quieta unos segundos, de espaldas a la puerta, como si aún esperara escuchar algo. Un llamado. Un paso apurado detrás de ella. Nada.
Se quitó los zapatos despacio. El sonido seco al dejarlos en el suelo resonó más de lo que esperaba. Caminó hasta la ventana y miró las luces lejanas, borrosas.
Pensó en la mesa.
En las miradas.
En el silencio. se acerco a un espejo y se miro.
—Voy a estar bien —se repitió frente al espejo.
Una leve sonrisa se dibujó en sus labios, frágil, casi tímida.
—Voy a tener una familia —susurró, llevando la mano a su vientre.
Cerró los ojos un instante.
—No necesito a nadie —dijo por fin—. Yo sola voy a hacer mi familia.
si realmente la quieres y amas
ahora veremos si en verdad exiten las segundas oportunidades.
claro todo depende de nuestra autora
no eres infiel y eso le suma puntos pero tú absoluto desinterés en la relación la falta especial de amor dan ganas de matarte por otro lado Jony podría ser un nuevo amor la nueva oportunidad que le guste a ele
Mi pregunta es aceptarás que ella se hizo una inceminacion y que va a ser madre sin ti?