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El Novio Del Don

El Novio Del Don

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Mafia / Juego de roles / Completas
Popularitas:608
Nilai: 5
nombre de autor: Syl Gonsalves

Para asumir el mando de la mafia, Alessandro debe estar casado.
Implacable y hecho para la violencia, el príncipe de la mafia de Monreale nunca mostró bondad. Hasta que su camino se cruza con el de un joven llamado Nicolò, que despierta en él una obsesión peligrosa.
Y al descubrir las marcas dejadas por años de abuso y crueldad familiar, algo cambia en él. Aunque su instinto de posesión ya lo hace ver a ese extraño joven como su propiedad, se atreve a plantearse un desafío:
Antes de revelar la verdad y llevarlo al altar, quiere que Nicolò se enamore de él.

—Tu cuerpo ya me pertenece, aunque no lo sepas, pero también quiero tu corazón. —A. Morreale

NovelToon tiene autorización de Syl Gonsalves para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

El día había amanecido gris en Monreale, pero para Nicolò los días siempre parecían así. Nicolò salió de casa temprano, antes de que a alguien le diera por recordar su existencia. La puerta se cerró tras de sí con cuidado excesivo, el mismo cuidado que tenía con todo.

Caminaba por las calles estrechas aprovechando para respirar un poco más ligero. Caminó por algunas calles hasta llegar a una obra. Saludó a los encargados y, tan pronto como llegó el camión con materiales, se puso a ayudar a descargarlo.

El trabajo fue rápido y pesado. Subió a la carrocería, tomaba los sacos de cemento y cerámicas, bajaba, cargaba y apilaba. Aunque su cuerpo se quejaba, él lo ignoraba y seguía adelante. El trabajo no duró ni media hora. Cuando se descargó el último saco, el conductor cerró la carrocería y sacó algunas monedas y un billete del bolsillo, no mucho, cerca de unos ocho euros.

— Toma.

— Gracias — agradeció Nicolò.

Guardó el dinero en el fondo de la mochila, en una especie de compartimento secreto que él mismo había cosido para esconder los pocos centavos de los trabajos esporádicos que hacía a escondidas y pequeñas ayudas que prestaba a una señora, sin que su padre, madrastra y hermano lo supieran.

En seguida, siguió su camino hasta una tienda donde compró algunos productos e hizo el camino de vuelta. Luego de que él salió de la obra, Marco se acercó a los hombres y ofreció una cuantiosa suma por información sobre el muchacho, aquellas que él mandó a Alessandro.

Cuando Nicolò llegó a casa, Tereza ya lo esperaba con una lista de quehaceres. Verificó la nota de compras y el cambio, después de asegurarse de que él había entendido bien todo lo que tenía que hacer, se retiró para ir al SPA.

Nicolò respiró hondo, comió cualquier cosa, caminó hasta el depósito donde cajones de madera apilados ocupaban casi todo el espacio, escogió los que necesitaba y llevó para la cocina. Él colocó las frutas en remojo y fue a hacer los otros servicios.

La casa no era grande, ni pequeña. Era como la mayoría de las casas de aquella parte de Monreale: paredes claras ya amarillentas por el tiempo, muebles antiguos que no combinaban entre sí y un olor constante a azúcar, fruta cocida y limpieza mal hecha. Nada allí parecía realmente de Nicolò, aunque él fuera quien más circulaba por todos los cuartos.

Después de dejar la cocina mínimamente organizada, él comenzó por la sala. Barrió el suelo de piedra, retirando el polvo traído de la calle, pasó un paño húmedo por los muebles, siempre con cuidado para no derribar nada. Los portarretratos volvieron exactamente para el mismo lugar, alineados como a Tereza le gustaba. En casi todos, él aparecía cortado por el margen de la foto o un paso atrás de los otros.

El baño vino en seguida. Fregó el piso, el lavabo, el espejo, cambió las toallas, recogió la ropa tirada en el suelo y la llevó para la cesta. Todo en silencio, al ritmo que ya conocía. Sabía lo que podía hacer rápido y lo que necesitaba de más atención para evitar reclamaciones después.

En el cuarto de los otros, arregló la cama, estirando bien las sábanas, alisando cada doblez con cuidado. En su propio cuarto, se limitó a lo básico. Allí no había casi nada para arreglar.

Solo entonces volvió a la cocina.

Lavó bien las frutas una a una. Las fresas fueron limpiadas con atención, retirando las hojas y las que estaban pasadas de más. Las cortó en pedazos pequeños y uniformes, colocó en un recipiente con azúcar y dejó descansar para soltar el caldo. Las naranjas exigían más tiempo. Peló, retiró las partes blancas con cuidado para no amargar la mermelada y picó la pulpa en cubos pequeños. Separó las cáscaras de algunas para dar más sabor después.

Las otras frutas eran higo y melocotón. Los higos fueron lavados, abiertos y cortados en pedazos, descartando las partes muy maduras. Los melocotones fueron pelados, rebanados y picados, la pulpa firme exigiendo fuerza controlada en el cuchillo.

Colocó las ollas grandes en la estufa. Comenzó por las fresas. Removía despacio, siempre en el mismo sentido, retirando la espuma que se formaba. Después pasó para la naranja, agregando un poco de la cáscara rallada. En seguida el higo, más espeso, exigía más paciencia. Por último el melocotón, que necesitaba el punto justo para no quedar líquido de más.

Mientras una olla cocinaba, él removía la otra, limpiaba la encimera, lavaba utensilios, esterilizaba los tarros en agua hirviendo y los dejaba secando sobre paños limpios. En poco tiempo, el olor dulce se esparció por la casa entera.

Cuando las mermeladas alcanzaron el punto, él comenzó a llenar los tarros. Veinticinco de fresa, alineados en filas, después veinticinco de naranja, más veinticinco de higo y, por fin, veinticinco tarros de mermelada de melocotón. Cerró cada tapa con firmeza para dejar bien sellado, en seguida viró los tarros de cabeza para abajo por algunos segundos y después los colocó lado a lado para enfriar.

Al final, la cocina estaba limpia nuevamente, los tarros organizados y el suelo seco. Nicolò lavó las manos, secó en el paño y se sentó en el suelo, apoyado en el fregadero. Estaba exhausto, tanto por el día entero de trabajo, pues ya era casi final de la tarde y por no haber comido nada a lo largo del día.

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