Ella renace en otra época. Decidida a ser feliz y a no perder la sonrisa.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Beso
Si hubiera dependido solo de lo que sentía… Emily ya habría corrido hacia él sin pensarlo.
Había momentos.. cada vez más frecuentes.. en los que tenía que contenerse de forma casi literal. Cuando lo veía acercarse, alto, sereno, con esa presencia firme y tranquila… algo dentro de ella se iluminaba.
Era atractivo, sí.
Pero no solo eso.
Había en él una masculinidad silenciosa, una forma de estar que transmitía seguridad sin necesidad de demostrarla. Protector sin ser invasivo. Reservado… pero cada vez más cercano con ella.
Y cuando sonreía.. porque ahora sonreía más.. todo en su expresión cambiaba.
[Esto es peligroso…]
Porque el problema no era él.
Era ella.
Y lo mucho que le gustaba.
Sus conversaciones se habían vuelto más fluidas, más personales. Los silencios entre ellos ya no eran incómodos, sino… cómodos. Naturales. Llenos de una tensión suave que ninguno ignoraba.
Había miradas que duraban más de lo necesario.
Frases con doble intención.
Sonrisas que escondían más de lo que decían.
Y Emily respondía a todo eso.
Con naturalidad.
Con ese toque coqueto que parecía salirle sin esfuerzo.
Pero había un límite.
Uno que no podía ignorar.
Por mucho que el mundo creyera que el conde Harlen era viudo… ella sabía la verdad.
Su esposa no había muerto.
Lo había abandonado.
Lo había traicionado… y se había ido con otro hombre.
Pero eso no cambiaba lo esencial.
Seguía casado.
Emily lo sabía.
Y esa era la única razón por la que no cruzaba esa línea invisible que cada día se volvía más delgada.
Una tarde, mientras él le explicaba algunos detalles del taller.. que, claramente, no requerían tanta explicación, Emily lo observó en silencio por un segundo más de lo habitual.
[Está demasiado cerca]
No físicamente.
Sino en todo lo demás.
Desvió la mirada apenas, respirando hondo.
—Conde.. Se está tomando este proyecto muy en serio.
Él la miró.
—Hay cosas que vale la pena tomar en serio.
El significado no pasó desapercibido.
Emily sostuvo su mirada… y por un instante, estuvo a punto de ceder.
De dejar de pensar.
De simplemente… Sentir.
Pero no lo hizo.
Bajó la mirada levemente, como si ordenara sus propios pensamientos.
[No puedo… No así.]
Porque no era solo cuestión de lo que sentía.
Era cuestión de lo correcto.
De lo justo.
De no repetir errores, aunque fueran distintos a los de su vida pasada.
Volvió a sonreír, pero esta vez con un matiz más tranquilo.
Más consciente.
—Aun así… Me alegra que venga tanto.
El conde no respondió de inmediato.
Pero su mirada se suavizó.
Y en ese pequeño intercambio… ambos entendieron algo.
Lo que había entre ellos era real.
Pero también… complicado.
Y aunque el deseo de acercarse crecía con cada encuentro, Emily no estaba dispuesta a ignorar aquello que sabía.
Podía gustarle.
Podía disfrutar su compañía.
Podía coquetear… sonreír… acercarse un poco.
Pero no iba a cruzar esa línea.
No mientras hubiera algo sin resolver en la vida de él.
Porque esta vez… no solo quería sentir.
Quería hacerlo bien.
Emily lo había decidido con claridad esa misma mañana.
Debía tomar distancia.
Por más que le gustara, por más que cada encuentro la hiciera sonreír sin querer… no podía ignorar la realidad. El conde aún tenía una historia sin cerrar, y ella no quería convertirse en un error dentro de esa historia.
[Un poco de espacio.. Eso es todo.]
Pero el destino.. o tal vez la poca voluntad de ambos.. tenía otros planes.
Esa tarde fueron a ver los avances del taller.
El edificio ya casi estaba terminado. Era amplio, con grandes ventanales por donde la luz entraba generosa, iluminando cada rincón. Las mesas estaban dispuestas, los estantes listos para la lana, el espacio… exactamente como Emily lo había imaginado.
O incluso mejor.
Se detuvo en medio del lugar, girando lentamente sobre sí misma, observando cada detalle.
—Es perfecto… —murmuró, con una sonrisa sincera.
El conde Harlen la observaba en silencio.
No el taller.
A ella.
—¿Le gusta? —preguntó finalmente.
Emily asintió, aún con esa expresión luminosa.
—Me encanta.
Hubo un pequeño silencio.
Entonces él dio un paso más cerca.
—¿El taller… o yo?
La pregunta la tomó por sorpresa.
Emily parpadeó, girándose hacia él.
No esperaba eso.
Y menos… en ese tono.
Lo miró un segundo.
Y sonrió.
Había decidido tomar distancia.
Había decidido ser prudente.
Pero Emily… seguía siendo Emily.
Y cuando algo la hacía sentir viva, no siempre pensaba demasiado.
—Ambos —respondió, con una naturalidad suave, casi juguetona.
El aire cambió.
El conde se acercó un poco más.
Sin prisa.
Sin brusquedad.
Solo lo suficiente para que la distancia entre ellos dejara de ser cómoda.
Emily no retrocedió.
Al contrario.
Su sonrisa se mantuvo, tranquila, pero con ese brillo que ya no podía ocultar.
Entonces él levantó la mano.
Y la apoyó suavemente en su cintura.
El gesto fue firme… pero contenido.
Como todo en él.
Se inclinó apenas, acercándose más, como si buscara una señal, un permiso que no pedía con palabras.
Pero no cruzaba el límite.
No aún.
Emily lo sabía.
Y lo sintió.
Ese momento suspendido.
Esa tensión que llevaba días.. quizás desde la terraza.. creciendo entre ellos.
Sus ojos se encontraron.
Muy cerca.
Demasiado cerca para fingir indiferencia.
Emily sonrió apenas.
Y esta vez… no pensó.
No analizó.
No se detuvo.
Simplemente…
Se inclinó hacia él.
Y lo besó.
Fue un gesto suave, pero decidido.
Breve.
Pero lleno de todo lo que habían contenido hasta ese instante.
Cuando se separó, el silencio volvió a llenar el espacio.
La luz del taller seguía entrando por los ventanales, como si nada hubiera cambiado.
Pero todo había cambiado.
Emily lo miró, aún cerca, con una mezcla de sorpresa… y una pequeña risa contenida.
—…Creo que eso no estaba en los planos del taller —murmuró.
Y por primera vez… no intentó tomar distancia.
hermosa novela
ame a Fred