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La Falsedad Del Amor

La Falsedad Del Amor

Status: Terminada
Genre:Amor tras matrimonio / Síndrome de Estocolmo / Atracción entre enemigos / Venganza / Venderse para pagar una deuda / Amor-odio / Completas
Popularitas:69.9k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Crisbella

Soy Anabella Estrada, única y amada hija de Ezequiel y Lorena Estrada. Estoy enamorada de Agustín Linares, un hombre que viene de una familia tan adinerada como la mía y que pronto será mi esposo.
Mi vida es un cuento de hadas donde los problemas no existen y todo era un idilio... Hasta que Máximo Santana entró en escena volviendo mi vida un infierno y revelando los más oscuros secretos de mi familia.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo IV Perdida de la dignidad

Punto de vista de Anabella

​Estaba furiosa. Las lágrimas de rabia quemaban mis mejillas mientras caminaba de un lado a otro en mi habitación. Nunca le perdonaría a mi padre la humillación pública a la que me había sometido frente a la familia del hombre que amaba. Yo solo quería un cuento de hadas, una réplica exacta del amor que él siempre presumió tener con mi madre; pero, en cambio, me había arrojado a un cuento de horror.

​Lo que más me dolía, lo que me desgarraba por dentro, era el silencio de mi madre. Ella, que siempre había sido mi aliada, no emitió ni una sola palabra para defenderme. Se quedó ahí, estática, viendo cómo mi futuro se desmoronaba.

​—Hija, sé que estás molesta, pero tienes que entender que todo esto lo hizo tu padre por tu bien —dijo mamá, entrando a mi habitación con ese tono pausado que hoy me resultaba insoportable.

​—¡No lo defiendas! —le grité, dándome la vuelta bruscamente—. Mi padre está acostumbrado a que el mundo se mueva a su antojo. Ahora que finalmente arruinó mi compromiso y pisoteó mi felicidad, debe estar celebrando su victoria.

​La rabia me cegaba. No entendía, ni quería entender, qué razones podían justificar semejante crueldad. En mi mente solo estaba la imagen de Agustín bajando la cabeza, derrotado por la arrogancia de mi padre.

​—Por favor, Anabella, cálmate —suplicó ella, intentando acercarse—. Baja a la biblioteca y habla con él. Tu padre te explicará los motivos que lo obligaron a actuar de esa manera. Hay cosas que no sabes...

​—No me interesa lo que tenga que decir —sentencié, aunque en el fondo, una semilla de duda empezaba a germinar en mi pecho.

No se lo pedí; le exigí a mi madre que saliera de mi habitación. Quería que me dejara a solas con este dolor punzante que me impedía respirar. En ese momento, no quería verla a ella ni a mi padre; sentía que el odio me recorría las venas y que el perdón era algo que jamás encontrarían en mí.

Una vez sola, con las manos temblorosas, marqué el número de Agustín. Necesitaba escuchar su voz, necesitaba que me jurara que estaba dispuesto a arriesgarlo todo por nosotros. Pero la respuesta fue un eco vacío: el buzón de voz informando que no estaba disponible. Ese silencio fue mi primera puñalada.

Pasé la noche en vela, con la incertidumbre devorándome los sentidos. En un intento desesperado por ocupar mi mente, busqué cualquier información en internet, rogando que mis presentimientos fueran solo producto de la paranoia. Pero el mundo se detuvo cuando la pantalla se iluminó.

Allí estaba él. Una foto enorme de Agustín, mi prometido, sonriendo junto a Leticia Hernández. Ella, mi enemiga declarada, la mujer más desagradable que conocía, lucía una sonrisa triunfal a su lado.

—Esto no puede estar pasándome a mí —susurré, sintiendo que la realidad se distorsionaba—. Debo estar en una dimensión desconocida.

Lancé el móvil a la cama como si quemara. Las lágrimas brotaron de forma descontrolada y el dolor en mi pecho se volvió insoportable al releer el titular: "EL HEREDERO LINARES UNIRÁ SU VIDA A LA HEREDERA HERNÁNDEZ: UN MATRIMONIO QUE GARANTIZARÁ LA DINASTÍA DE AMBAS FAMILIAS".

Mi corazón se partió en mil pedazos. Hace apenas unas horas, ese mismo hombre estaba sentado a mi mesa, pidiéndole mi mano a mi padre, y ahora, de la noche a la mañana, anunciaba su boda con otra. La humillación era total.

Ciega de dolor, me puse lo primero que encontré y salí de casa. Conduje mi auto de manera desenfrenada, saltándome las luces rojas y desafiando al peligro; nada me importaba ya. En veinte minutos llegué a la mansión de los Linares. El contraste fue un golpe físico: la casa estaba de fiesta. Había meseros entrando y saliendo, luces brillantes y un bullicio de celebración que me hizo querer gritar.

Bajé del auto caminando con pasos erráticos pero cargados de furia. Al llegar a la entrada, los guardias de los Linares me cerraron el paso como si fuera una intrusa en el que, hasta ayer, era mi segundo hogar.

—Quítense de mi camino. ¿Acaso no saben quién soy yo? —grité. Mi voz sonó rota, una mezcla de autoridad heredada y un dolor punzante que me quemaba los pulmones.

—Lo siento, señorita Estrada. Las órdenes son claras: usted no tiene permitido el paso —dijo uno de los hombres, con una frialdad que me heló la sangre.

—No me interesan sus ridículas órdenes. ¡Exijo que se quiten en este momento o...!

—No nos obligue a usar la fuerza para que se retire —me interrumpió, dando un paso intimidante hacia mí.

—Tócame un solo cabello y verás de lo que soy capaz —amenacé, aunque por dentro me estaba desmoronando.

Los sujetos intercambiaron una mirada y estiraron sus manos para sujetarme por los brazos, pero una voz gélida, como el acero cortando el aire, los detuvo en seco.

—Esa no es la manera correcta de tratar a una dama.

Giré la cabeza hacia la dirección de aquella voz. Allí estaba él. El hombre del restaurante. Sostenía un cigarrillo con una elegancia letal, dándole una calada pausada mientras sus ojos, fríos como pozos sin fondo, me escaneaban sin piedad.

—Disculpe, señor Santana, pero son órdenes directas del señor Linares —explicó el guardia, suavizando su postura de inmediato ante la presencia de aquel hombre.

—Independientemente de sus órdenes, hay formas de ejecutarlas sin recurrir al maltrato físico —sentenció Santana, soltando el humo con una frialdad que me puso los pelos de punta.

—¡Ya basta! —intervine, recuperando el aliento—. Gracias por su ayuda, señor, pero puedo resolver esto sola. —Me volví hacia el guardia con los ojos encendidos—. Y usted, dígale al cobarde de su jefe que venga y me dé la cara. ¡Ahora!

La furia había vuelto a tomar el control. Ya no me importaba el escándalo; solo necesitaba que Agustín me mirara a los ojos y me dijera que todo era una mentira, o que me confirmara que era el peor de los traidores.

—Lo siento, señorita, no voy a desobedecer —insistió el guardia, pero esta vez su mirada recorrió mi cuerpo con una mezcla de desdén y burla—. Además, los señores tienen invitados importantes. Si usted aparece en las condiciones... —hizo una pausa cruel, recorriéndome de pies a cabeza—... en las condiciones en las que se encuentra, la única que quedaría en ridículo sería usted.

Por puro instinto, busqué mi reflejo en el cristal de mi auto. Lo que vi me hizo retroceder. Estaba irreconocible: el cabello revuelto por el viento, el rostro manchado de rímel corrido y la ropa mal puesta en mi afán por salir de casa. Era un desastre absoluto.

Sentí el peso de las miradas de los invitados que llegaban; me miraban con esa lástima hiriente que se le tiene a una mujer despechada, a una fracasada que no supo retener al hombre de su vida. Mi orgullo, lo único que me quedaba, acababa de ser pisoteado en la acera de los Linares, bajo la atenta y misteriosa mirada del tal Santana.

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Elizabeth Vivas
hermosa historia.....gracias autora
aunque quede con una duda y la nana?
Mirta Bernaccki
todavía no se lo q hizo Ezequiel pero ese Santana es un loco. no puede tener esa actitud tan mala con Ana. pobre chica, es preferible ser pobre 😭
Helizahira Cohen
Esto es interesante hasta la mamá parece que se enamoro de un Santana, esta intriga esta super
Helizahira Cohen
No creo que el padre de él sea tan inocente, así que se empezarán a descubrir secretos
Violette Hernandez
Ojalá y si sea un ser perverso y ratero el padre de ella 😅😅
Violette Hernandez
pues es lo que debería de hacer, ya que también por culpa de sus padres es que está ahí con él, que no le dice la mamá que hicieron para que Máximo los odie, dejarse morir.
Violette Hernandez
Espero y sea verdad y que lo haga sufrir al menos un poco, ya que enseguida luego, luego se calientan y se ponen flojitas y cooperando sólo porque el hombre en cuestión sufrió mucho y está bien bueno 🤣🤣😛🤣
Violette Hernandez
Es lo malo de los ricos se acostumbran a la opulencia y por no sufrir hasta la dignidad pierden,en primera no hubiera usado la ropa que le mandó mucho menos las joyas, y preferible estar en la pobreza y tener amor propio, que estar a sus caprichosa venganza 😁😁
Anonymous
Estoy de acuerdo, interesante.
Violette Hernandez
Porque el afán de ser tan tontas, no conocen al sujeto aaahh pero como es guapísimo entonces no hacen nada.😅😅😅
Violette Hernandez
Bueno pues se pasa de tonta, porque por muy dolida que esté como es que se sube en el auto de un desconocido, jajajaja o sea no piensa que le pueda hacer algo, sólo porque está súper guapo ya no le tiene miedo????
Violette Hernandez
Pudo haber buscado el taxi, pero no,se sintió rescatada por el hombre imponente.😅😅
Violette Hernandez
no me gusta que siempre les ponen de diez a doce o hasta catorce años de diferencia a los protagonistas 😒 siempre ponen a las mujeres muy chicas y tontas 😃 y a los hombres muy grandes
Anonymous
yo lo dije varios capítulos atrás, incluso les decía que me disculparan si estaba equivocada, pero el coño de madre de Fernando era el culpable o el mayor culpable.
Anonymous
si me equivoco me perdonan, pero les diré que coño de madre es el verdadero culpable de lo que pasó con la familia de Máximo...
Maggi González
Maravillosa, me encantó, muy lindo final, FELICITACIONES 👏👏👏👏
Nayade Caruso Rangel
cuando yo espero la parte más importante ,que es la intimidad, espero que sea explícito , no evade nada ,para eso esto es para adultos , cuando eso no pasa se pierde el interés de la novela ,carajo
Ana Moreno
Estuvo buena felicidades, pero que paso con la nana de maximiliano
Petra Melo
me encantó tu novela escritora de principio a fin. gracias y bendiciones ♥️🇻🇪🌻
Petra Melo
ahora a ser felices, Anabella y max♥️♥️
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