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Mi Esposo Me Envenenó el Vientre

Mi Esposo Me Envenenó el Vientre

Status: Terminada
Genre:Venganza / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:37.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Santi Suki

Valentina lo dio todo por su matrimonio. Cinco años soportando las humillaciones de su suegra, que la llamaba estéril. Cinco años aguantando la indiferencia de Adrián, el hombre que juró amarla. Cinco años creyendo que la culpa de no poder embarazarse era suya.

Hasta que un accidente le reveló la verdad: alguien le había estado dando drogas anti-ovulatorias a escondidas. La mujer que todos llamaban estéril nunca lo fue. Le envenenaron el vientre a propósito.

A partir de ese momento, Valentina dejó de llorar en silencio. Con la ayuda de Santiago —un abogado brillante que ve en ella la fuerza que nadie más quiso ver—, Valentina emprende su camino de vuelta: atrapa a los culpables, recupera su dignidad y construye desde cero la vida que le robaron.

Pero la traición tiene raíces profundas. Mientras Valentina renace, sus enemigos no van a quedarse de brazos cruzados. Y el pasado de Santiago también esconde heridas que amenazan con alcanzarlos a ambos.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 30

Cuando la película terminó, las luces de la sala se encendieron poco a poco. El ruido de los asientos al moverse empezó a sonar desde todas las direcciones, seguido por las conversaciones animadas de los espectadores que comentaban las escenas.

Pero Santiago y Valentina se quedaron en silencio unos instantes.

Por alguna razón, la atmósfera entre ellos se sentía distinta después de salir de la sala. Todavía quedaba esa calidez rezagada. Todavía persistía ese latido extraño que no había desaparecido del todo desde que sus manos se entrelazaron dentro del cine.

Valentina se puso de pie y se acomodó el cabello ligeramente revuelto. Santiago, por su parte, fingió estar ocupado cargando el bote de palomitas que apenas quedaba con un puñado porque entre los dos no lo habían terminado.

Caminaron uno al lado del otro por el pasillo concurrido del cine. De vez en cuando los hombros se les rozaban, y Valentina se ponía nerviosa al instante.

Afuera del edificio, la ciudad seguía viva a esas horas de la noche. Las luces de los vehículos llenaban las calles, las voces de la gente se mezclaban con la música que salía de los cafés cercanos.

Santiago miró su reloj un momento antes de volverse hacia Valentina. —¿Quieres que te lleve directo a casa? —preguntó en voz baja.

Valentina lo pensó un instante. La verdad era que no quería que esa noche terminara tan pronto. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan a gusto junto a alguien.

—Si no es muy tarde... —respondió con suavidad, esbozando una sonrisa pequeña.

La sonrisa de Santiago se ensanchó apenas. —¿Una vuelta por el parque central?

Valentina asintió despacio. —Dale.

Volvieron a subirse a la motocicleta rumbo al parque central, bastante conocido en el corazón de la ciudad. A lo largo del camino, la atmósfera entre ellos se sentía más cómoda que antes.

Valentina ya no se limitaba a sostener la orilla de la chamarra de Santiago. Sus brazos rodearon poco a poco la cintura del hombre. Y Santiago no pudo contener la sonrisa en todo el trayecto.

Las luces de la ciudad se reflejaban con hermosura sobre las calles nocturnas. El aire fresco les acariciaba el rostro con agrado durante el recorrido.

Al llegar al parque, el lugar todavía estaba animado. Pequeñas luces decorativas colgaban a lo largo de los senderos y le daban al parque un aspecto bonito y acogedor. La música de unos músicos callejeros se escuchaba tenue a lo lejos.

Cerca de la fuente, varios jóvenes estaban sentados en círculo, riendo juntos. Había parejas caminando de la mano y otras que permanecían sentadas, simplemente disfrutando la noche. Los domingos por la noche siempre se sentían más vivos en aquel lugar.

Santiago y Valentina empezaron a caminar despacio por el sendero peatonal, bañado en la luz amarillenta de las farolas. Al principio solo iban uno al lado del otro, conversando con ligereza sobre la película. Después, la charla derivó hacia Matías, que evidentemente había elegido aquella película romántica a propósito.

Valentina se rio varias veces, avergonzada, al recordar ciertas escenas dentro del cine.

—Creo que Matías lo hizo adrede —murmuró Valentina conteniendo la sonrisa.

—Ese muchacho nunca tiene remedio.

Valentina soltó una risa breve y Santiago sonrió en silencio al verla. Le gustaba ese tipo de momentos: sencillos y tranquilos, pero que le llenaban el corazón de una felicidad entera.

Mientras seguían caminando, las manos de ambos se rozaron varias veces sin querer. A veces solo el dorso de los dedos. A veces las puntas.

Un detalle insignificante en apariencia, pero que bastaba para acelerarles el corazón a los dos por igual. Hasta que Santiago tomó aire despacio. Y se atrevió a tomar la mano de Valentina. Muy despacio, como si temiera asustarla.

Y, en efecto, Valentina contuvo el aliento en cuanto aquellos dedos cálidos envolvieron los suyos. Giró la cabeza rápido hacia Santiago.

El hombre se esforzaba por aparentar calma, aunque en el fondo estaba nervioso. Las miradas de ambos se encontraron unos segundos. Y poco a poco los dedos de Valentina correspondieron al apretón de la mano de Santiago. La sonrisa del hombre apareció sin más. No fue una sonrisa amplia, sino una pequeña, que se veía profundamente sincera.

—¿Tienes frío? —preguntó Santiago con suavidad, sin dejar de caminar.

Valentina negó ligeramente con la cabeza. —No.

Santiago le echó un vistazo fugaz a la mano de ella. —¿Entonces por qué tienes la mano helada?

Valentina no supo qué hacer consigo misma. Las mejillas le empezaron a arder.

—Te encanta molestarme, Santiago.

Santiago rio por lo bajo. —Porque eres adorable.

—¡¿Qué tiene de adorable?!

—Que cuando te da pena se te nota enseguida.

Valentina agachó la cabeza y se mordió el labio inferior para contener la sonrisa. Santiago, por su parte, sentía que la ternura lo desbordaba al ver cada una de sus reacciones.

Siguieron caminando despacio, disfrutando la noche. De vez en cuando Santiago aminoraba el paso solo para que el tiempo juntos se sintiera más largo.

Allá arriba, el cielo se veía espléndido. Estrellas pequeñas se esparcían tenuemente acompañando a la delgada luna creciente que colgaba serena. La luz de las farolas del parque se reflejaba con suavidad en el rostro de Valentina cuando la mujer alzó la vista al cielo.

—Qué bonita está la noche —murmuró Valentina en voz baja.

Santiago, en cambio, estaba mirándola a ella. En su interior, sentía que la noche era hermosa, sí, pero la mujer que tenía al lado era mucho más hermosa que todo lo demás.

Tal vez fue por la atmósfera del parque, que esa noche se sentía tan cálida. Tal vez por la película romántica que todavía les latía en el pecho. O tal vez porque los sentimientos guardados durante tanto tiempo habían encontrado por fin un lugar donde crecer con libertad.

Santiago y Valentina se dejaron llevar por aquel momento. Caminaban cada vez más despacio, como si no quisieran que la noche se acabara. Sus manos seguían entrelazadas con calidez. De vez en cuando los dedos de Santiago acariciaban sin darse cuenta el dorso de la mano de Valentina, haciendo que ella contuviera más de una vez una sonrisa tímida.

Sus pasos se detuvieron al fin junto a un pequeño jardín de flores adornado con lucecitas diminutas de tono amarillento. Aquella luz le daba al entorno un aire suave y romántico. Las flores pequeñas a sus pies se mecían despacio con la brisa nocturna.

Valentina alzó el rostro hacia el cielo. Sus ojos contemplaron las estrellas dispersas tenuemente allá arriba, acompañadas de la delgada luna creciente que se veía preciosa.

—Qué hermoso está el cielo —susurró la mujer.

Santiago no había mirado el cielo en todo ese rato. Su mirada estaba fija en el rostro de Valentina, iluminado por el reflejo de las farolas del parque. El cabello largo de la mujer se movía despacio junto a su cara. Los ojos le brillaban con suavidad mientras contemplaba las estrellas. La curva sutil de sus labios le llenó el pecho a Santiago de algo que no sabía cómo explicar.

—Sí —respondió Santiago en voz baja.

Valentina esbozó una sonrisa pequeña antes de volverse hacia él. En cuanto sus miradas se encontraron, todo alrededor pareció desvanecerse de golpe. Las risas de la gente en el parque se escucharon lejanas. La música de los músicos callejeros, que hasta entonces sonaba tenue, se fue apagando como si se la llevara el viento.

Solo quedaron sus miradas. Y los latidos que en ambos empezaban a desbocarse.

Santiago observó a Valentina durante un largo instante. Su mirada era tan suave que la respiración de ella se fue deteniendo poco a poco. Entonces él levantó la mano despacio. Sus dedos tocaron el costado del rostro de Valentina con infinito cuidado, como si aquella mujer fuera algo demasiado valioso y frágil que pudiera romperse con un toque demasiado brusco.

Valentina contuvo un aliento pequeño. El contacto se sentía cálido y delicado. Y sin embargo, extrañamente, le provocó un estremecimiento que le recorrió el cuerpo entero.

—Valentina... —la llamó Santiago en un susurro.

La voz del hombre sonó grave y cargada de sentimiento.

La mirada de Valentina se suavizó al instante. Después de tanto tiempo viviendo entre heridas y decepciones, aquella mujer sentía que de verdad alguien la miraba con cariño genuino. No solo con deseo, sino con respeto, con ternura, con la voluntad de protegerla.

Santiago acercó el rostro despacio. Su movimiento fue pausado, sin apuro alguno. Como si le diera tiempo a Valentina de retroceder o de negarse.

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Maria Dolly Arenas Arenas
me encanta👏👏
canche
Realmente maravillosa historia!!!!!Me cautivó de principio a fin Felicitaciones autora gracias por compartir tu maravilloso talento espero seguir leyendo más historia s 💯 %recomendada
Adriana Ramirez
👏👍🥰
Yudith flores
Bonita historia gracias autora 👏🌹
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Jummmmm, qué estarán tramando ese par? 🤔🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Santiago hace dudar a cualquiera, debería ser honesto y decir las cosas, a menos que aún sienta algo por ella.🤔🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Al menos es buen hijo, no abandonó a la mamá. 🇨🇴🇨🇴
GALATEA CORAZÓN ❤️🫰🇨🇴❤️🫰
Valentina , no es una esposa, es una sirvienta en todo el sentido y más, sirve al marido en la cama, en los quehaceres de la casa y también tiene que atender a la suegra. 🧐🇨🇴🇨🇴🇨🇴🇨🇴
Mariana Posternak
me encantó la historia, no tuvo tantos dramas, felicidades 👏♥♥♥♥
Soledad Muñoz Vazquez
de verdad hay mujeres así de tontas me lo hacen ha mi y los pongo por monteras ha los dos
Aracelis León García
lo dicho que desvergonzados
Aracelis León García
de seguro que tiene algo que ganar porque no creo wue de repente le salga amor por el hijo
Aracelis León García
ahora su la putirrona va a reclamar al hijo?esta di es arrecha
Aracelis León García
dios está mujer no es más estúpida porque no es más vieja
Aracelis León García
eso te pasa por malora y si sigues te irá peor
Aracelis León García
todavía no aprende ella fue la que incitó a la desgracia y no se da cuenta
Aracelis León García
si hubieses sido bien intencionado después del divorcio hubieses quedadado acomodado por maloro te pasó eso
Aracelis León García
estás mamao pendejo
Aracelis León García
es así porque eres una idiota
Maria Victoria Ruiz Alcaide
Un trabajo buenísimo.bir. redactado y con muchas variaciones .ha habido de todo
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