Te daré un millón de dólares por pasar 30 días con tu mujer- dijo con ese tono altanero que lo caracteriza desde el primer día que lo escuche hablar.
Debes estar loco- contesto mi esposo sin dudar un solo segundo.
Acepto- dije recibiendo las miradas de todos los presentes. Quizás nadie lo entendería pero era la única manera de salvarla y darle todo aquello que luego de la operación necesitaría.
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capitulo 29
Narra Nicolás
Estaba en mi despacho, preparando un par de pedidos que pronto saldrían a países y que pronto recibiría su pago, cuando me puse a pensar en todo lo ocurrido estos últimos días. Tenía la necesidad de decirle a Cass todo lo que ella me hacía sentir y como deseaba que se quedarán las dos a vivir conmigo luego de su travesía en Estados Unidos, quería también pedirle que me dejara acompañarlas en ese momento. Los nervios me jugaban en contra, mierda alguien a quien no le temblaba el pulso al dispararle en la cabeza a una persona temía decir sus verdaderos sentimientos. Una sonrisa surcó mi rostro, si temía ser rechazado cuando supiera la verdad, pero podía convencerla de que a mi lado tendría para ella y para Hannah todo lo que necesitaría. Los suaves golpes en la puerta me hicieron perder el hilo de mis pensamientos.
Adelante- mi voz gruesa y seca le haría saber a quién entrara que no estaba de humor.
Permiso, Nicolás debemos hablar- Guillermo casi nunca se diría a mí sin decirme señor, lo que me preocupaba en demasía pues entonces esto era importante.
Pasa y siéntate amigo ¿quieres un Whisky?- le pregunté dirigiéndome a la mesa donde estaban las botellas, ante su negativa a beber conmigo, solamente me serví un poco yo en mi vaso y lo termine de un solo sorbo. Volví a sentarme frente a él en mi escritorio y veía como pasaba sus manos por las piernas como secándose la transpiración quizás -¿qué ocurre?- mi voz volvió a ser igual de sombría qué antes.
Tengo dos cosas para informarte, la primera es que Ana no aparece, consiguió deshacerse de la gente que pusimos a vigilarla. El último informe que recibí habla de que la vieron con un sujeto extraño en un café y se subieron a un auto polarizado. Los perdieron, al parecer se dieron cuenta de que los seguían y dieron varias vueltas- se quedó esperando a que conteste algo. La verdad no se me hacía extraño que se desapareciera, era muy hábil para eso, pero si me extrañaba que alguien la estuviese ayudando siendo que se había metido en problemas y la querían matar.
¿Y cuál es el segundo tema?- pregunte ya con los nervios de punta.
Escuche a la señorita Cassidy teniendo una conversación por teléfono con el médico que operará a Hannah, según entendí debe irse a Estados Unidos para que a la pequeña la operen antes de lo planeado- su voz empezó a apagarse al igual que mi corazón. No esperaba que fuese tan pronto su partida, sabía que era imposible retrasarla, pero siempre pensé que tendríamos tiempo, más a mi favor estaba el decirle toda la verdad cuanto antes.
Supongo que me ausentaré un tiempo, quiero estar con ellas allá apoyándolas- podía ver su mirada de asombro mezclada con alegría por mi decisión.
¿La amas?- me pregunto mirándome curioso.
Más de lo que jamás he amado a alguien, incluyendo a Ana- le confesé suspirando.
Me haré cargo de todo, tú ve a estar con ellas y luego vuelve con tu familia- se levantó y se estaba por ir cuando se dio la vuelta -la reservación ya está hecha, iré a buscar los autos y las llevaré al restaurante, tienes que prepararte- me dijo sonriendo. Mierda que cass tenía ese poder en todos, creo que la última vez que vi asentir a Guillermo aún era un pequeño que aprendía a manejar armas.
Termine con los papeles que me rodeaban y me dirigí a mi habitación a prepararme. Yo me iría en mi auto y las esperaría allá, todo tenía que salir perfecto, el restaurante era de mi propiedad, había reservado la parte del balcón para que comamos solos, unos músicos irían a tocar melodías suaves para que bailemos un rato y si todo salía bien le propondría quedarse a mi lado. Había conseguido el anillo de mi abuela para hacer eso, una alianza de oro blanco con una joya en forma de corazón rodeada de diamantes blancos. Era mi promesa de cuidarlas para siempre, mi promesa de que jamás dejaría que nada malo les pase, hasta había hablado con conocidos en estados unidos para que en vez de que se fueran a un departamento, viviésemos en una casa, más confortable y grande y con una habitación perfecta para la recuperación de Hannah en cuanto saliera del hospital. Luego si ella quería regresar a Argentina a dejar todos sus asuntos en orden yo la acompañaría, y al terminar la traería a Sicilia donde ellas pertenecían.
Apoye mi espalda en el respaldo de la cama, mis pensamientos ya estaban todos en orden, solamente faltaba que se llevarán a cabo y que por fin pudiésemos estar juntos como lo merecíamos, sería un honor para mí cuidarlas, seria como cuidar oro. Ya no me interesaba quien fuese ella mientras que se quedara a mi lado, debía decirle la verdad y esperar que me perdonara.
Una vez que me termine de preparar, salí de la casa por la puerta trasera, nadie tenía que verme, todo iba a ser sorpresa y yo me iba a adelantar y esperarlas allá. No voy a negar que con el correr de los minutos mi corazón latía cada vez con más intensidad, nunca fui una persona ansiosa, pero mis manos sudaban y mis nervios estaban a flor de piel. Daba grandes bocanadas de aire para regular mi respiración. Me imaginé esperándola en el altar el día que decidiera casarse conmigo y sonreí como un tonto, Hannah tirando flores por el pasillo de la iglesia y ella caminando detrás con un hermoso vestido blanco. De no sé porque me controlaba aún algo, ya estaría babeando por tal imagen. Nunca en todos mis años había deseado tanto estar con una mujer y mucho menos si esta venía con un hijo, pero a cada rotó le llega su descosido, y ellas habían hecho cambiar completamente mi mundo, ahora era hora de que yo cambiará el suyo.
Desde arriba las vi entrar en el restaurante y tuve que usar de todo mi autocontrol para no salir a buscarlas corriendo escaleras abajo, estaban hermosas las dos y ambas con sonrisas en sus rostros. Notaba como ellas miraban todo con mucha emoción, de todos mis lugares, este era uno de los más categoría. Gente de todo el mundo venía a comer aquí, pero las más importantes estaban caminando hacia mí, mientras seguían a una moza que les sonreía.
La mirada de Cass se cruzó con la mía y mi corazón se detuvo, ese brillo en sus ojos y el pequeño rubor que aparecía en sus mejillas le daba una inocencia que me hacía sentir como un depredador esperando a cazar a su presa, mi entrepierna dolió un poco en cuanto ella me sonrió, Dios esa mujer no tenía ni idea del poder que tenía sobre mí.