Arabella murió quemando el manicomio donde la tenían encerrada y despertó en el cuerpo de una damisela que intentó envenenarse para no casarse con el temible Duque de Eisen.
Ahora, entre un matrimonio explosivo, una guerra en puerta y su obsesión con el fuego, Arabella demostrará que con ella nadie juega... o terminará ardiendo.
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Capitulo:18
Lyra:
Luego de alejarme de la carpa lo suficiente, un suspiro sale de mis labios y me detengo a tomar aire.
Cierro los ojos con fuerzas al recordar lo tonta que fui... ¿Cómo pude ser tan evidente? Hasta la duquesa se dio cuenta... Y esa mujer... Hay no, hasta da escalofríos recordar su mirada, es demasiada imponente y también hermosa.
Dirijo la mirada al cielo y pienso en Valerius, ese noble caballero que me gustó desde la primera vez que lo vi... Pero no creo que él sea para mí... Con tantas mujeres a su alrededor y además es un caballero de renombre... No creo que se fije en alguien tan insignificante como yo, una simple sanadora y además extranjera.
—Lyra.
Escucho la voz de mi abuela e inmediatamente limpio una lágrima que rodó por mi mejilla.
—¿Estás bien?
—Sí, terminé con el duque.
La mujer de ojos sabios y penetrantes me miran por varios segundos.
—Lo viste.
Afirma la mujer mayor con un suspiro mientras ambas comenzamos a caminar a nuestra pequeña carpa.
—Abuela... No quiero hablar de él.
Menciono con un suspiro de resignación.
—Ya estás en la edad de casarte cariño y si él te gusta ¿Por qué no se lo dices? No creo que él te rechace... El chico es un idiota demasiado tímido.
Sonrío al escuchar a mi abuela tratar de consolarme.
—Abuela, Valerius tiene muchas opciones ¿Por qué elegiría a una plebeya extranjera para formar una familia? Además el sabe que tuvimos que huir de nuestro país para no ser explotadas... No creo que...
Siento un fuerte golpe en la espalda por parte de mi abuela.
—¡Ouch! ¡Abuela!
Exclamo sobándome la zona dolorida mientras la miro con los ojos bien abiertos por la sorpresa.
—Deja de decir tanta estupidez junta, Lyra.
Me regaña la anciana con el ceño fruncido y un dedo acusador apuntándome a la nariz—¿Qué tiene de malo ser blebeya y extranjera? ¡Eres la sanadora más talentosa que ha pisado este campamento! Hace unos minutos le quitaste el veneno al mismísimo Duque Eisen del pecho. Si no fuera por ti, no se sabe qué hubiese pasado con él.
—Abuela, eso no cambia que venimos de un reino destruido...
Murmuro bajando la mirada mientras entramos a nuestra pequeña tienda llena de sacos de hierbas, frascos de vidrio y el olor penetrante al eucalipto y lavanda.
—Cambia todo, tonta.
Interrumpe mi abuela con firmeza, acomodando su viejo manto sobre un baúl de madera
— Valerius Vance no es un noble arrogante de la capital... Es un hombre de frontera, un soldado, él no busca una muñeca de porcelana para tenerla de adorno, busca a alguien que esté a su altura y lo represente.
Suelto un pesado suspiro y me siento en mi lugarcito, abrazando mis rodillas.
—Él ni siquiera me mira abuela. Cuando está cerca de mí, solo habla de deber, de la seguridad del duque y de las rondas de guardia... Es como hablar con un muro de piedra.
—Un muro de piedra que milagrosamente siempre termina rondando esta carpa cada vez que nos ve con los sacos pesados de hierba y nos ofrece su ayuda.
Replica la anciana con una sonrisa astuta y una ceja levantada.
— ¿Acaso crees que un Capitán de la Vanguardia tiene tiempo para ayudar a una simple sanadora a moler raíces por casualidad? El chico es un bruto para expresarse, igual que todos los hombres de esta región, pero no es ciego.
Un calorcito terco vuelve a encenderse en mis mejillas al recordar la forma en que Valerius se tensó en la tienda del duque cuando la duquesa Arabella empezó a insinuar algo.
—Aun así... No quiero hacerme ilusiones.
Digo en voz baja sacando un bolso de piedra para empezar a moler las flores de manzanilla para los heridos de la mañana.
—La guerra apenas está empezando, y con una duquesa tan impredecible liderando desde las sombras junto al duque, no sabemos si saldremos vivos de esta frontera.
—Por eso mismo niña.
Sentencia mi abuela dándome una palmada suave en la cabeza esta vez.
—En tiempos de guerra no hay espacio para la cobardía en el corazón. Mañana volverás a esa tienda a revisar la herida del duque y esta vez, vas a mirar a Valerius Vance a los ojos sin sonrojarte como una niña pequeña. ¿Entendido?
Asiento en silencio, moliendo las hierbas con más fuerza de la necesaria. Pero muy en el fondo mientras el sonido del viento nocturno sacude la tela de la tienda, la imagen de los profundos e inteligentes ojos de Valerius vuelve a instalarse en mi mente... haciéndome dudar de si realmente seré capaz de cumplir la promesa que le hice a mi abuela... Bueno, eso está difícil, no creo que pueda mirarlo sin sonrojarme o hacer algo muy vergonzoso.
eso Lyra pon en práctica las técnicas que te dice la duquesa🤭
pero si Lyra esos consejos te servirán