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La dote del silencio

La dote del silencio

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Amor eterno / Enfermizo / Completas
Popularitas:6.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Santi Suki

Valeria creció entre los surcos de una plantación de té, sin padres, con una pierna que nunca sanó del todo y unos tíos que la trataban como sirvienta. El día que Don Alejandro Montemayor, el patriarca más poderoso de la región, ofrece un millón de dólares de dote para casar a su nieto, los tíos de Valeria no dudan en venderla al mejor postor.

Sebastián Montemayor es el heredero de un imperio del té. Es brillante, observador y reservado. También es sordo desde los diez años, cuando un accidente que nadie ha logrado explicar le arrebató la audición y a su padre. Todas las mujeres que le han presentado lo han rechazado. Cuando Valeria aparece frente a él con un vestido prestado y una marca roja en la mejilla, Sebastián no ve a una novia sumisa: ve a alguien que esconde heridas.

Lo que comienza como un matrimonio arreglado entre dos personas rotas se transforma en algo inesperado. Poco a poco, entre torpezas, silencios elocuentes y pequeños actos de valentía cotidiana, Valeria y Sebastián descubren que sus vidas estuvieron entrelazadas mucho antes de conocerse.

Pero el pasado guarda secretos peligrosos. Un hombre poderoso lleva décadas ocultando una verdad que podría destruirlo todo, y hará lo que sea necesario para que esa verdad no salga a la luz. Cuando la búsqueda de justicia pone en la mira a quienes Sebastián más quiere, el silencio deja de ser refugio y se convierte en campo de batalla.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 27

La noche avanzaba. La casa ya estaba en completo silencio. Desde la ventana de la habitación, las luces de la ciudad titilaban a lo lejos. De vez en cuando se escuchaba el rumor de algún vehículo en la avenida, pero tan tenue que no perturbaba la quietud nocturna.

Dentro de la habitación, Valeria seguía sentada al borde de la cama, lanzando miradas esporádicas hacia la puerta del baño. Desde hacía un buen rato, el sonido del agua al otro lado de esa puerta no dejaba de correr.

Valeria ladeó la cabeza y frunció el ceño.

—Sebastián lleva muchísimo rato bañándose.

Y eso que, al principio, él solo tenía intención de lavarse los dientes antes de dormir. Pero después de ver el cuerpo de Valeria, terminó metiéndose a la ducha. Ya habían pasado casi treinta minutos y el agua seguía corriendo.

Valeria se mordió el labio inferior con suavidad.

—¿No le dará frío? Bañarse tanto rato en una noche tan helada como esta...

Se levantó y caminó unos pasos hacia la puerta del baño. Su mano casi tocó la madera para llamar, pero se detuvo de inmediato. Negó con la cabeza.

—Mejor no, voy a terminar molestándolo.

Regresó a la cama y tomó un libro que había comprado esa tarde en la librería. Intentó leer para no quedarse dormida.

Mientras tanto, detrás de la puerta del baño, Sebastián permanecía de pie bajo el chorro de agua fría. El agua le empapaba el cabello, el rostro, todo el cuerpo. Tenía los ojos fuertemente cerrados. Exhalaba una y otra vez.

—Tranquilo... tranquilo, Sebastián —murmuró para sí.

Pero cuanto más intentaba calmarse, la imagen de unos minutos atrás se volvía más nítida en su mente. El rostro de Valeria enrojecido por la vergüenza. Su mirada nerviosa. El cabello largo aún húmedo. Y el camisón que, sin querer, había alcanzado a ver, revelando partes de su cuerpo que siempre permanecían cubiertas.

Abrió los ojos de golpe y volvió a echarse agua fría en la cara.

—¡¿Por qué no puedo dejar de pensar en eso?! —Se frotó el rostro con ambas manos—. De verdad fue sin querer.

Soltó una risa breve, burlándose de sí mismo.

—Esto es culpa de mamá. Ahora no me puedo concentrar.

Se quedó bajo la regadera unos minutos más hasta que el cuerpo y la mente empezaron a sosegarse un poco. Solo entonces cerró la llave. Tras ponerse la ropa de dormir, tomó un respiro profundo antes de abrir la puerta del baño.

Al salir, exhaló con alivio. La luz de la habitación estaba atenuada.

Menos mal. Quizás Valeria ya se durmió.

Pero apenas había dado unos pasos cuando se detuvo en seco. Sobre la cama, Valeria seguía sentada con un libro en el regazo. Tenía el ceño ligeramente fruncido por la concentración de la lectura. De vez en cuando, sus labios se movían despacio, siguiendo las frases que leía.

Al oír que la puerta se abría, Valeria alzó la cabeza de inmediato.

—¿Ya terminaste de bañarte, cariño?

—Sí. —La respuesta de Sebastián fue escueta. Ni siquiera se atrevió a sostenerle la mirada por mucho tiempo.

—¿Estás bien? —preguntó Valeria con genuina preocupación—. Tardaste muchísimo en el baño.

Sebastián se aclaró la garganta.

—Aproveché para bañarme de una vez.

—Ah... —Valeria asintió con total inocencia—. Pensé que te había caído mal algo del estómago.

—No. Estoy perfectamente —replicó Sebastián. Porque no era el estómago lo que le daba problemas, sino otra cosa.

—Qué bueno. —Valeria le regaló una sonrisa aliviada.

Pero esa sonrisa solo hizo que Sebastián se pusiera más nervioso. Sin decir una palabra más, caminó directo a su lado de la cama. Se acostó de inmediato. Jaló la cobija hasta el pecho y cerró los ojos con fuerza.

Valeria parpadeó, confundida.

—Qué rápido se quedó dormido.

Lo observó unos instantes. Sebastián no se movía en absoluto. Respiraba con la mayor naturalidad posible, como si ya estuviera profundamente dormido. Valeria esbozó una leve sonrisa.

—Pobrecito. Seguro quedó agotado del trabajo —murmuró en voz baja.

Leyó unas páginas más de su libro. Minutos después, lo cerró y lo dejó sobre la mesita de noche. Apagó la lámpara. La habitación se sumió en la oscuridad.

—Buenas noches, cariño —susurró.

No tardó en cerrar los ojos también.

Del otro lado, Sebastián no se había dormido en absoluto. Seguía con los ojos cerrados, pero su mente estaba más despierta que nunca. Podía percibir cada pequeño movimiento de Valeria. Incluso su respiración suave.

¿Por qué no puedo dormirme?, se resignó.

Se dio la vuelta con lentitud. Trató de encontrar una posición cómoda, pero conciliar el sueño seguía siendo imposible. La imagen de Valeria no se borraba de su cabeza.

Tengo que pensar en otra cosa si quiero dormir.

En su mente, Sebastián se puso a cantar: Diez pollitos tiene mamá gallina, co-co-co-rocó. Se murió uno, quedan nueve. Nueve pollitos tiene mamá gallina, co-co-co-rocó. Se murió uno, quedan ocho...

Siguió restando pollitos en su cabeza, uno tras otro. Hasta que llegó a: Un pollito tiene mamá gallina, co-co-co-rocó. Se murió uno... ¡y quedó la caca!

Creyó que eso lo haría dormir pronto. Pero la realidad fue la misma. No podía conciliar el sueño.

Abrió los ojos despacio. Fue un error. Valeria dormía de cara hacia él, abrazada a la almohada larga. Pero la tela del camisón se le había abierto en el pecho, dejando a la vista la parte superior con total claridad.

Un millón de pollitos tiene mamá gallina, co-co-co-rocó. Se murió uno, quedan... Cerró los ojos de golpe y siguió contando mentalmente.

Fue recién al filo de la madrugada que, agotado de tanto contar, por fin logró dormirse. Sin darse cuenta, su cuerpo se desplazó poco a poco hasta la posición que le resultaba más cómoda.

Tres de la mañana. Sebastián abrió los ojos lentamente. Frunció el ceño de inmediato. Su cabeza descansaba sobre algo extraordinariamente suave, tibio, perfumado y acogedor. Uno de sus brazos también parecía estar abrazando algo.

Con los ojos aún entrecerrados por el sueño, giró la cabeza despacio. Al percatarse de lo que ocurría, los abrió de par en par.

—¡Dios santo!

Resulta que su cabeza reposaba sobre el hombro y el pecho de Valeria. Su mano derecha, sin que él lo supiera, rodeaba la cintura de su esposa.

Valeria seguía profundamente dormida. Su rostro se veía apacible. Sus labios esbozaban una leve sonrisa entre sueños. Sebastián contuvo la respiración.

¿Cómo es que me moví hasta acá?

Tragó saliva. Con infinita cautela, fue levantando la cabeza milímetro a milímetro. También fue retirando el brazo con delicadeza para no despertarla.

Cuando logró apartarse, se sentó al borde de la cama. Se pasó las manos por la cara. Las orejas le ardían de nuevo.

¿Cómo pude quedarme dormido así?

Le echó una última mirada a Valeria. Verla todavía sumida en un sueño profundo le arrancó un suspiro de alivio.

Menos mal que no se despertó.

Pero justo porque la contempló desde tan cerca, el corazón volvió a latirle desbocado. Negó con la cabeza de inmediato.

—Mejor me baño otra vez —masculló Sebastián en voz baja.

Con sumo cuidado bajó de la cama para no hacer ruido. Caminó de puntillas hacia el baño. Segundos después, el sonido de la regadera volvió a inundar la habitación.

Mientras tanto, Valeria seguía profundamente dormida, sin la menor sospecha de que su esposo acababa de entrar en pánico al descubrir que, sin querer, había dormido abrazándola toda la noche.

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Joseanny Rociel
Me esta gustando la novela 👏
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