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Exigida

Exigida

Status: Terminada
Genre:Matrimonio contratado / Posesivo / Mafia / Dominación / Completas
Popularitas:227.5k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Mary Mendes

Nikolai Ivánov es un hombre forjado en el dolor, de ojos duros y manos de hierro. No tolera mentiras y aprendió desde joven que el amor es la mayor debilidad del ser humano.

Envuelto en un frío implacable y pasos calculados, vio en una alianza de sangre solo poder… y cree que nada puede romper su control sobre el mundo.

Helena Lombardi, adelantada a su tiempo, cree en el amor con la misma intensidad con la que vive su libertad. Cada gesto suyo rebosa coraje y determinación, desafiando todo lo que Nikolai considera inquebrantable.

Cuando dos mundos tan opuestos chocan, las certezas se transforman en dudas, y los deseos que antes parecían imposibles irrumpen como una tormenta. Entre dolor y entrega, pasión y desafío, alguien tendrá que ceder…

Pero nadie saldrá ileso.

NovelToon tiene autorización de Mary Mendes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 26

Helena

Me despierto, pero no quiero levantarme.

No quiero salir.

No quiero ver a nadie.

Giro el rostro hacia la almohada, intentando esconderme del día, pero la puerta se abre y enseguida la luz invade el cuarto. Mi madre abre las cortinas sin pedir permiso.

—Basta, Helena —dice, sin rodeos—. Ya hace dos semanas que estás así. No aguanto más verte de ese modo.

Mi pecho se aprieta. Aprieto las sábanas con fuerza.

Natalia está en el umbral de la puerta. No entra. Solo me mira. Su mirada no tiene reproche, tiene verdad.

—Necesitas reaccionar —dice, con calma—. Sé que duele. Lo entiendo. Pero quedarte parada así no va a hacer que el dolor se vaya.

Cierro los ojos. Las lágrimas se deslizan en silencio.

—Estoy cansada… —murmuro—. Cansada de sentir.

Mi madre suspira, pero la voz sale más baja.

—Lo sé. Pero no puedes desistir de ti.

Natalia da un paso adelante.

—El dolor no te define, Helena. Pero lo que haces después de él… sí.

Me quedo en silencio. No porque esté de acuerdo.

Sino porque, por primera vez, empiezo a pensar que quizás ellas tengan razón.

Mi madre se sienta en el borde de la cama, despacio, con cuidado. Pasa la mano por mi barriga, como si quisiera transmitirme fuerza a través del tacto.

—Necesitas ser fuerte por el bebé —dice, firme, pero con ternura.

La miro, intentando absorber la convicción en su voz, pero el miedo aún aprieta mi pecho.

—Vamos a ir al médico hoy —continúa, agarrando mi mano—. No se puede esperar más.

Trago saliva, sintiendo el nudo en la garganta.

Respiro hondo, consciente de lo que tengo que hacer.

Por el bebé… necesito reaccionar.

Natalia sonríe de lado, toda animada, intentando traer ligereza al cuarto pesado.

—¡Vamos a ver ese bebé de genética perfecta! —dice, riendo.

No consigo evitar una sonrisa pequeña, tímida. Es tonto, pero calienta algo dentro de mí que hace días estaba congelado.

Por un instante, pienso que quizás, solo quizás, exista un futuro que valga la pena encarar.

Estamos en el consultorio de la doctora Nicole. Ella me hace preguntas, anota todo con cuidado. Natalia observa a mi lado, sonriendo levemente, intentando transmitirme confianza.

Enseguida, pide que me acueste en la camilla. Siento el frío del gel cuando lo pasa por mi barriga, y luego coloca el aparato sobre mí. En la pantalla, las imágenes parecen confusas al principio, llenas de sombras y formas que mi mirada inexperta no consigue descifrar bien.

Entonces ella apunta. Muestra a mi bebé. Es pequeño… muy pequeño. Un puntito frágil que, de alguna forma, ya carga todo el significado del mundo.

—Embarazo de aproximadamente 8 semanas —explica, con la voz calmada—. Todo perfecto.

Mi corazón se aprieta. Natalia agarra mi mano con fuerza, sonriendo como si el aire pudiera ser diferente allí dentro.

—Vamos a escuchar el corazón, mamita —dice la médica.

Y de repente el sonido resuena por la sala: un ritmo constante, firme, vivo. Mis ojos se llenan de lágrimas instantáneamente. Lloro sin saber bien si es alivio, miedo o amor.

La doctora continúa haciendo las marcaciones, atenta, profesional. Después me ayuda a sentarme. Me mira con cuidado.

—Estás pálida y abatida —dice ella, la voz suave—. Vamos a necesitar hacer una toma de sangre antes de liberarte. Pero, en cuanto al bebé… está todo bien.

Respiro hondo, intentando contener las lágrimas que insisten en caer. Por primera vez en la última semana, siento una puntita de esperanza latiendo dentro de mí.

La enfermera se acerca con la bandeja y recoge mi sangre con cuidado. Siento el frío de la aguja, pero no reclamo. Es solo un paso más. Más un cuidado para proteger al bebé.

La doctora me libera, mirando en mis ojos.

—El resultado sale al final de la tarde —dice ella, sonriendo levemente— y quiero verte de vuelta para un control, ¿ok?

Asiento, intentando parecer confiada.

Salimos del consultorio directo al centro comercial. Natalia y mi madre conversan animadas, tirándome de tienda en tienda. Sé que están haciendo eso para sacarme de la sombra que me consume, para animarme, para recordarme que aún existe vida fuera de mi propio dolor.

Mientras sigo con ellas, no consigo evitar una sonrisa pequeña. Quizás, por un instante, consiga creer que todo aún puede salir bien. Que puedo, sí, reaccionar. Que puedo cuidar de mí y de mi bebé.

Y aunque el corazón aún duela por Nikolai, por alguna razón, la esperanza empieza a infiltrarse entre los sollozos que cargué estas últimas semanas.

Ellas me arrastran por varias tiendas, y enseguida me veo rodeada de mini ropas, todas delicadas, pequeñas de más para creer que alguien realmente va a caber allí. Cada prenda es más tierna que la otra: bodies con ositos, medias minúsculas, monos que parecen hechos de nube.

Natalia sostiene un conjuntito azul y hace una mueca divertida. Mi madre elige un vestido color rosa con volantes, ya imaginando mil escenarios.

Entre una ropita y otra, no consigo evitar: una sonrisa escapa. Pequeña, tímida, pero genuina. Y por algunos segundos, olvido el dolor, la añoranza, la ausencia de él.

Es tonto, lo sé. Pero cada prenda que toco, cada detalle que observo, me recuerda que la vida continúa. Que existe algo que depende de mí. Que puedo sentir amor de nuevo, de un modo diferente, y aún así ser entera.

Y por primera vez en mucho tiempo, siento que estoy respirando de verdad.

1
Ana Cortes
al final no se supo que pasó con Dmitry
Ana Cortes
escritora tienes que leer los capitulos qué vas escribiendo ya que no calzan algunos tiempos cuando Helena describió que estaba embarazada la bebe tenía 7 meses en una parte dice que ella está corriendo después dice que tiene 8meses la verdad no se entiende no creo que ella tenga dos meses de embarazo asi que me perdí en las fechas ya que no cuadran
Ana Cortes
Helena es demasiada mimada ya no es el primer hijo es el segundo y Nikolai le a demostrado que la ama y las protege pero ella no lo comprende a él ya que él tiene que trabajar y ella se porta como una niña malcriada
Ana Cortes
tanto teatro si solo va a parir es verdad que duele pero exagera tanto
Ana Cortes
todos estos italianos viven en un caos para nada es envidiable su vida
Isabel Martín
Excelente historia, felicidades autora 🤗👏👏👏
Patricia Romero
se ve a una niña caprichosa y mimada,
Patricia Romero
por favor,no hay imaginación en los autores,copian de otros y siempre cae en lo mismo,estamos siglo 21,una mujer del siglo 20 todavía,en serio autor,?dale,una mujer llorona,débil,no se vale por ella misma, obsesionada por un hombre,naaaa...!!!!
Patricia Romero
no entiendo,porque los padres de helena la hicieron tan débil,con la vida que llevan,debieron haberla preparado para estas cosas,una mojigata no sirve de nada.autora pilas
Julimar Berrios
Buena
Llado Auad Ana
Muy linda historia aunque se me hizo un poco larga sin sentido. Pero la historia en si estaba muy linda.
Hiradia Cohen
no termino de Entenderla o sea después de que la madre muere salta sin pena ni gloria a una relación que no se entiende si empezó
Yinet Leonor: Te invito a leer mis obras y a que expreses tu franca opinión sobre ellas. Autora Yinet Leonor.
total 1 replies
Dilia Contreras
Como harán las mujeres que Portugal razón u otra las pobres paren solas? por favor Elena déjate de tantas tonterías. el proceso ee parte es igual para todas las que tienen la dicha de poder parir, porque a otras tienen que hacer cesárea y punto.
Alma Rosa Dominguez Martinez
escritora felicidades muy buena novela
Yinet Leonor: Te invito a leer mis obras y a que expreses tu franca opinión sobre ellas. Autora Yinet Leonor.
total 1 replies
Dilia Contreras
Deberían de haberla dejado allí, inmadura y obstinada, ella tiene rabia y sale sin nada. pero siempre llega alguien a socorrer.
Dilia Contreras
Esto se irá en llorar, Nicolas tiene trauma primero polo que vivió mientras su mamá estuvo viva, luego el dichoso juramento a su mamá, Nicolas mínimo pertenece a la mafia.
Dilia Contreras
Esto se irá en llorar, Nicolas tiene trauma primero polo que vivió mientras su mamá estuvo viva, luego el dichoso juramento a su mamá, Nicolas mínimo pertenece a la mafia.
Anastasia Mirian Barrios
para mi no tiene centido cuerpo ella se empezó la nena tenía 7 mese ahora apenas 8 mese y ya camina y ya tiene 4 meses de embarazo 🤭😂😂😂
Dulce Perez
felicitaciones, excelente 👏👌👏
Yoki Romero
/Rose//Good/
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