Adam es un gángster y una madrugada, cae en una trampa, al descubrir que estaba siendo traicionado por su novia, con su mayor rival, durante esta trampa, termina gravemente herido y es salvado por Samantha, una mujer sencilla, que más tarde descubre que trabaja en uno de sus hoteles, ella es una hermosa mujer que está pasando, como él, por una desilusión amorosa. Después de que Samantha le salve la vida, Adam empieza a protegerla de su rival, que se entera de que le ha salvado la vida y se obsesiona con ella.
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Primer beso
Samantha tragó saliva con aquella provocación, aunque surtiera efecto en ella, no iba a demostrar que lo deseaba, aunque en aquel momento se preguntó si sería recíproco.
- No te estaba mirando, estaba mirando la cocina, es muy bonita -dijo lo único que se le ocurrió.
Adam sonrió, y no se burló más de ella, era bueno leyendo a la gente y sabía que en ese momento ella mentía, que en realidad se había excitado por su proximidad y por lo que había dicho.
- Vale, puedes mirar todo lo que quieras y siéntete libre de explorarlo -habló con una sonrisa pícara.
Ella cogió el plato que tenía delante, empezando a comerse el bocadillo que le había preparado, él se dirigió de nuevo a la nevera, guardando las cosas que cogió de allí, aprovechando para coger la botella de leche y dos vasos más.
Adam calentó los dos vasos de leche en el microondas, dejándolos calientes, colocó uno frente a Samantha y el otro junto a su plato, sentándose a su lado, y comenzando a comer.
Mientras los dos saboreaban aquel tentempié nocturno, con Oliver las cosas no eran tan sabrosas. Los dos hombres que envió a por Samantha, habían vuelto, pero muy magullados, pero el mensaje que Adam envió fue entregado.
- Bastardo insolente, si crees que esto se va a quedar así te equivocas, te quitaré a esta chica de las manos, igual que me llevé a Sabrina y será delante de tus narices, te lo quitaré todo Adam, hasta que no quede nada, te garantizo que incluso me pedirás que te mate -habló enfadado.
Desenfundó la pistola que tenía, disparando en la cabeza de los dos hombres que tenía delante, trabajaban para su familia desde hacía tiempo, pero ese detalle no le impidió quitarles la vida.
- Vigila la casa de Adam, en cuanto ella salga de ese lugar, avísame de inmediato, veamos cuanto tiempo la mantendrás dentro de esa casa.
En la cocina de Adam, los dos seguían comiendo en silencio, él quería hablar más, ya que no tenía esa oportunidad de conocerla mejor, y decidió romper el silencio.
- ¿Cómo está la cabeza? ¿Todavía te duele el chichón?
- Ya está mejor, pero no creo que cuartee mañana por la mañana -dijo sonriendo-.
- Estás aún más guapa cuando sonríes, creo que es la primera sonrisa que veo en tus labios -dijo, analizando su rostro.
Su sonrisa se entrecerró un poco, pero aun así le agradeció el cumplido - Gracias - contestó, volviendo a mirar el plato.
Samantha volvió a comer, pensando en el cumplido que recibió, se preguntó si debería sonreír más seguido, pero de inmediato ya se reprendió mentalmente "No seas idiota, solo te hizo un cumplido, le deben gustar mujeres muy diferentes a ti".
El silencio volvió entre ellos hasta que terminaron, Samantha recogió los platos y vasos, llevándolos al fregadero y mientras se disponía a fregar, Adam habló muy cerca de ella.
- Puedes dejarlo ahí, otro lo hará mañana.
Ella se dio la vuelta y volvían a estar muy cerca, ella apoyada en la encimera y él mirándola fijamente, ella sintió en ese momento lo mismo que había sentido las otras veces, la sensación de ser dominada por esa mirada era muy fuerte, y volvió a morderse los labios, haciendo que la atención del otro se volviera hacia ellos.
Adam miró cómo se mordía los labios e hizo lo posible por no hacerlo él también, se veía muy sexy haciendo eso, llevó su dedo a los labios de ella, haciendo que los soltara.
- No te muerdas los labios así, no tienes ni idea de lo que se siente cuando lo haces -dijo sujetándole la barbilla.
Samantha respiró agitadamente ante aquel contacto, era imposible que él no se hubiera dado cuenta de los efectos que tenía en ella. Él le soltó la barbilla alejándose un poco de ella, no era solo él quien la hacía así, sino que ella también se lo hacía a él, esa tensión sexual era casi palpable entre ellos.
- ¿Vas a subir ya? - le preguntó, alejándose un poco más.
- Sí, gracias por el bocadillo.
Samantha se apartó de la encimera, empezando a salir de la cocina, Adam apagó las luces yendo tras ella, los dos subieron las escaleras en silencio, hasta que llegaron frente a la habitación de Adam, que se detuvo en la puerta.
- Samantha, ¿estás segura de esto? No quiero que hagamos algo que después te arrepientas.
Ella lo miró a los ojos y asintió con la cabeza, sin decir nada, y él continuó besándola con más intensidad, llevándola al límite del placer. Finalmente, se separaron, ambos jadeantes y con una sonrisa en los labios.
- Eso fue increíble -dijo Adam, aún recuperando el aliento.
- Sí, lo fue -respondió Samantha, con una sonrisa tímida.
Se quedaron unos segundos más en silencio, disfrutando del momento, hasta que Adam habló de nuevo.
- ¿Quieres que te prepare otro sándwich? -preguntó, con una sonrisa pícara.
Samantha rió y asintió con la cabeza, mientras él se dirigía a la cocina.
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