NovelToon NovelToon
La dote del silencio

La dote del silencio

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Amor eterno / Enfermizo / Completas
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Santi Suki

Valeria creció entre los surcos de una plantación de té, sin padres, con una pierna que nunca sanó del todo y unos tíos que la trataban como sirvienta. El día que Don Alejandro Montemayor, el patriarca más poderoso de la región, ofrece un millón de dólares de dote para casar a su nieto, los tíos de Valeria no dudan en venderla al mejor postor.

Sebastián Montemayor es el heredero de un imperio del té. Es brillante, observador y reservado. También es sordo desde los diez años, cuando un accidente que nadie ha logrado explicar le arrebató la audición y a su padre. Todas las mujeres que le han presentado lo han rechazado. Cuando Valeria aparece frente a él con un vestido prestado y una marca roja en la mejilla, Sebastián no ve a una novia sumisa: ve a alguien que esconde heridas.

Lo que comienza como un matrimonio arreglado entre dos personas rotas se transforma en algo inesperado. Poco a poco, entre torpezas, silencios elocuentes y pequeños actos de valentía cotidiana, Valeria y Sebastián descubren que sus vidas estuvieron entrelazadas mucho antes de conocerse.

Pero el pasado guarda secretos peligrosos. Un hombre poderoso lleva décadas ocultando una verdad que podría destruirlo todo, y hará lo que sea necesario para que esa verdad no salga a la luz. Cuando la búsqueda de justicia pone en la mira a quienes Sebastián más quiere, el silencio deja de ser refugio y se convierte en campo de batalla.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 25

El sol comenzaba a ocultarse detrás de la hilera de edificios cuando el auto de la familia Montemayor entró al patio de la casa. El maletero rebosaba de bolsas de compras, resultado de la jornada de "terapia de shopping" que Patricia y Valeria habían emprendido desde la mañana. Esteban tuvo que hacer dos viajes de ida y vuelta para meter todo, porque la cantidad de paquetes no era poca cosa.

Valeria cargó algunas bolsas mientras avanzaba despacio. De vez en cuando miraba hacia atrás para asegurarse de que nada quedara olvidado. Al ver tantas bolsas en sus manos, solo pudo exhalar un suspiro.

—Mamá —murmuró Valeria con una sonrisa tímida—. Son muchísimas.

Patricia se volvió hacia ella.

—¿Qué pasa?

—Creo que tanta ropa no voy a terminar de usarla nunca.

Patricia soltó una risita divertida.

—¿Eso te parece mucho?

—Sí, mamá.

—Cuando empieces la universidad, estoy segura de que todavía nos va a faltar comprar más cosas.

Los ojos de Valeria se abrieron como platos.

—¿Todavía hay más por comprar?

—Sí.

Patricia le dedicó una sonrisa paciente.

—Confía en tu suegra.

Valeria asintió despacio. Aunque seguía sin acostumbrarse a su nueva vida, empezaba a entender la intención de su suegra.

—Está bien, mamá.

Apenas habían entrado a la sala familiar cuando se oyeron pasos provenientes del estudio. Sebastián salió enrollándose las mangas de la camisa blanca hasta los codos. Parecía haber terminado de trabajar. El teléfono aún descansaba en su mano izquierda.

—Sebastián —lo saludó Valeria en voz baja.

Él levantó la cabeza de inmediato. Su mirada se dirigió directo a su esposa y sus pasos se detuvieron en seco. Durante unos segundos, se quedó paralizado.

El cabello de Valeria, que habitualmente llevaba recogido de manera sencilla, ahora caía suelto y prolijo con un corte nuevo que le enmarcaba el rostro. Un maquillaje sutil hacía que su piel luciera más fresca, mientras que la blusa color crema combinada con una falda larga marrón claro le daba un aire elegante y mucho más maduro.

Sin darse cuenta, Sebastián entreabrió la boca. Estaba genuinamente deslumbrado.

Patricia, al ver la reacción de su hijo, tuvo que contener la risa. Le dio un codazo suave en el brazo.

—¡Oye!

Pero Sebastián no reaccionó. Seguía contemplando a Valeria sin parpadear.

Patricia terminó por negar con la cabeza entre risas.

—Cierra la boca, que se te va a meter una mosca.

El comentario hizo que el ambiente se quedara en silencio un instante. Al momento siguiente, Carmela, que pasaba de camino al comedor, se tapó la boca conteniendo la risa.

—¡Santo cielo, señor Sebastián!

Valeria agachó la cabeza de inmediato. Sus mejillas se encendieron en un segundo. El corazón le latía tan fuerte que le parecía escucharlo ella misma. ¿De verdad mi aspecto cambió tanto?

Al oír la exclamación de Carmela, Sebastián por fin reaccionó. Cerró los labios a toda prisa y carraspeó, intentando disimular la vergüenza.

Patricia cruzó los brazos frente al pecho con una sonrisa burlona.

—Y bien, ¿qué tal quedó la transformación que hizo tu madre? Quedó guapa, ¿no?

Sebastián asintió brevemente.

—Sí.

La respuesta hizo que Patricia entornara los ojos.

—¿Cómo? ¿Solo eso?

Sebastián la miró confundido.

—¿Qué, mamá?

—¡Ay, Sebastián! —Patricia negó con la cabeza—. Es tu esposa, no una empleada dándote un informe. ¿Vas a comentar con una sola palabra? ¿Dónde queda el halago para tu mujer?

Valeria quería que la tierra se la tragara. Sentía unas ganas enormes de desaparecer de esa sala.

Sebastián, por su parte, lucía incómodo. Se frotó la nuca antes de volver a posar la mirada en Valeria. Esta vez, sus ojos se suavizaron notablemente.

—Valeria...

—¿Sí? —respondió ella en un hilo de voz, sin atreverse a mirarlo directamente.

Sebastián guardó silencio un momento. Tomó aire despacio.

—Estás muy hermosa.

La frase era sencilla, sin adornos. Pero sonó profundamente sincera. Las orejas de Sebastián se tiñeron de rojo después de pronunciarla.

Patricia sonrió satisfecha.

—¡Eso! ¿Ves? No era tan difícil.

Valeria alzó el rostro poco a poco. Su mirada se encontró con la de Sebastián. Una sonrisa pequeña y tímida le afloró en los labios.

—Gracias, Sebastián. —Sin saber bien por qué, ese simple halago bastó para llenarle el pecho de una calidez inesperada.

Patricia los observó con una sensación de alivio. Durante años, casi nunca había visto a Sebastián elogiar a una mujer directamente. Ahora, poco a poco, su hijo empezaba a abrirse.

Por la noche, cenaron juntos en el comedor. Carmela había preparado varios platillos favoritos de la familia. El aroma de la sopa de rabo llenaba la estancia, mezclándose con el del pescado a la parrilla, las verduras salteadas y la salsa picante que ella preparaba con su receta especial y que siempre abría el apetito.

Valeria ayudó a disponer los platos, sirvió el agua y repartió el arroz para todos.

—Gracias, Valeria —dijo Patricia con una sonrisa.

—De nada, mamá.

Una vez que todos se sentaron, la cena transcurrió en un ambiente cálido. Patricia contó la mayoría de las anécdotas graciosas de la jornada de compras.

—Mamá, por favor no cuentes eso —suplicó Valeria con el rostro enrojecido.

—¿Por qué no? —Patricia se echó a reír—. Valeria creyó que el spa era un hospital.

Carmela soltó una risita espontánea.

—¿En serio, señora?

Valeria se cubrió la cara un instante.

—Es que el edificio era enorme. Nunca había visto un lugar así.

Carmela volvió a reír entre dientes.

—¡Ay, qué ternura!

Valeria solo pudo sonreír, avergonzada.

En medio de la conversación, Sebastián lanzaba miradas furtivas hacia su esposa sin siquiera notarlo. Sus ojos se demoraban unos segundos más de lo habitual. Ni él mismo entendía por qué. Cada vez que veía a Valeria con su nueva apariencia, una calidez lenta le llenaba el pecho.

Ese detalle no le pasó desapercibido a Patricia. La mujer fingió estar concentrada en servirse sopa mientras ocultaba una sonrisa.

Por fin este muchacho empieza a fijarse de verdad en su esposa, pensó.

Sebastián, por su parte, no tenía la menor idea de que cada una de sus miradas robadas había sido captada por su madre.

La noche avanzó. Una vez terminadas las tareas de la casa, Valeria entró a la habitación cargando algunas bolsas de compras. Se sentó al borde de la cama y comenzó a abrir una por una.

Había ropa que usaría cuando empezara la universidad. Blusas, un bolso, zapatos, cosméticos y productos para el cuidado de la piel. Hasta que sus manos se detuvieron en una bolsa de papel elegante. La abrió despacio. Al ver su contenido, el rostro de Valeria ardió al instante. El camisón que Patricia le había comprado esa tarde.

Valeria cerró la bolsa de golpe, como por reflejo. Pero unos segundos después volvió a abrirla. La prenda era bonita, de tela suave, con un color elegante. Sin embargo, el modelo le parecía demasiado atrevido.

Valeria se mordió el labio inferior. Las palabras de su suegra le resonaron en la cabeza.

"De vez en cuando, mostrarse un poco más sensual frente al marido no tiene nada de malo."

Valeria dejó escapar un suspiro largo. Con pasos lentos, llevó la bolsa al baño.

Se detuvo frente al espejo y volvió a contemplar la prenda.

—¿Qué hago? —murmuró—. Es preciosa. Pero me parece demasiado reveladora.

Se tocó las mejillas, que ya sentía calientes.

—¿Y si Sebastián se enoja?

La pregunta le daba vueltas en la cabeza. Desde siempre, Sebastián había sido respetuoso y había mantenido las distancias con ella. ¿Qué pasaría si él malinterpretaba la situación?

Valeria cerró los ojos un instante. Entonces recordó otro consejo de Patricia: "Una esposa también necesita cuidarse y verse atractiva para su marido."

Valeria inspiró profundamente.

—Ojalá Sebastián no se moleste —susurró.

Con las manos ligeramente temblorosas, comenzó a cambiarse. El corazón le latía cada vez más rápido. Estuvo a punto de arrepentirse varias veces. Pero al final, reunió el coraje.

Antes de que pudiera ponerse la bata de seda como cobertura, la puerta del baño se abrió de pronto.

1
Joseanny Rociel
Me esta gustando la novela 👏
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play