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PRISIONERA DE LA LUNA ETERNA

PRISIONERA DE LA LUNA ETERNA

Status: Terminada
Genre:Mundo mágico / Mundo de fantasía / Amor eterno / Completas
Popularitas:627
Nilai: 5
nombre de autor: Betsy Gómez

Náyrel siempre creyó que la soledad era el precio de su existencia. Oculta entre los árboles de un bosque encantado, guardaba un secreto que podía cambiar el destino de todos los reinos sobrenaturales: era la última hija de la Luna Blanca. Pero su mundo cambia el día que Darian Varek, el temido señor del Reino de las Sombras, descubre su existencia. Frío, dominante y acostumbrado a que todos obedezcan sus órdenes, Darian decide llevarla a su castillo, convencido de que ninguna fuerza podrá arrebatársela. Sin embargo, Náyrel no nació para vivir entre muros ni para inclinar la cabeza ante ningún hombre. Se resistirá a sus órdenes, desafiará su autoridad y escapará tantas veces como sea necesario. Pero Darian siempre la encontrará. Entre persecuciones, secretos ancestrales y una atracción que ninguno logra comprender, Náyrel descubrirá que detrás de la frialdad de aquel inmortal existe una oscuridad mucho más profunda de lo que imaginaba. Y Darian aprenderá que la única criatura capaz de desafiar su poder también podría convertirse en su mayor debilidad. Ella desea escapar de él. Él está dispuesto a desafiar a la eternidad para conservarla a su lado. Pero cuando la verdad sobre el origen de Náyrel salga a la luz, ambos descubrirán que su encuentro no fue una coincidencia y que el destino les tiene reservado algo mucho más peligroso que el amor. Porque algunas almas están destinadas a encontrarse… incluso cuando una de ellas haría cualquier cosa por escapar. 🌙 ¿Podrá Náyrel conquistar su libertad sin perder el corazón ante el único hombre del que jamás debió enamorarse?

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La habitación prohibida

La voz volvió a pronunciar su nombre cuando Darian ayudó a Náyrel a levantarse del suelo. No fue un sonido que pudiera confundirse con el viento ni con el eco de las campanas. Era un susurro femenino que parecía surgir de las propias piedras del castillo, una voz cargada de tristeza que atravesó los pasillos y se deslizó por las ventanas cerradas. Náyrel se quedó inmóvil, observando la torre más antigua. Por primera vez desde que había llegado, olvidó que se encontraba frente al hombre que la había llevado allí contra su voluntad.

—¿Quién me está llamando? —preguntó.

Darian no respondió inmediatamente. Su mano continuaba rodeando la muñeca de la joven, aunque había aflojado la presión al notar que la marca plateada comenzaba a apagarse. Después miró hacia la torre y una sombra de inquietud cruzó su rostro.

—No vuelvas a acercarte a ese lugar.

—¿Por qué?

—Porque te lo estoy diciendo.

Náyrel retiró la mano de un tirón.

—Tendrás que aprender que no puedes responder a todas mis preguntas con órdenes. No soy una de tus guardias.

—Mis guardias tienen la sensatez de no acercarse a puertas que llevan siglos cerradas.

—Entonces quizá deberías explicarme qué hay detrás de ellas.

Darian apretó la mandíbula. Náyrel comprendió que había tocado un asunto que él prefería mantener oculto. Aquello despertó su curiosidad de inmediato. Si el soberano de un reino temía algo, debía existir una razón importante.

—Vuelve a tu habitación —ordenó él finalmente—. Mañana hablaremos.

—¿Y si quiero hablar ahora?

Darian se inclinó ligeramente hacia ella. Su mirada gris descendió hasta sus ojos plateados, y durante un instante Náyrel tuvo la extraña sensación de que él estaba conteniendo algo mucho más intenso que el enfado.

—No pongas a prueba mi paciencia esta noche.

—¿Y si lo hago?

—Descubrirás que tengo muy poca.

Náyrel sostuvo su mirada, decidida a no retroceder. Sin embargo, cuando Darian se apartó para indicarle el camino de regreso, una corriente de aire helado atravesó el jardín y apagó todas las antorchas. La oscuridad se extendió a su alrededor. Algo se movió al otro lado de la barrera mágica, una figura alta que permaneció oculta entre los árboles.

Darian reaccionó de inmediato. Se colocó delante de Náyrel y extendió una mano. Las sombras se elevaron del suelo como una muralla, cubriendo el arco por el que habían llegado.

—No te muevas —dijo en voz baja.

Esta vez, ella obedeció.

Una silueta apareció brevemente entre la niebla. Náyrel distinguió dos ojos rojos que brillaron en la oscuridad antes de desaparecer. La presencia se desvaneció tan rápido como había llegado, pero la marca de su muñeca volvió a arder.

Darian maldijo entre dientes.

—¿Qué era eso? —susurró Náyrel.

—Una razón más para que dejes de intentar escapar.

—No me has respondido.

—Y no lo haré aquí.

Él la tomó de la mano y la condujo hacia el interior del castillo. Náyrel intentó soltarse, pero al ver que las sombras seguían moviéndose detrás de las ventanas decidió guardar silencio hasta encontrarse lejos del jardín. No quería admitirlo, pero aquella criatura le había provocado un miedo que no sentía desde hacía muchos años.

Cuando llegaron a su habitación, Darian hizo una señal a los guardias para que se retiraran. Después entró y cerró la puerta, aunque esta vez no echó el cerrojo.

—Escúchame bien —comenzó—. No sé cuánto recuerdas de las historias sobre tu especie, pero la Luna Blanca no desapareció por accidente. Hubo una guerra, y los supervivientes fueron perseguidos durante generaciones. Creí que no quedaba ninguno.

Náyrel sintió que se le secaba la garganta.

—Mi madre me dijo que mi pueblo había muerto antes de que yo naciera.

—¿Tu madre?

La pregunta salió demasiado rápido. Darian la observó con una atención que la hizo retroceder un paso.

—¿Qué sabes de ella? —preguntó Náyrel.

Él permaneció en silencio.

—Darian.

Era la primera vez que pronunciaba su nombre sin utilizarlo como una acusación.

El inmortal bajó la mirada hacia la marca de su muñeca.

—Hay cosas que todavía no puedo contarte.

—¿No puedes o no quieres?

—Ambas.

Náyrel sintió una punzada de decepción. Aquel hombre conocía detalles de su vida que ella misma ignoraba, pero pretendía que aceptara sus decisiones sin explicaciones.

—No voy a confiar en ti mientras sigas ocultándome la verdad.

—No te he pedido que confíes en mí.

—Entonces no esperes que obedezca.

Darian la contempló durante unos segundos y, para sorpresa de Náyrel, una sonrisa apenas perceptible apareció en sus labios.

—Empiezo a comprender por qué sobreviviste tanto tiempo sola.

—Y yo empiezo a comprender por qué nadie te soporta.

La sonrisa desapareció, aunque algo parecido a la diversión permaneció en sus ojos. Darian se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir se detuvo.

—Descansa. Mañana podrás recorrer el castillo, excepto la torre norte.

—¿Y si quiero entrar en ella?

—No entrarás.

—Ya veremos.

Él la miró por encima del hombro.

—No tienes remedio, Náyrel.

—Y tú tienes demasiadas órdenes.

Darian abandonó la habitación sin responder.

Náyrel esperó hasta que sus pasos desaparecieron. Después se acercó a la ventana y contempló la torre norte, cuyas ventanas permanecían completamente oscuras. La voz había pronunciado su nombre desde allí. Su madre le había hablado de una canción que las mujeres de su especie cantaban durante las noches de luna llena, pero nunca le había explicado por qué siempre lloraba al terminarla.

De pronto, Náyrel recordó una frase que su madre repetía cuando creía que ella dormía.

Si alguna vez escuchas que la luna te llama, busca la puerta que nadie se atreve a abrir.

La joven miró la torre y comprendió que no había llegado al castillo por casualidad.

Alguien la estaba esperando.

Y si Darian creía que podía mantenerla alejada de la verdad con unas cuantas órdenes, estaba a punto de descubrir lo equivocada que podía ser esa idea.

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