Alessia Castelli nació para obedecer. Hija de una de las familias mafiosas más poderosas de Italia, jamás ha podido decidir sobre su propia vida. Ni a quién amar. Ni con quién casarse. Ni siquiera qué sueños perseguir.
El día de su boda arreglada, todo cambia cuando es secuestrada por Fabiano Conti, el temido líder de la organización rival. Para él, Alessia no es más que la única pieza capaz de devolverle a la persona que más ama.
Mientras una guerra entre familias amenaza con desatarse, ambos descubren que existen prisiones mucho peores que una habitación cerrada. Ella jamás ha conocido la libertad. Él hace mucho tiempo que olvidó cómo se siente vivir sin culpa.
Entre amaneceres frente al Mediterráneo, pequeños actos de rebeldía y decisiones que nunca antes les permitieron tomar, Alessia y Fabiano comenzarán a cuestionar todo aquello para lo que fueron criados.
Porque, a veces, el enemigo no es quien te roba la libertad... Sino quien te enseña, por primera vez, cómo se siente tenerla.
NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La peor víctima de la historia
Alessia
Fabiano deja un plato sobre la cama.
—Come —ordena.
Niego con mi cabeza mientras me alejo lo más que puedo de él.
—¡Come! —grita mientras todo su rostro se retuerce con odio.
Mi cuerpo tiembla mientras tiro de la poca tela de mi vestido de novia que queda para cubrir mis piernas desnudas.
Trato de decir algo, pero mi mentón tiembla incontrolablemente impidiendo que cualquier palabra salga de mi boca.
—Maldita sea, solo come —gruñe.
Su respiración es agitada durante un par de segundos.
Aprieta la mandíbula, cierra los ojos un instante y cuando vuelve a abrirlos el hombre furioso ya no está ahí.
—Lo siento —murmura sin mirarme—. Come. Es filete. Está bueno.
Miro el plato sobre la cama y enrojezco cuando mi estómago ruge.
—Tienes hambre. Por favor, come, Alessia.
—¿Cómo… cómo sé que no está… envenenado? —pregunto en titubeos.
—Ah, por el amor de Dios —masculla antes de sacar un trozo del filete y llevarlo a su boca—. ¿Satisfecha?
—No probaste las papas gratinadas —digo apuntando a las papas con queso.
Fabiano baja la vista hacia las papas.
—¿Hablas en serio?
Asiento una sola vez.
Resopla con evidente fastidio, toma un trozo y se lo mete a la boca.
—¿Ahora sí?
Asiento mientras sigo tirando de mi vestido, sintiéndome demasiado expuesta.
Debería haberme envuelto en una sábana cuando escuché la puerta.
Sus ojos bajan un instante hacia la tela desgarrada de mi vestido.
Aprieta la mandíbula.
Respira hondo.
Luego se quita la camisa sin decir una palabra y me la extiende con la mirada fija en la ventana.
—Póntela —ordena—. Te traeré ropa mañana, pero por ahora…—deja la frase sin continuar.
Miro su torso desnudo y siento como el calor golpea mi rostro.
Nunca había visto el torso desnudo de un hombre. Sin contar a papá y a Lucio cuando nadábamos juntos, por supuesto.
Pero esto… esto es diferente.
Su cuerpo es demasiado.
Demasiado fuerte.
Demasiado perfecto.
Demasiado esculpido.
El imbécil parece una estatua. Una estatua que fue tallada con el único objeto de idiotizar a las mujeres.
E incluso a los hombres.
—¿Alessia?
Parpadeo.
Maldición.
Me descubrió mirándolo.
El calor vuelve a subir por mi cuello mientras le arrebato la camisa de las manos.
—¿Qué? —pregunto con toda la dignidad que puedo reunir.
—La camisa era para que te la pusieras. No para que me estudiaras —dice serio.
—¡No te estaba estudiando! —replico mientras me muero de la vergüenza.
—No. Claro que no —devuelve mientras una de sus cejas se eleva.
Solo yo me puedo quedar mirando el esculpido pecho de mi secuestrador.
Me pongo su camisa y me remuevo hasta poder quitarme el vestido debajo de la camisa.
—¿Qué hago con el vestido? —pregunto.
—Yo me encargo —dice quitándome el vestido hecho jirones de mis manos—. Ahora come. La comida se enfriará.
Me siento en la cama con las piernas cruzadas.
—Seguirá siendo comestible.
—La comida se come caliente.
—Que italiano de tu parte. Casi suenas como mi madre —digo y comienzo a comer, pero me detengo cuando recuerdo que estoy secuestrada—. ¿Qué vas a hacer conmigo?
Fabiano suspira. —No debes tener miedo.
—No puedes pedirme eso. No cuando estoy retenida contra mi voluntad y encarcelada en una habitación.
Su cejas vuelven a elevarse mientras se acerca a la puerta.
—Esto es una puerta, Less —dice—. Lo increíble de ellas es que, si giras la manilla, voilà, se abren. Fascinante, ¿no lo crees?
Mi boca se abre.
No.
Esto no tiene sentido.
Los secuestradores no dejan las puertas abiertas… No lo hacen.
—Pero… soy una prisionera.
—¿Prisionera? No. ¿Visita? Tampoco —medita—. Digamos que eres un medio para un fin. Cuando tu hermano me entregue lo que me pertenece —dice y todo su rostro se contorsiona con un odio tan grande, que me encojo dentro de su camisa—, podrás volver y casarte con Adriano Greco. Aunque si fuera tú, intentaría evitar esa boda lo máximo posible.
—¿Por qué? ¿Qué sabes de él?
—Es un cretino. Es todo lo que sé.
—¿Qué cosa te robó Lucio?
Todo su rostro se endurece.
—No es algo que quiera hablar contigo —devuelve cortante.
—Lo siento —digo de inmediato—. ¿He podido salir todo este tiempo? —pregunto para retomar la conversación anterior.
—Sí.
Arrugo mi ceño. —¿Por qué?
Suspira y se sienta a los pies de la cama.
—Porque no eres mi prisionera, Less. Solo eres…
—… un medio para un fin —termino por él.
—Exacto.
—No sé si puedo creerte.
—Y yo no puedo hacer nada para que lo hagas. Supongo que el tiempo lo dirá. —Asiento, pero mis ojos vuelven a su torso. Su cuerpo es como un puto imán para mi curiosidad insatisfecha. Y verlo tan de cerca es… Wow—. ¿Está bueno? ¿Caliente?
—Sí —respondo—. Muy caliente.
—Hablo de la comida, Less —dice y me obligo a subir mis ojos a su rostro.
Enrojezco mientras el imbécil me mira.
—Lo siento… estoy cansada —digo y le entrego el plato—. Ya no tengo hambre.
—Demasiado caliente para ti, ¿eh?
Cubro mi rostro con el edredón.
—Por favor, vete.
Lo escucho cerrar la puerta.
Después... Esa risa.
Pequeña. Grave. Cálida.
Maldición.
Ahora hasta la risa de mi secuestrador me parece bonita.
Soy, sin lugar a dudas, la peor víctima de la historia.
los niños iguales a Fabiano 🥰
construyeron una familia antes de casarse
Yesenia te felicito por otra historia excelente
Gracias 🌷